Columnistas

Educación: ¿preocupación o bla-bla?
Autor: Alejandro Garcia Gomez
25 de Mayo de 2013


Este 17 de mayo, era noticia que una madre de familia informó a la policía que grupos estudiantes de los colegios Inem del Tunal y José María Córdoba –ambos de Bogotá- habían establecido un “acuerdo” para encontrarse y pelear.

Este 17 de mayo, era noticia que una madre de familia informó a la policía que grupos estudiantes de los colegios Inem del Tunal y José María Córdoba –ambos de Bogotá-  habían establecido un “acuerdo” para encontrarse y pelear. En uno de esos grupos se hallaba su hijo y ella quería evitar peores daños sobre él. La alertada policía actuó de manera diligente y oportuna esta vez, y encontró allí armas blancas, drogas sicoactivas, licor y armas de fuego. Los telenoticieros nocturnos mostraron el hallazgo. 


Desde hace dos semanas circula la noticia –escándalo nacional- de que en Medellín “se puso de moda”, entre algunos grupos de estudiantes adolescentes, la llamada “ruleta sexual”: se reúne un grupo de adolescentes de ambos sexos; los integrantes varones prueban a penetrar a una de sus compañeras, al parecer por sorteo entre ellas y sin condón. La prueba consiste en que cada varón debe ser capaz de resistir más tiempo la penetración sin eyacular, porque quien lo haga pierde la apuesta. Como resultado, ya hay una adolescente embarazada. Quizá por discreción, no se ha señalado públicamente el nombre del establecimiento, aunque el correo de las brujas vuela. 


También en las semanas anteriores, se presentó el video de unas adolescentes de un colegio de Bucaramanga peleándose en grupo, revolcándose en el suelo. 


Algunos de los telenoticieros tienen su consabido experto-a, quien en apurados segundos debe intentar una disertación, en este caso educativa o similar. Ellos hacen lo que pueden y alguno quizá lo logre. La mayor frecuencia de conclusiones a las que llegan ellos, o los periodistas que dan la noticia, es que los maestros deben ser más responsables con sus estudiantes. Algunos se arriesgan a señalar responsabilidades a los padres de familia. Aquí se suspende el “análisis” y se pasa a otra noticia igual o más escabrosa, entre el cansancio del final del día del televidente y su adormecimiento. 


Nadie se atreve a correr el peligro de responsabilizar la dupla modelo de Estado-modelo educativo, y menos en TV. Nadie se atreve a señalar que es esta diabólica dupla la responsable de que los grupos sociales hubiesen perdido el tejido que los unía. Menos, que la desintegración social es causa y efecto –en un círculo vicioso- de más desintegración familiar, que a su vez causará más daño al tejido social. 


El Estado se nos destruye en pedazos y a los responsables de esa destrucción no les importa nombrar como Gran Juez de una Gran Corte a un individuo que estafó a su cliente –una viuda- siendo abogado. A casi nadie nos importa observar al ejército y la policía, ayudando a cargar la pobreza y la tristeza en sus espaldas de ciudadanos inermes, para escapar de la furia de los delincuentes en las comunas de Medellín, quizá los mismos, o sus descendientes, que otrora fueran llevado allí en otra controvertida “operación” (2002); el ratón cuidando el queso. A casi nadie nos indigna que nuestras Fuerzas Armadas, a cuya salvaguarda está la protección de la soberanía y la seguridad del Estado, lleven meses y no hayan sido capaces de descubrir quién –presuntamente de entre sus filas- cometió no sé si la indiscreción o la traición a la patria –repito, no lo sé- de revelar a un ilustre colombiano un secreto militar. 


Hay hipocresía en los medios para señalar como responsable, a los responsables del diabólico modelo del Estado, reproductor del modelo educativo; Estado al que cada día se le cuelgan más normas para producir más renta para unos pocos, con el perjuicio de separar cada día más a padres e hijos –tejido familiar- y ampliar la brecha ricos-pobres. Lo más fácil es decir lo que la audiencia está acostumbrada a escuchar y que desea volver a oír: la culpa es de todos los maestros y de algunos padres de familia. 


Un Estado de modelo neocapitalista dependiente no puede exigir un modelo educativo ejemplar, así todos sus maestros fueran ejemplares.