Columnistas

La bendición de Francisco
Autor: Bernardo Trujillo Calle
18 de Mayo de 2013


Si no fuera porque el tema de la paz es hoy el más importante que se discute y espera el país que culmine pronto y felizmente, hace tiempo habría dejado de hablar de él.


Si no fuera porque el tema de la paz es hoy el más importante que se discute y   espera el país que culmine pronto y felizmente, hace tiempo habría dejado de hablar de él.  Soy, lo reconozco, un fanático de la concordia nacional, tal vez porque he sido un testigo de excepción que ha visto de cerca los estragos que ha causado la violencia en el país durante casi toda mi larga vida.  Desde los años cincuentas hasta hoy, salvando un breve período de 16 años que fueron los del Frente Nacional, los colombianos hemos dado la sensación de no caber en los miles de kilómetros que conforman el Estado.  Una lucha intestina que recorrió el país como una maldición durante años por razones enteramente partidista, fue sustituida por otra más feroz y enfermiza que lleva medio siglo sin solución de continuidad, sin un día de tregua, y es precisamente para dar fin a esta descomposición social que nos agobia, por lo cual, en el actual gobierno, se asumió la decisión de retomar el hilo de los varios intentos fallidos para llevarlos por el buen camino de una solución pronta.


Ahora este proceso que lleva varios meses en busca de un acuerdo de paz, alcanzó el punto culminante con la bendición papal de Francisco.  Del Vaticano nos llega en buen momento el refuerzo del guía espiritual de más de mil millones de creyentes, algo esperado, porque la Conferencia Episcopal en repetidas ocasiones, le ha dado también ese voto de confianza al gobierno para persistir en la tarea de obtener por la vía civilizada del diálogo esa esquiva paz.  Lo que no se sabe aún es si los mensajeros de la discordia, que dicen ser cristianos y devotamente oyen misa, comulgan cada mes y asisten a las homilías con la mano en el pecho en señal de reverencia, tienen oídos para escuchar la palabra del máximo Pastor o continúan rindiéndole su tributo de sangre a la intolerancia.


Las falanges de la derecha política que defienden la propiedad de la tierra con las armas, aun la usurpada, dirán que se vaya el Papa al diablo.  Ellas obedecen a otras leyes terrenales menos benevolentes por las cuales estarían dispuestas a cobrar una vida por metro de tierra que se les obligue a devolver.  Con tal propósito van asesinando selectivamente a los líderes de las comunidades desplazadas que intentan acercarse a sus predios arrebatados.  Los cazan con alevosía y luego hacen circular panfletos amenazantes en respuesta a las valientes determinaciones de quienes aún creen en las políticas de la Ley de Restitución de Tierras.  Las águilas negras, los rastrojos, los urabeños, son mamparas detrás de las cuales algunos terratenientes se esconden.  Basta escuchar las arengas encendidas de algunos de ellos, si es que cabe alguna duda.


Mas ahora resulta que el más visible adversario del proceso de paz es Pastrana, el delfín que llegó a la Presidencia de la mano de su padre Misael, el mismo que no pudo aclarar el cargo de haber llegado en hombros del fraude.  Lo dijo el Tigrillo Noriega, exministro de Carlos Lleras, quien tenía por qué saberlo, y lo reproduce López Michelsen en el reportaje concedido a Enrique Santos Calderón bajo el título de “Palabras pendientes”, pág. 74, como información que recibió de una ex gobernadora de Nariño.  Los protagonistas del fraude fueron un “señor Chamorro Ruiz, el que había puesto la plata para que ganara Pastrana...” “y el Secretario de Educación de Nariño, el Cabezón Martínez, que ocupaba el cargo de Gobernador encargado... La idea era mandar una avioneta a la costa nariñense antes de que salieran los pliegos con dirección a Pasto para hacer fraude”.


Santos debería de una vez anunciar su postulación para la reelección.  La paz, como lo dijo Enrique Santos, está ligada a la permanencia suya en la Presidencia.  No puede abandonarse a mitad de camino un esfuerzo tan laborioso y dejar por tanto que el resentimiento de los guerreros, por el buen suceso de las conversaciones de La Habana, los siga acompañando hasta el final.  Las malas causas están llamadas a naufragar.


P.S.  Es un desafuero pensar que las Farc no intervendrán en política.  Deben hacerlo.  Es parte del precio de la paz.