Columnistas

Origen y perfiles
Autor: Sergio De La Torre
12 de Mayo de 2013


Dec韆mos antes que el fascismo, mas que una doctrina politica, o modelo de Estado, es un talante o estilo, adscrito a cierto tipo (o fenotipo) de humanos, tanto en la derecha como en la izquierda.


Decíamos antes que el fascismo, mas que una doctrina politica, o modelo de Estado, es un talante o estilo, adscrito a cierto tipo (o fenotipo) de humanos, tanto en la derecha como en la izquierda. Suele tratarse de personas sin ocupación, víctimas del desempleo en sus comienzos, pero    habituados ya y hasta complacidos con el paro. La vagancia deviene su estado natural, o estado de alma, del cual jamás querrán escapar.


¿Cómo subsisten entonces? Pues a la buena de Dios, o  a como dé lugar, frecuentando incluso la infracción y el delito dentro del incierto, temerario rebusque, del que dependen cada vez más. Ello acontece de preferencia entre los varones, que cargan con el lastre del machismo (tara heredada,  cultural casi, propia de su entorno y no superable como cualquier dolencia individual).  Machismo que los predispone y les impone el uso de la fuerza en la dura brega por la supervivencia, cuando de enfrentar los avatares y contrariedades del diario vivir se trata.


Tales seres desclasados tienden a buscarse y a juntarse en pandillas. Si, en medio de una aguda crisis social, de esas que a veces acometen a las naciones (como la europea de la primera postguerra en el siglo pasado) se encuentran  por  azar con la política, generalmente se dejan seducir por la arenga extremista que, al sembrar  el odio y  convocar al desquite, fomenta el dolor de quienes por su escasa formación o por cualquier otra causa no pudieron insertarse a la vida productiva, rumiando siempre un sentimiento de fracaso que, estando con otros  que comparten la misma suerte,  indefectiblemente  deriva en violencia . Y entonces la pandilla, enrolada en la acción politica, se vuelve banda uniformada, de camisas negras o pardas, o  las  camisetas y boinas encarnadas que llevan las milicias bolivarianas en Caracas.


He ahí la génesis y el retrato aproximado del hombre  colocado en situación de “lumpen” dentro del cuerpo social. Apto para la revancha  desde la calle,  asociado a   sus congéneres y bajo la guía de un demagogo dado a la oclocracia, esa antigua práctica que cultiva y corteja a la pobrecía. Y presto, el mismo sujeto, a ejercer, sin miramiento alguno por la oposición democrática,  desde el poder ya capturado, una represión tan brutal como fuere  necesaria.  El ejemplo más acabado de tal personaje en estos tiempos es el teniente Diosdado Cabello, quien, confundiendo el Parlamento con los cuarteles donde lo entrenaron, le cortó la palabra y le suspendió lel pago de su salario a los contrarios, a tiempo que los hizo  golpear por sus secuaces, a garrote y patadas .


Vivo y actuante, ejemplar igual de fascista no conozco en el continente. Ni en la derecha ni en la izquierda, donde también se dá,  matriculado en la consabida farza, populista y redentora, pero  igual de nefasta o peligrosa que la de signo opuesto. El presidente Maduro avaló la golpiza que Diosdado dispuso contra María Corina y sus compañeros. Algo inimaginable en quien se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores durante 6 años y que, por tanto, debiera ser ejemplo de compostura. Pero en la puja por mantener el timón (ya no de un camión sino del gobierno) todos se desdoblan, en una o  la otra orilla del espectro político. Sobre todo cuando el poder, que se perdió en las votaciones, fue rapado en un escrutinio tramposo. Al lado de sus herederos  pues, el Chávez que conocimos es un príncipe. Toda una dama, llena de delicadeza y señorío.