Columnistas

“¡Qué le importa al mundo!”
Autor: Abelardo Ospina López
21 de Mayo de 2013


Claro que sí:”el tango saca lágrimas por su melancolía”, originada ella en los sentimientos de variada laya que sufre el ser humano.

 


Claro que sí:”el tango saca lágrimas por su melancolía”, originada ella en los sentimientos de variada laya que sufre el ser humano.


¡Caramba! Según estudios de gente con alma de tango, “éste es antiguo: nació con el primer hombre”. Los paganos en semejante materia, nos preguntamos: ¿interpreta el sentir de un pueblo dado o de una ciudad? ¿Es mensajero de conglomerado inmerso en América Latina? ¿Es cierto – se lee por ahí – que “el dos por cuatro” se vive en Academias de Japón, en calles de París, y centros culturales neoyorquinos?


Antaño se entendió por tango “lugar de reunión de esclavos, tanto en África como en América. Y así nombró Buenos Aires a casas de suburbios, donde a comienzos del siglo XIX, los negros se encontraban para bailar y olvidar, temporalmente, su condición”.  Se le escuchaba en teatros, la radio y en televisión, mundialmente conocido por sensual y pasional. Es un estilo musical que, a pesar de ciertas soledades, sigue siendo significativo y mucha gente, joven y adulta, lo escucha, baila y practica.


Sostienen los duchos en esta materia que: “tanto la música como el baile, tienen influencias indirectas del candombe africano, la habanera cubana, el tango andaluz, del chotís, el cuplé y milongas criollas”. Mas, decimos sencillamente que el tango “es baile argentino, de origen afrocubano y de ritmo cadencioso” o “sentimiento triste, bailable”, como lo definió Santos Discépolo, autor entre otros, del muy conocido y escuchado Cambalache.      


Y se ha dicho que “el bandoneón es la historia de un fracaso que nació en Alemania y terminó en los arrabales porteños de la capital argentina” y llegó en 1900 y sustituyó a la flauta. ¿Será cierta esta aseveración? Ha tenido varios nombres: bandunion, bandonion y bandoneón. Actualmente remplaza al órgano. Se ha dicho de él, ser compañero de todas las penas: su quejumbrosa voz, insufló en el tango, otro espíritu. Y curioso: para aprender a tocarlo, se necesita inteligencia, vocación, beatitud y cierto malandrinaje…Dos plumas antioqueñas- Manuel Mejía V. y Darío Ruiz- y una argentina, la de Jorge Luis Borges, aluden al tango como género y a la influencia que tuvo en algún momento de sus vidas: demostraron que la literatura y el tango “pueden ir de la mano” y no hacen parte de temas alejados, pues “son resultado de una serie de episodios de vidas y las obras surgen, como muestra de vivencia personal o grupal”.      


Nos preguntamos por estos días cercanos al 24 de Junio, fecha en que se cumplirán 88  años de la muerte en Medellín, del Zorzal Criollo: ¿los cantores de estos años, han declinado o desmejorado sus gargantas y estilos? Parece que si…


De todos modos -presumimos-, en infinidad de latinoamericanos y europeos, el compás seguirá dejando huella social y cultural, por décadas más.


(¡Nos alegra saber que al Papa Francisco, le gusta el tango de su natal y gaucha pampa! Desde estas demografías americanas, le deseamos positivas dimensiones en los altares del mundo, con su sencillo e informal apostolado y la defensa de los pobres. Felicidades.)