Columnistas

La soledad de Colombia
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
5 de Mayo de 2013


El gobierno de Santos está muy contento porque muchos gobiernos han apoyado el proceso de paz, incluidos, Estados Unidos, Gran Bretaña y los otros países de la Unión Europea.


El gobierno de Santos está muy contento porque muchos gobiernos han apoyado el proceso de paz, incluidos, Estados Unidos, Gran Bretaña y los otros países de la Unión Europea. Por supuesto, la OEA, Unasur y el Alba.  Sólo la alta comisionada para los Derechos Humanos y la Corte Penal Internacional han puesto de presente que la paz no podrá implicar impunidad.


El presidente Obama se refirió de manera muy positiva sobre esta  negociación. Dijo, sin sonrojarse, que ahora el país estaba más integrado a sus vecinos y no aislado, como antes, queriendo decir, que hoy tenemos buenas relaciones con Venezuela, Ecuador, y sus comparsas. ¡Qué mala leche! Pensar que durante ocho años del gobierno de Uribe, Colombia fue el único país de Suramérica que defendió la democracia liberal y puso una barrera insalvable a las pretensiones de Venezuela de inundar nuestro subcontinente con el castrochavismo totaltario. 


Obama dice, que somos su principal amigo en Suramérica, pero la verdad es que le importa un pepino lo que le ocurra a nuestra democracia, mientras fluya el petróleo venezolano,  más aun si se tiene en cuenta que su secretario de Estado John Kerry ha sido un crítico feroz de la política de seguridad democrática del expresidente Uribe y aliado invaluable de las organizaciones de extrema izquierda que se han especializado en denigrar de Colombia


Gran Bretaña, otrora aliado de primera línea en la lucha contra el terrorismo, ahora está más interesado en la “paz”. Y, la Unión Europea, en medio de la crisis que amenaza su propia existencia, no tiene ni los recursos ni las ganas de apoyar la democracia colombiana. Con la propaganda persistente en la Habana, las Farc fácilmente podrían salir de la lista de grupos terroristas de Estados Unidos y la Unión Europea, porque ahora, gracias a la torpeza del presidente,  esa guerrilla es una ‘Alta Parte’ en la negociación, que actúa de tú a tú con el Estado colombiano, que les ha reconocido tal estatus. Y si Santos ha tomado semejante decisión, ¿por qué los otros países no pueden hacer lo mismo?  Por su parte, Venezuela y Ecuador, junto con su amaestrada manada del Alba podrían declarar a las Farc como “fuerza beligerante”, es decir, como un protoestado con un ejército, que le disputa la soberanía a la democracia colombiana.¿ Qué haría  Santos en ese caso?


La presión y la presencia de la Venezuela chavista se afirma con el apoyo que el golpista Maduro ofrece sin tapujos a las Farc, a la vez que continúa con la pantomima de “estado facilitador”, junto con ¡Cuba!, de la cual el gobernador venezolano es su títere. Con “facilitadores” así, pronto tendremos decenas, quizá centenas de Zonas de Reserva  Campesina  “autónomas”, repletas de coca y bajo la soberanía de las Farc por medio de las armas. Y un movimiento político que se apoya en los mismos fusiles, y una asamblea constitucional que no respetará la regla de la democracia, sino que impondrá, por decisión gubernamental, una cantidad de constituyentes de las Farc, que la harán la fuerza mayoritaria; con gobernantes que pasan de ser criminales de guerra y de lesa humanidad a “respetados”  funcionarios de alto nivel en Colombia.


Cercados por el sur con un Ecuador con un mandatario crecido, luego de ganar las elecciones para su otro mandato, aplastados por la Corte de la Haya que le entregó  la mayor parte del mar territorial colombiano a Nicaragua, pupilo preferido de Venezuela armada hasta los dientes (por lo que Santos considera que no debe ser molestada, ni defender los derechos colombianos para no enfadar a su valedora, porque si no ¿qué sería de la negociación con las Farc?). Con Obama dándonos la espalda, Europa hundida en su propio drama,  y las democracias latinoamericanas en franca minoría,  la democracia colombiana sólo podrá resistir si sus ciudadanos se empeñan en superar todas estas dificultades, defienden al país del asalto de las Farc y su compañero de lucha, Santos.


Cada vez más sola Colombia enfrentará mayores dificultades, las encuestas mostrarán altibajos; la mermelada y la persecución política y mediática será cada vez mayor, así como la presión de la “comunidad internacional”. Es el precio de defender la libertad basándonos en nuestros propios esfuerzos y aceptando nuestras vicisitudes, como parte del precio que hay que pagar por dicha libertad. Pero si perseveramos, saldremos adelante, porque nuestro pueblo no traga cuento ni soporta dictaduras. En Estados Unidos y otros países,  todavía hay algunos demócratas con los que podemos contar. Pero fuera del poder, estos apoyos son más simbólicos que efectivos.


Sólo hay en Suramérica un sector social tan solo como Colombia: la oposición venezolana, que se ha visto traicionada por la política probolivariana del gobierno de Santos y de otros como Lula, que apoya el totalitarismo golpista en Venezuela (como ha hecho con nuestro país),  pero se cuida de que se practique en Brasil, y con el silencio cómplice y denigrante del “campeón de la democracia”, Estados Unidos.  Esa oposición es nuestra hermana, nuestra entraña, nuestro destino. Juntos resistiremos y triunfaremos.


 


1 No sé si otro periodista utilizó este titular en alguna columna, en el próximo pasado. De ser así, le reconozco su autoría y le presento disculpas.