Columnistas

Diez a駉s despu閟
Autor: Bernardo Trujillo Calle
11 de Mayo de 2013


Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri fueron las dos primeras v韈timas que murieron liderando la Noviolencia en Colombia, desde Antioquia.


Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri fueron las dos primeras víctimas que murieron liderando la Noviolencia en Colombia, desde Antioquia.  Antes lo habían sido Gandi y Luther King cuando predicaban precisamente esa filosofía para el mundo entero.  Gandhi doblegó la altanería del Imperio Británico que con escasos 70 millones de habitantes impuso un largo coloniaje a una población de más de 1.000 millones de indios en un territorio varias veces superior al de sus opresores.  Y Luther King, en un Estado racista, al lado del Presidente Kennedy, también doblegó con su palabra elocuente y la férrea voluntad de un líder sin igual y de un pueblo que creía en él, los kukusklanes norteamericanos que en nombre de una moral (?) combatían a “los negros, católicos, judíos, intelectuales” con acciones de extrema violencia.


Guillermo Gaviria, desde la Gobernación, escogió el camino de la Noviolencia y la adoptó como un programa y un símbolo de su gobierno. Organizó las célebres marchas por el departamento y con él, un grupo de sus amigos más cercanos y creyentes en la paz como único camino para salir de la violencia, contra algunos pronósticos que le anunciaban el peligro que corría, tomó el riesgo y se fue a morir con su Asesor de Paz asesinados por la guerrilla. El discípulo de Luther King doctor Bernard Lafayette y maestro de Guillermo Gaviria, vio en este una promesa de continuidad en Colombia de esa filosofía excepcional, truncada por su temprana muerte.  Sin embargo, la semilla sigue dando frutos y por más que se diga que ella se fue con el más sobresaliente de sus intérpretes, la verdad es otra, porque en el país, de alguna manera, quienes ahora están trabajando arduamente por conseguir la paz mediante el diálogo con las Farc, son voces de entendimiento y adversarios de la violencia.


“La búsqueda de la paz se encuentra en el diálogo.  La violencia es el lenguaje de los inarticulados, de los que no tienen nada qué decir... La violencia nunca ha resuelto ningún problema”, son palabras del maestro Lafayette dichas en reportaje concedido a EL MUNDO.  Mas no sólo la violencia de las organizaciones al margen de la ley –Farc, Eln, autodefensas, urabeños y rastrojos- porque detrás de ciertas formas de actuar en nombre de la ley, se esconden muchas otras manifestaciones execrables::  falsos positivos, desaparición forzada.


Cómo no ha de ser una expresión de violencia esa de incitar a la vindicta y oponerse a los esfuerzos hechos por traer la paz, cuando se empapela una ciudad con las dos caras de Pablo Escobar e Iván Márquez para preguntar capciosamente cuál de los dos ha matado más policías  No fue un pensamiento sano, menos un llamamiento a la concordia la que inspiró tal actitud belicosa.  Fue, sencillamente, un avieso mensaje con propósitos claros de interferir los diálogos de paz en que está empeñado el gobierno Santos.  El autor del maligno recado no ocultó su autoría como para dejar en claro quién, a nombre de qué y por qué rememoraba los momentos más cruentos de la violencia, eso sí, con la salvedad de que uno pagó ya con su vida por sus crímenes y el otro, igualmente homicida, está ahora empeñado en rectificar el rumbo de una guerrilla de la cual es un comandante con capacidad aún de acometer acciones de sangre.


Guillermo y Gilberto no debieron morir allí ni en esa forma.  Buscando la Noviolencia, encontraron una mano criminal que los asesinó.  No tuvieron oportunidad de continuar la tarea emprendida de hallar caminos contrarios a la violencia, pero más allá de su muerte, ha quedado una lección de vida y un camino abierto para oponerlo pacíficamente a los intolerantes que vociferan  o a los encubiertos.  Diez años después, la llama que ellos encendieron sigue viva.


Todos los caminos conducen a Roma.  Una caravana de creyentes católicos colombianos van al Vaticano a presenciar la canonización de la Madre Laura, antioqueña, jericoana.  Y con ellos va también un Santos, miembro de una familia de Santos buenos y de otros no tanto.  Por aquí nos queda uno de éstos que está haciendo el papel del diablo cojuelo para que no se crea que los apellidos lo dicen todo.