Columnistas

Genialidad y estilo interpretativo único
Autor: Olga Elena Mattei
25 de Mayo de 2013


El fabuloso concierto del genial pianista chino Lang Lang, traído por la Orquesta Filarmónica de Medellín (esfuerzo inmenso, regalo increíble), es uno de los acontecimientos musicales más importantes y gloriosos que hayamos gozado en Medellín.

El fabuloso concierto del genial pianista chino Lang Lang, traído por la Orquesta Filarmónica de Medellín (esfuerzo inmenso, regalo increíble), es uno de los acontecimientos musicales más importantes y gloriosos que hayamos gozado en Medellín. No comentaré este concierto, porque la víspera, algunas personas estuvimos invitadas a escuchar el ensayo, el cual resultó aún más interesante. Por consiguiente he escogido escribir los comentarios a este evento preliminar y además, como resultó tan inusitado, la reseña es mucho más larga que el espacio acostumbrado para cada columna y he decidido partirlo en dos turnos semanales, uno para el concierto de Beethoven y otro para el de Tchaikovsky, ambos tocados en el concierto público. Por otra parte comenzaré con el de Tchaikovsky que en el programa fue el segundo, pero en el ensayo se escuchó de primero. 


 Concierto No. 1 para Piano y Orquesta de Tchaikovsky


Puedes haberlo oído cien veces, y lo reconoces como idéntico a las interpretaciones ya escuchadas…menos con Lang Lang y el Maestro  Alejandro Posada, el Director: el sonido del piano es distinto, no por el instrumento,  sino por la manera de atacarlo; la sonoridad es clara, cristalina, cada nota despejada, brillante, enfática donde debe serlo, o con inflexiones dulces en frases especiales…Y el maestro Posada, por su parte, también produce frases en una sección o en otra, que suenan de manera distinta a lo escuchado a través de la vida, y que se vuelven notorias, después de que en otras interpretaciones nunca las habías notado.  


Llegan los énfasis de ambos, orquesta y pianista, o los tuttis, y es como si el espacio y el espíritu de la humanidad entera hubieran estallado y gritado. No presencias algo así frecuentemente. La escala de octavas descendentes de Lang es más que el tren bala, pero sin perder la impronta musical. Los trinos tienen inflexiones de expresión jamás escuchadas (¿ Cómo se hace para darle expresión a los trinos?).El dialogo entre orquesta, solista y director es evidente, efusivo, acorde, en lo cual interviene además de la partitura, lo gestual y la comunicación visual. Los acentos rítmicos son diferentes a lo conocido, pero de algún modo, tienen más sentido. Las intervenciones de las cuerdas y los vientos tienen más vigor, y expresan más que nunca, porque todos los músicos están contagiados, imbuidos del espíritu implantado por este artista medular de dimensiones antes desconocidas. En los tuttis, no tenemos noventa músicos, tenemos uno solo, tocando 90 instrumentos.


 En la pausa entre movimientos, Lang Lang le pide al Maestro inflexiones, rubatos y fraseos interpretativos propios, para las distintas secciones de la Orquesta, en el pasaje ensayado: más expresión. Una versión con un estilo distinto. No es un problema de ejecución sino de estilística. Y está ubicando  debidamente su versión dentro del período romántico que corresponde, y combatiendo el gusto discutible de los pontífices actuales quienes desde hace 70 años rechazan y le temen a las exageraciones expresivas, en la ejecución de las obras de esta época. Más adelante replantean detalles sobre la concordancia entre el piano y las respuestas de los vientos, para que el ritmo y el acento sean iguales a los del pianista. Toda la obra se trabaja así, minuciosamente!   


La primera página del segundo movimiento se toca con un tempo extralento, y el piano canta con lírica dulzura…aunque no con melosidad. El oboe (J. Pinzón) le contesta con el  reflejo perfecto de las inflexiones propuestas por Lang, al igual que el clarinete (L. Payome) y enseguida la flauta (E. Osorio). En otro momento Lang vuelve a suspender para explicar, según su estilo, cómo el volumen de las varias secciones que repiten su frase, debe abrirse más suavemente. Una y otra vez el sonido de la Orquesta se crece como cuando en un video te muestran tallos saliendo de la tierra o flores abriendo con trucos de cámara rápida o cámara lenta: uno siente que la música brota y crece. Contestan las cuerdas bajas con dulzura pero también con firmeza. La flauta las imita. Todo, todo tiene sabor distinto. Nada es déjá vu.. (en este caso sería “déjá écouteé“ o “déjá connu”). De repente Lang interrumpe apuntando con el brazo al área de las maderas y al no encontrar acción se levanta del banquillo y da una alarma de viva voz pidiendo que se corrija algo. No alcanzamos a escuchar lo que hablan. Pero yo adivino que se trata de alguna nota, por ejemplo un sí o un do natural, que debió ser bemol. (Más tarde consulto con el maestro Correa y me cuenta que en efecto, ya hubo una discusión sobre el asunto en el ensayo anterior porque la nota tocada, según todas las partituras de la Orquesta, es correcta,. En este ensayo Lang trae su propia partitura de otra casa editorial y allí consta que él tiene la razón). 


Tercer movimiento. En las manos de Lang Lang, los acordes tienen un síncope especial y novedoso y el Maestro impone el mismo brincoteo rítmico a la Orquesta en un pasaje cabalcante. Luego los cantábiles se escuchan más líricos que nunca. Los acentos enfáticos del piano tienen una manera sui géneris en la interpretación de Lang y la respuesta orquestal es acorde y perfecta. Lang ni siquiera mira el teclado sino de cuando en cuando, y se voltea en su banquillo a pedir expresión a los violines, alzando el brazo y haciéndolo girar en el espacio, mientras eleva el rostro como bailando. Luego regresa a las teclas en paroxismo para los pasajes agitados y fortísimos del finale. El teatro repleto, (a pesar de los altísimos costos),   parece estallar con la euforia y los truenos de los aplausos.