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縈ito o verdad?: Lo que hay que creer de los partidos pol韙icos y la democracia
Autor: David Roll
2 de Mayo de 2013


Esta semana fui invitado como ponente en el Foro sobre Participaci髇 Pol韙ica, el cual fue organizado por el Centro de Pensamiento para la Paz de la Universidad Nacional y por la Organizaci髇 de Naciones Unidas en Colombia.


Esta semana fui invitado como ponente en el Foro sobre Participación Política, el cual fue organizado por el Centro de Pensamiento para la Paz de la Universidad Nacional y por la Organización de Naciones Unidas en Colombia. En él expuse que existen algunos mitos en torno a los partidos políticos, que  deben ser considerados dentro de la negociación para la terminación del conflicto armado colombiano, y sobre todo por los ciudadanos.


El primer mito es el de que hay que prescindir de los partidos para hacer política, porque estos están siempre en crisis y ya nadie cree en ellos. Este mito habla de que la participación ciudadana debe hacerse primordialmente por fuera de los partidos y de las elecciones, porque los partidos son cascarones vacíos y las elecciones no dan legitimidad a los gobernantes. El argumento contra este mito es que a pesar de estar en esa crisis y de la poca confianza que los ciudadanos dicen tener en los partidos políticos, ellos son los principales protagonistas colectivos de la vida política en Europa y América, y hasta en Asia y África han ganado terreno. Baste pensar que todos los países de la Unión Europea, del G-13 y  de los Brics o  potencias emergentes, menos China, son democracias de partidos; y unos 20 países en América Latina.


El segundo mito nace de la creencia de que los partidos van a desaparecer por su crisis, y entonces: ¿Para qué apostar por ellos? Pero lo cierto es que no deben ser desechados, porque en medio de su problema de credibilidad están cumpliendo varias funciones importantes como el reclutamiento de élites políticas y la formulación de políticas públicas; y porque ayudan a defender al Estado del mercado. Además, en América Latina han sido claves en los últimos 25 años, y hasta en Colombia son mejores que antes, a pesar de haber tenido retrocesos también en varios aspectos.


El tercer mito nace de creer que para llegar al poder y hacer cambios la izquierda no puede contar con las elecciones y con el sistema de partidos. Pero esta idea es también equivocada porque fue la izquierda a través de partidos la que transformó y humanizó la democracia, y la que respaldó con más fuerza la  generalización planeada del estado del bienestar. En cambio las experiencias revolucionarias tuvieron un alto costo y no tantos beneficios, y fueron abandonadas en  todos los países del antiguo bloque comunista.


El cuarto mito es que en Latinoamérica la izquierda no puede llegar al poder por elecciones y partidos, y esta idea nace de creer que estas fuerzas van a ser desplazadas por un golpe militar como en Chile o por un genocidio como el de la Unión Patriótica. Pero ello  ya no es cierto, como lo demuestran los casos de Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay y Nicaragua, en los que gobierna la izquierda hace ya bastantes años por procesos electorales.


El quinto y último mito es que es imposible convertir un grupo guerrillero en un partido político o reconvertir líderes guerrilleros en políticos de profesión con éxito. Esto tampoco es verdad porque varios líderes políticos que llegaron a la presidencia antes estuvieron en grupos armados e incluso grupos guerrilleros enteros en Latinoamérica se volvieron partidos. Fueron guerrilleros o pertenecieron a estos grupos, el vicepresidente de Bolivia, el presidente de Uruguay, la presidenta de Brasil y el presidente de Nicaragua. Además el grupo guerrillero Farabundo Martí de Salvador ahora es un partido que gobierna en ese país, y en Guatemala también es partido la antigua organización guerrillera. Y en el caso de Colombia la prueba es el origen del actual alcalde de Bogotá, por no mencionar al propio Antonio Navarro y otros muchos reinsertados comprometidos hoy con la democracia.


Por lo tanto, los ciudadanos no deben renunciar a sus métodos legítimos de participación directa, a través de figuras como los movimientos sociales, de organizaciones de masas o mediante  la protesta social. Pero deben saber que para realmente tener incidencia en las leyes que se aprobarán y en las políticas públicas que se aplicarán es fundamental que participen también como votantes y militantes de partidos políticos.


Profesor Titular Universidad Nacional