Columnistas

Seguridad, asunto proactivo
Autor: Gabriel Zapata Correa
24 de Mayo de 2013


Viene siendo tema de debates a gran escala, especialmente en la ciudad, el nada f醕il asunto de la inseguridad, que en algunos sectores es dram醫ico, con altos niveles de desplazamiento y un elevado n鷐ero de v韈timas

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Viene siendo tema de debates a gran escala, especialmente en la ciudad, el nada fácil asunto de la inseguridad, que en algunos sectores es dramático, con altos niveles de desplazamiento y un elevado número de víctimas, por causa de numerables factores, entre ellos, amenazas de grupos al margen de la ley,  tráfico de drogas y drogadicción,  atraco callejero e intolerancia entre pandillas que crean barreras invisibles. Y es obvio que en esta clase de conflictos la población civil sea la más afectada,  pues se vulnera su calidad de vida en dimensiones incalificables y no falta quienes se aprovechan de la angustia del ciudadano de a pie y de las dificultades normales que ofrece poner en práctica la logística de controles en los sectores más complicados, para hacer política oportunista.


Estamos atiborrados de estadísticas, de cifras de desplazamiento, de números mortuorios, de declaraciones altisonantes, de cuadros comparativos, de estudios de especialistas y de “diagnósticos reveladores”. En este panorama de pesimismo absoluto surgen esas voces sindicadoras de responsables directos, como si el grave problema de la inseguridad de Medellín se debiera a los actores y administraciones de turno y no al producto de una semilla sembrada por el narcotráfico hace varias décadas, que se ha esparcido, generando unas estructuras criminales sólidas que se heredan de cabecilla en cabecilla, en la medida en que las autoridades los van dando de baja.


Así como el problema de las bandas, que siembran inseguridad y terror en algunos sectores, no nació de la noche a la mañana, también tenemos que aceptar que su solución no es posible implantarla en días, semanas o meses. Aquí las soluciones son a largo plazo y es a largo plazo que debemos esperar resultados.


El Alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria Correa ha enfrentado el problema con valor, obviamente acompañado de la Policía y del Ejército. Se han adoptado medidas como nunca antes se habían aplicado en las comunas más impactadas por las bandas criminales y combos que se han repartido los barrios como una torta, con el único fin de que el negocio del microtráfico fluya con más facilidad. No se trata de tapar el sol con las manos y las estadísticas aún son muy reveladoras, pero hay que reconocer  que este esfuerzo  ha tenido el respaldo decidido del Gobierno del Presidente Santos, que no sólo ha venido en numerosas ocasiones a la ciudad a hacer presencia en las comunas más golpeadas por la inseguridad, sino que se ha comprometido en propósitos concretos, como el aumento de agentes con el apoyo personal del Director Nacional de la Policía, José Roberto León Riaño, quien ha despachado personalmente desde esos sectores. El Gobierno Nacional y la Administración Municipal han pasado de la retórica a los hechos.


Si bien es cierto que las estrategias aplicadas en el aumento de la Fuerza Pública  en varios puntos de la ciudad han disminuido de manera considerable los delitos, a mi juicio, ésta no es la solución, pues se actúa de manera reactiva y No proactiva, como debiera ser. Debemos trabajar por prevenir la enfermedad para no  tener que acudir a costosos remedios para sanar, que muchas veces no actúan porque el mal está muy avanzado. Con ello no quiero decir que las medidas aplicadas no sirvan, de hecho han  reducido el índice de criminalidad, pero finalmente se convierten en cuidados paliativos sino hay un compromiso social.


Acudir a las cifras para demostrar resultados no tiene sentido, estas son variables en su interpretación, pues comparado con el 2012 disminuye el índice de  inseguridad a nivel local, pero aumenta el número de víctimas y victimarios en determinadas comunas de la ciudad y finalmente estos hechos son los que generan ruido, temor y zozobra en la población, porque una vida que se pierde o se salva no hay forma de cuantificarla. 


No se puede medir el dolor de un ser querido que se va por una acción violenta o desafortunada o por una consecuencia colateral. Aquí se trata de generar una cultura de vida, de armonía, de paz, de respeto por los derechos humanos; y una cultura de este nivel no nace de la noche a la mañana, se siembra con acciones concretas, como lo está haciendo la Administración Municipal desde las guarderías del Buen Comienzo, pasando por escuelas, colegios y universidades.


La seguridad nos compete a todos y el compromiso debe partir desde la familia, de la construcción y formación en valores, de generar sentido de pertenencia por la vida, por la dignidad propia y del otro; sólo así podremos vivir en comunidad, construyendo ciudad y  patria.




Comentarios
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Luz
2013/06/13 08:27:31 am
Solo quiero hacer una anotaci髇, el programa Buen Comienzo no tiene guarderias...son Jardines infantiles donde los ni駉s no se sienten "guardados" sino que disfrutan de espacios abiertos y llenos de lugares para explorar.