Columnistas

Concierto Titán de Mahler
Autor: Olga Elena Mattei
18 de Mayo de 2013


El viernes 10 de mayo la Filarmónica estuvo dirigida por el Maestro Alejandro Posada.


El viernes 10 de mayo la Filarmónica estuvo dirigida por el Maestro Alejandro Posada. El conocidísimo Concierto para Violín y Orquesta de Felix Mendelssohn, quizá el más hermoso jamás escrito y obra preferida infaltable en el repertorio de cualquier solista capaz de lucirse por su técnica, se escucha desde el principio con gran claridad de diferenciación auditiva entre las secciones: gran finesa. El sonido del violín solista es precioso, y su manejo es de un virtuoso. Su vibrato es puro, sus dobles y triples claros y sus inflexiones expresivas dulces o enfáticas, según lo necesario. Igualmente el maestro Posada lleva a la orquesta por las distintas variantes de vehemencia. Tanto el solista como la orquesta ejecutaron con presteza y entusiasmo el conocido pasaje del tercer movimiento, el de las escalas de fugas en staccato, (el que recuerda al scherzo de Sueño de una Noche de Verano) ¡Una fiesta para el oído y para la memoria!


Tuvimos un encore: la sonata No. 5 de Eugene Ysaye, obra dodecafónica, emotiva e intensa, llena de glisandos y portamentos, arpegios, y pizzicatos con la izquierda.


Protesta al margen: Los músicos de la Orquesta muy bien vestidos, especialmente las damas…el solista, ¡no! 


Pero es mejor hablar de que los otros solistas en varios pasajes cumplieron a la perfección, aunque debido a los límites de espacio, solo puedo mencionar a Oscar García, primer fagot, a quien le correspondió tender un puente entre el 1mero y el 2ndo movimientos, con un perentorio y prolongado Si. 


A continuación, la obra más importante de la noche, y con seguridad la de los últimos años, la Sinfonía No 1 de Mahler, la que él, con dudas y cambios, llamó Titán.


En vez de un borrón como tantas veces se oye en las interpretaciones de esta obra, hoy escuchamos un dechado o muestrario de intervenciones cortas pero cruciales, temperamentales, que van imponiendo su cariz al surgimiento del ambiente para romper en el primer tutti exuberante. Esta sinfonía es anterior a Stranvinsky, contemporánea de la revolución Wagneriana pero con estilística y recursos antagónicos; es la primera obra que utiliza una partitura tan compleja y un pentagrama tan lleno de detalles; pasajes aislados, islas temáticas y exclamaciones que van surgiendo espontáneamente como un tablero de luces, hasta apilar una dimensión vertical de capas con líneas musicales horizontales y simultáneas. La nueva era de la música sinfónica empezó con Mahler. Luego, más o menos contemporáneos, están: Korsakoff, Moussorgsky, Rachmaninoff, Smetana, Sibelius, Strauss, Ives…(Hay muchos magníficos que no menciono porque no presentan estas complejidades) Pero los incluídos, sí entran en la modalidad de escritura de múltiples líneas enmarañadas, pero no fueron los iniciadores de esta modalidad de páginas y páginas de orquestación monumental compleja y sólida, en dos dimensiones!: Líneas de pentagrama horizontales ,una sobre otra, en piso sobre piso, capa sobre capa, con sincronía vertical. Composiciones gigantescas y geniales, para directores excepcionales. 


Nuestro Director maneja además el detalle y la dinámica de la expresión sin economizar gestos. Le pone toda el alma a la expresión corporal. (Personalmente prefiero que no se inhiba el sistema gestual que es parte de la emotividad que se debe comunicar, contagiar, y pedir a los músicos). Las tintas y visos de interpretación personal, corresponden con las nuevas maneras de leer esta partitura, expuestas por los más reconocidos directores jóvenes de la palestra internacional.. Inflexiones depuradas y limpias, transparencia en las capas superpuestas: que los sonidos respiren unos a través de otros, como el color en las veladuras de una pintura. 


La responsabilidad y el compromiso con la perfección, para el Maestro Posada son tales, que entre movimientos, suspende la sinfonía para que la orquesta afine, (gesto que evitan los directores, pero que deben cumplir en caso de que el agudo oído denote que la entonación no está perfecta). 


En el tercer movimiento, el contrabajo solista inicia el tema; en toda la obra son los chelos y los contrabajos la voz sobresaliente, con sus clamores profundos y anímicos. Un gran caza común, y otro, en Si, bajo profundo, que parece un redoblante gigantesco, mas toda la percusión, y tuttis de la Orquesta en pleno, irrumpen con el último movimiento. El efecto es titánico. Las dos tubas truenan pero pronto se siente un quedo y dulce renacer, de calma y ensoñación romántica, pero con una elegante mesura que no permite lo meloso, y conserva la dignidad aún en lo emotivo. Los adagios mahlerianos más hermosos, al igual que los de Sibelius y Rachmaninov glorifican la escritura musical del siglo XX.Y no puede crearse ni ejecutarse nada más glorioso, en términos orquestales que los tuttis y finales de esta sinfonía….