Columnistas

Sembrar el petróleo
Autor: José Hilario López A.
22 de Mayo de 2013


En 1936 Arturo Uslar Pietri hizo su famosa propuesta a los venezolanos de “sembrar el petróleo”,

En 1936 Arturo Uslar Pietri hizo su famosa propuesta a los venezolanos de “sembrar el petróleo”, que todavía sigue siendo válida no sólo para ese país con las mayores reservas de crudo del mundo, sino también para Colombia, ahora en una discutible bonanza minero energética.


En aquel entonces el gran pensador venezolano hacia un angustioso llamado para corregir la que llamó  economía destructiva, es decir aquella que explota  recursos no renovables, como lo son el petróleo y los minerales, sin preocuparse del deterioro ambiental ni de compensar la pérdida de patrimonio nacional que significa el agotamiento por su extracción. En su escrito afirmaba que “la economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro al presente, la que llevando las cosas a los términos del fabulista se asemeja a la cigarra y no a la hormiga”.


Hoy, después de las dictaduras y gobiernos del Copey y Acción Democrática hasta llegar al Socialismo del Siglo XXI, el diagnóstico de Uslar Pietri no pudo reflejar mas crudamente lo que está sucediendo en Venezuela: destrucción de la base productiva, agrícola e industrial, incluyendo la industria petrolera.


Aunque se podría suponer que la gran riqueza petrolera permitiría al Gobierno Bolivariano seguir sosteniendo los subsidios internos y externos que con largueza inició Chaves, a largo y aún a corto plazo esta situación es insostenible. 


Con Uslar Pietri miremos el manejo del petróleo en  nuestro país. Las reservas probadas del hidrocarburo con que contamos, sumadas a las posibilidades de mejorar la recuperación en algunos campos en explotación y los potenciales nuevos desarrollos en campos ya descubiertos totalizarían 5.628 millones de barriles, que sólo alcanzarían para unos 14 años de producción.


Esto significa que para mejorar balanza de pagos se está poniendo en riesgo la seguridad energética del país, al tiempo que la industria se desacelera y la agricultora sigue postrada, en gran parte por causa de la entrada masiva de divisas, a pesar del gran potencial que ofrecen nuestros suelos y diversidad climática,


El caso de la minería es aún mas grave, pero por razones distintas. Hoy la superficie cubierta por solicitudes y concesiones mineras es de 22 millones de hectáreas, un 20% de la extensión del país, en su mayor parte localizadas en regiones pobladas. Por principio, en estos extensos territorios la agricultura se da por descontada, ya que el título minero impone servidumbre sobre los predios.


Comparada con otros países en Colombia se pagan regalías mineras relativamente bajas. Como además la tarifa es fija, cuando hay bonanza de precios el país, dueño del recurso, no obtiene ningún beneficio adicional. Por el lado tributario, como lo muestra el reciente estudio del reconocido economista  Luis Jorge Garay para la Contraloría General de la República, las múltiples deducciones permiten a los mineros pagar una tasa efectiva neta del orden del 10% y no del 33, como debieran. 


Lo anterior demuestra que la minería también está destruyendo recursos no renovables, sin contribuir en nada al fortalecimiento de la base industrial, ni mucho menos al desarrollo agrícola del país. Esto sin mencionar que en muchas regiones está siendo utilizada por grupos al margen de la ley para lavado de activos y para el desplazamiento forzado de campesinos.