Columnistas

Santos, Vargas Lleras, Naranjo
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
19 de Mayo de 2013


Como siempre, el presidente dijo una cosa para que se entendiera otra. Expresó que quería que sus políticas se reeligieran, pero lo que significaban sus palabras era que estaba lanzando abiertamente su candidatura a la Presidencia.


Como siempre, el presidente dijo una cosa para que se entendiera otra. Expresó que quería que sus políticas se reeligieran,  pero lo que significaban sus palabras era que estaba lanzando abiertamente  su candidatura a la Presidencia. Es un lance de póquer propio de un jugador mediocre que no se ha dado cuenta que los otros contrincantes ya le conocen sus trucos. 


Comenzó su campaña con casi once meses de anticipación, y cinco para que legalmente pueda hacerlo.  Violar la ley no es problema para él porque la Comisión de Acusaciones de la Cámara está pegada con mermelada. Usar los recursos públicos, ya de manera desembozada para impulsar su reelección, es un abuso de marca mayor y un delito.  Y digo desembozada, porque ya había comenzado, desde hace tiempo,  la famosa trilogía Justo Moderno Seguro, JMS, y los cantos de sirena de ministros y otros funcionarios que no cesan de alabar el trabajo (prácticamente inexistente)  de Santos .


Armó un equipo de campaña, retomando la Fundación Buen Gobierno, compuesto por personalidades variopintas.  Refirámonos a dos: Germán Vargas Lleras y Oscar Naranjo.


Con ellos, afortunadamente para el país,  comenzó mal; primero, al dormir con el enemigo: Germán Vargas Lleras, se dice, es el Plan B de Santos o en su defecto, el director de su campaña. Pero todo mundo sabe que prefiere ser lo primero que lo segundo. Y que a la primera oportunidad, con el sol a la espalda de un Santos cada vez más desprestigiado, lanzará su candidatura, pero no para “reelegir”  los programas del presidente, sino con el suyo propio, acorde con las circunstancias del momento, es decir, probablemente en contravía de muchos de éstos (salvo la política de vivienda con la que inició su campaña electoral en el Ministerio de Vivienda, creado por Santos a la medida de Vargas Lleras). Ni tonto que fuera.


La capacidad de mimetización de este es, igual a la de su jefe, de antología: enemigo declarado de la guerrilla, víctima de un atentado de esta, en su momento recio defensor de una política de mano fuerte contra esta, termina avalando el proyecto de negociación de Santos, que rebosa de mano blanda y consideraciones con los victimarios; y contratando, cuando era Ministro de Interior una Ong de izquierda, reconocida por sus posturas radicales de oposición en el gobierno de Uribe, para  “hacer el mapa político” de los posibles candidatos, con lo que se viola un montón de derechos fundamentales, especialmente el de hacer oposición, porque candidato que no le guste a esa organización, candidato que no va o que termina en la cárcel. 


Vargas lleras reconoció la existencia de ese trabajo y la entrega de informes, en una respuesta al procurador Ordóñez: “lo que se ha hecho con los informes sobre riesgo electoral es “darle traslado a los organismos de inteligencia”. “Una vez cotejados aquellos hechos que ameritaban particular interés, se les informó a los directores de los partidos, información que yo creo que para ellos resultó muy útil”, afirmó el Ministro desde Cali. Y agregó Vargas Lleras: “el trabajo que adelantó Arco Iris fue un trabajo en el terreno. Fue simplemente un insumo (...) para que organismos de inteligencia verificaran en terreno la veracidad o no de este informe”. http://m.eltiempo.com/politica/candidatos-inhabilitados-para-las-elecciones-regionales-en-colombia/10271384, consultada el 27.05.2013.


Lo que había dicho Ordoñez era: “el órgano que dice quién está inhabilitado es la Procuraduría y no Nuevo Arco Iris” y afirmó que el hecho de avalar esos informes de la Fundación “se estaba convirtiendo en una parainstitucionalidad”. Juzguen ustedes (ibid).


Pues bien, esa mimetización juega ahora contra Santos.


Por su parte, el general Naranjo terminó declarándose abiertamente  santista y se une a la campaña de reelección. Está en su derecho. Esperemos que su inmensa influencia en la policía no sea usada para perseguir a los opositores de Santos. No lo creo, pero lo que sí me queda es un inmenso mal sabor en la boca Y pienso que a la mayoría de los colombianos. Se supone que fue un puntal de la seguridad democrática y clave en la recuperación de la soberanía del estado en muchas poblaciones del país en manos de narcosubversivos.  Hoy termina confraternizando con sus enemigos, los victimarios de  miles de policías muertos o mutilados; avalando una paz concebida para la impunidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad de esa  guerrilla y,  de acuerdo a lo que se ha visto en la negociación, con unas concesiones a esta, que pondrán en peligro, de  llegar a realizarse, la supervivencia misma del Estado democrático de derecho.  Y pensar que Uribe descabezó cuatro o cinco generales para poner a Naranjo en la Dirección de la Policía, y que lo mantuvo durante todo su mandato. Si el general no estaba de acuerdo con las políticas de Uribe, debería, en su momento, haber renunciado. Pero no lo hizo. También se mimetizó y hoy representa el polo opuesto de lo que significa Uribe. Si Santos cree que con él conseguirá muchos votos, está muy equivocado. Los ciudadanos no aprecian a la gente que pela el cobre.