Economía

The hopes of Julio Roberto, CGT’s guy
Las esperanzas de Julio Roberto, el de la CGT
Autor: Luz María Tobón Vallejo
19 de Mayo de 2013


Es presidente de la Confederación General de Trabajadores desde los años setenta. Los gobiernos lo respetan, los trabajadores lo referencian y en la OIT es voz de Colombia. Él ha sido testigo del trabajo infantil, las glorias del sindicalismo,



Julio Roberto Gómez se siente orgulloso con la participación de mil personas en el almuerzo organizado por la CGT para los sindicalistas que asistieron a la marcha. “Uno veía en la gente el compromiso”.


¿Cómo se hizo líder sindical?


“En Thomas de la Rue no era delito ser sindicalista. Una vez superado el período de prueba, me inscribí en el sindicato y fui ascendiendo. Fui presidente de juventudes, secretario general, presidente del sindicato. 


Tuve un liderazgo porque caía bien, no era rumbero pero aprendía tocar la guitarra y el liderazgo lo construí al son de la voz, de la guitarra, del relacionamiento”.


-¿Usted se hizo líder en el relacionamiento?


“Fui fundador de la CGT en 1971 sin haber ido a Medellín, pues mi sindicato era fundador de la CGT, acto al que no pude ir por razones de trabajo. El primero de mayo de 1971 lanzamos un desafío en un país que tenía un movimiento sindical muy fuerte: una UTC muy poderosa, una CTC muy poderosa –ni sombra de lo que es hoy-, una Cstc muy grande y muy representativa, un sindicalismo independiente muy representativo. Nosotros éramos una pequeña organización, en la que lo más importante eran Adida, el sindicato de Caminos Vecinales, el de Thomas de la Rue, los más optimistas nos daban seis meses de vida, hoy, 42 años después, somos la primera central sindical del país”.


-¿Cuántos afiliados tienen?


“Tenemos entre 900 mil y un millón de afiliados, con una fuerte presencia campesina, con la Federación Agraria Nacional, la Federación Campesina Colombiana, la Federación Nacional de Artesanos, en el sector agroindustrial, en el público, en el privado, en todos los sectores productivos. Tenemos asociaciones de jubilados, los de Unitraincoop,  el sindicato del Éxito, el de Olímpica, el de Enka de Colombia.


“Coltejer se rescató gracias a un trabajo mancomunado de trabajadores y un empresario mexicano que le metió la mano, una empresa que iba a desaparecer, empezó a crecer. Estamos en el sector carbonero –no el mayoritario-, en el bananero –no Sintrainagro.


“Son 42 años para ver un sueño convertido en realidad. Organizaciones no muy grandes, pero muy militantes y muy organizados. Salíamos cuatro o cinco pancartas, no éramos muy grandes, éramos muy organizados. Cuando uno es minoría se ve obligado a ser sumamente disciplinado.  Hoy, sin arrogancias, la Plaza de Bolívar, era verde, luego fuimos fortalecidos con los hermanos”.


-¿Cómo se define como dirigente sindical”


“Fui formado en la línea de un sindicalismo humanista, algunos nos decían que son demócratas-cristianos, pero la democracia cristiana no ha existido nunca. Usted ve mis fotografías con el papa Juan Pablo II. Tenemos una relación institucional, política, con la Iglesia, no confesional, sobre valores y principios”.


-De los 42 años de la CGT, ¿cuánto lleva al frente?


“Estoy en el Comité Ejecutivo de la CGT estoy desde 1974, ocupé todos los cargos, posteriormente hubo un proceso de unificación con una organización muy importante en Cundinamarca, hubo una transición, una recomposición. Asumí la Presidencia de la CGT en 1986, en 1992 hubo un proceso de unidad con otra organización que presidía Mario de J. Valderrama, nació la CGTD, y en 1997, en congreso en Cartagena, volvimos al nombre original, tras una discusión por la positiva.


“Se ha consolidado una organización con prestigio, con entusiasmo de la gente”.


-¿No le da miedo que se personalice la CGT?


“Los liderazgos cuando son muy fuertes se pueden convertir en riesgos, que le pase a uno algo y quede un vacío, eso ha sido objeto de discusiones y hay que sustituirlo con colegiados muy comprometidos. Aquí hay hombres y mujeres muy comprometidos”


“Aquí se juega el elemento testimonial, no mandar a hacer, hay que hacer con la gente.


“Tengo desvelos, hemos construido un prestigio, una organización que está extendida por el territorio colombiano y también un patrimonio: nacimos en una zona negra y hoy tenemos algo que hemos construido en perspectiva de futuro”.


-¿Cómo se irá?


“Le he dicho a mis compañeros que uno trabaja en función de lo institucional, esto es un patrimonio al servicio de la clase trabajadora colombiana. La preocupación es que nadie pretenda querer llegar a hacer de esto una fiesta, pero tenemos que confiar en la gente.


“Tengo claro que hay compañeros y compañeras que a la postre tienen que asumir el testigo. Se va aproximando la hora de abrir camino a otras gentes”.


-A usted le tocó la época negra del sindicalismo en Colombia, ¿esa época sigue o está cambiando?


“Hay tres épocas que hay que distinguir: la de un sindicalismo floreciente, con representatividad mayoritaria en los sectores clave de la economía, petroleros, azucareros... Fue una época gloriosa del movimiento sindical, no suficientemente aprovechada.


Viene una etapa que nace en el paro cívico nacional de 1977, que fue el hecho más importante del siglo XX, pero la factura fue demasiado costosa”.


-¿Usted se atreve a decir que lo que pasó después fue una cuenta de cobro del establecimiento?


“Vino una etapa de una persecución brutal, sumada a un fenómeno político que no me gustó, y fue el de los sectores de extrema tratándose de infiltrarse en las organizaciones, y eso fue nocivo”.


-¿Qué hicieron mal o bien para que se los cobraran?


“Ese paro tuvo la virtud de darle en el alma a los sectores más retardatarios de este país, paralizando la producción durante 72 horas. Yo era muy joven, era emocionante salir y ver las fábricas, los establecimientos comerciales, las oficinas públicas, cerradas. Ese paro le salió al paso a la propuesta de López de imponer el salario integral contra los trabajadores, a la idea de acabar la negociación colectiva.


Se generaron expectativas entre quienes valoraron el movimiento sindical e intentaron infiltrar el movimiento sindical en función de intereses que no eran de los trabajadores. De otro aparecieron quienes decían que esta gente era peligrosa.


Vino una andanada en contra del movimiento a través de leyes como el desmonte de la contratación colectiva, el desmonte del contrato a término indefinido, que era base de la estabilidad laboral”.


-¿El establecimiento y las extremas ideológicas armadas atacaron al mismo tiempo al sindicalismo”


“La extrema armada convirtió al sindicalismo en un foco a través del cual podía lograr militancia urbana para sus propósitos.


“La organización de trabajadores no es clandestina, si algún grupo pretende cooptar a los compañeros, hace un daño impresionante. Por eso digo que el sindicalismo no fue hábil para formar cuadros. Cuando llega la etapa de ataques al sindicalismo, con conductas antisindicales, con leyes como la Ley 50, que deja a los trabajadores en el darwinismo laboral; vienen hechos contra la vida de los sindicalistas, que no es nuevo, pero se hace con justificaciones falsas y se asesinaban sindicalistas por sospechas de colaboración con grupos irregulares, cuando los grupos irregulares han asesinado sindicalistas. Las Farc asesinaron a sindicalistas en Urabá, a dirigentes agrarios en el país.


“Han minado el sindicalismo por la vía del asesinato de militantes. A la dirigencia la amenazan, pero, excepto el caso del compañero Ortega, no la han tocado. La violencia nos ha dejado huérfanos, viudas y viudos.


“Esta es una fase en la que el sindicalismo decae en su representatividad por la violencia, por leyes que hacen que en Colombia sea difícil crear sindicatos Por esta fase, a mi más que la muerte de los sindicalistas, me preocupa la muerte de los sindicatos: Caja Agraria, Inravisión, Adpostal, Telecom. En Inravisión y Adpostal perseguían a los trabajadores con policía, ¿Para qué me dan un carro blindado si están matando los sindicatos?”.


“En 2006, estaba todavía el doctor Álvaro Uribe en la Presidencia, firmamos el Acuerdo Tripartito, con los gremios, las centrales obreras, el Gobierno, se empezó a generar un nuevo clima para la discusión, y fuimos avanzando sobre terreno seguro, en aspectos que han sido muy importantes.


“Aquí era una odisea hacer un sindicato y que se diera personería jurídica, llevamos las Cortes a la OIT y así emitieron la sentencia que declara que las personerías jurídicas son automáticas, pero eso nos ha pasado de la libertad sindical al libertinaje sindical y hay proliferación de sindicatos, que es debilidad sindical.


“Esta tercera fase ha cambiado al sindicalismo colombiano, hacemos esfuerzos por unificarnos. Esta es una fase para utilizarla en las mejores condiciones. 


En el sindicalismo la reparación colectiva no es con plata. A quienes hay resarcir económicamente es a las familias, al sindicalismo no, sería oportunista reclamar dinero”.


-¿Cómo reparar entonces?


“Una reparación colectiva, política, en la que el Estado se compromete a campañas de medios masivos para fortalecer el sindicalismo, explicar qué es el sindicalismo, cuáles son las centrales, que se advierta a los empresarios que no respetan la libertad sindical. Esto nos llevaría a tasas de sindicalización como las deberíamos tener, por encima del 50 %.


Tengo muchas esperanzas en esta tercera fase del sindicalismo”.


-Usted recomendaría el trabajo infantil


“Definitivamente, no. Un niño antes de los 18 años no tiene por qué estar trabajando. Tiene que estar formándose, educándose, preparándose para la vida, y ojalá no trabajara sino hasta que culminara sus estudios universitarios y de formación técnica profesional.


No quiero ver a un hijo, a un nieto, a una nieta, trabajando antes de que culminen su formación profesional. Sin embargo, recuerdo esa época como una época maravillosa, sin resentimiento, con admiración profunda por papá y por mamá”.




El reto ante la OIT


Para Julio Roberto Gómez, miembro del Comité Ejecutivo de la OIT, el país está abocado a cambiar su imagen ante ese organismo, tratando de demostrar que este no es un país neoliberal. 


“Me preocupa hacer ver a Colombia como un país de parias, eso ahuyenta el turismo, ahuyenta la inversión, es importante vendernos al mundo, vender nuestros lugares. No se trata de ocultar los problemas que tenemos pero no podemos dibujar el país como el peor país del mundo”. 


Gómez denuncia a sectores como Anncol, que en sus páginas web han llamado a asesinarlo, “porque uno no vive todo el tiempo impugnando”. Ayer, me decían uribista, hoy me dicen santista y concluyen que soy traidor al movimiento obrero, “el país no se puede manejar así”.