Columnistas

La “mala conducta” escolar
Autor: Alejandro Garcia Gomez
11 de Mayo de 2013


Alejandro, @gatoalejo1, escribe: “Mi hermano fue suspendido varias veces de un colegio y un año de otro (sic).


Alejandro, @gatoalejo1, escribe: “Mi hermano fue suspendido varias veces de un colegio y un año de otro (sic). Todo sigue igual y no concluye su #educación (sic)”.  Alberto Tuberquia, @aiuqrebut, “la falta de idoneidad de algunos docentes y rectores, (“coma” sic) produce hechos como los de culpar a estudiantes, sin agotar recursos”. Raul Restrepo (nombre cambiado), acudiente de Sebastián, de 8 años, suspendido temporalmente del aula escolar -la periodista no lo llama padre, aun con el mismo supuesto apellido- “considera debería ser la última medida a tomar por los directivos docentes ‘ante el comportamiento indebido de los alumnos’” (EL MUNDO, 21.IV.13). Los textos anteriores se refieren al niño Sebastián Restrepo (nombre cambiado) y no se sabe si la escuela es pública –donde muchas veces los padres pretenden que los derechos de su hijo primen sobre sus deberes para con la escuela y sobre los derechos de sus compañeros- o privada, donde generalmente las reglas tienen menos miramientos.


En la arbitraria redacción de los adolescentes de hoy, se puede interpretar que en el primer trino (de 6 que la periodista sondeó o publica) el adolescente –según foto- habla de una acción repetitiva no en una sola sino en dos instituciones educativas, al menos. El segundo hace parte del muy practicado deporte colombiano: “la culpa es de los maestros (y rectores en este caso)”, que es más o menos la misma posición del acudiente –no sabemos si también padre- de Sebastián. Para nada se refiere el supuesto señor Restrepo a su responsabilidad como acudiente -¿como padre?- del menor, al parecer con problemas repetitivos: conversa en clase –es decir, la interrumpe, con perjuicio para la atención de sus compañeros (hasta 60 o más por salón)- sale del aula y de actos comunitarios sin previa autorización –interrupción y desacato-; además “ha agredido con hechos o palabras a otros miembros de la comunidad educativa”. Es decir, ha agredido no sólo a sus compañeros sino, posiblemente, a docentes, directivos o administrativos. Este comportamiento del niño, según se desprende por la información, es no sólo reiterado sino muy reiterado, para llegar hasta donde ha llegado, al parecer. 


La periodista olvidó informar si al niño se le llevó un debido proceso, obligatorio en todos los casos, según el manual de convivencia de cada institución y que el supuesto señor Restrepo tiene la obligación de conocer por ser su acudiente, así como cada estudiante, de acuerdo con las capacidades de su edad. Estos manuales de convivencia institucionales son construidos –de acuerdo con la Constitución y la Ley- por todos los representantes de cada comunidad educativa y luego aprobados por Secretaría de Educación, como lo sabe la doctora Luz Elena Gaviria (Secretaria de Educación). 


Lo relatado sólo es la punta de un iceberg que no es sólo de un Sebastián Restrepo. Son muchos los Sebastián Restrepo en similar, igual o peor situación y muchos los supuestos señores Restrepo en igual, similar o peor situación. El espacio de un artículo de prensa es supremamente corto para bucear hasta el fondo de este iceberg. La voz de las expertas es incompleta, porque también parece que desconocen el contexto como yo y el resto. Mencionaré sólo algunos temas o puntos (que he tratado de manera más amplia en otros artículos): las jornadas de trabajo de ambos padres (cuando hay padres y cuando hay ambos) y su relación con la responsabilidad familiar que no se reduce al dinero para sustento y casa (cuando hay responsabilidad y cuando hay recursos). El hacinamiento de las aulas, hasta 60 o más por salón de clase/docente. El exceso de actividades para cada docente, además de su labor no sólo instructiva sino formadora –es decir- educativa. Cada año que pasa son muchos más los padres de las instituciones públicas que exigen por sobre todo, y por sobre todos, el cumplimiento de los deberes de la institución para con sus hijos. Los mismos que olvidan que también hay deberes.