Columnistas

El empiyamado Santos
Autor: Rub閚 Dar韔 Barrientos
2 de Mayo de 2013


Confieso que jam醩 hab韆 visto una fotograf韆 en prensa de un presidente de la Rep鷅lica en piyama.


Confieso que jamás había visto una fotografía en prensa de un presidente de la República en piyama. Como tampoco mis ojos han apreciado a un papa en camisilla, por citar un ejemplo. Debo admitir, igualmente, que me suena mejor decir y escribir piyama que pijama, y empiyamado que empijamado. Así como no soy capaz de decirle a alguien que me pase el taburete: simplemente pido que me arrime el tabrete. Pues sí que el presidente Santos apareció en El Tiempo del domingo anterior, en primera página, full color, parte superior, con esta leyenda: “Un presidente recién levantado”.


El mandatario de los colombianos lucía en esa fotografía harto posuda, con camiseta blanca (sin logos ni publicidad) y escueta pantaloneta azul a rayas. Leía El Pilón del sábado y a su siniestra estaba un revistero, para integrarlo al primer plano. Santos pasó la noche de viernes en el apartamento 104 de la urbanización “Nando Marín” de Valledupar. Se había acostado en uno de los inmuebles que el gobierno ha empezado a regalar. Contempló en directo, los 59 metros cuadrados de su tamaño y 3 habitaciones en derredor. Al presidente le gustó la baldosa pero presentó reparos en cuanto a la presión del agua de la ducha.


En otra vivienda de las gratinianas, estaba Vargas Lleras. Pero a ese sitio no le hicieron tanta bulla: ni revelaron el número del apartamento, ni lo mostraron en piyama ni registraron los medios qué le había gustado y qué le había disgustado del bien. Al fin y al cabo, Santos es el presidente y Vargas Lleras es el ministro. Y fuera de eso, el que está en campaña para la reelección es el mandamás actual, así digan que el nieto de Carlos Lleras Restrepo está a pocos días de renunciar, para no inhabilitarse. A propósito: ¿Si dimite Vargas Lleras, apoyará desde la arena política a Santos o se irá incumpliendo su palabra, a buscar el cargo más importante del país? Como dicen por ahí: “Averígüelo Vargas”.


Hay en todo esto un tremendo marketing político. Vamos por partes. ¿Por qué eligió Santos mostrarse en piyama en El Tiempo, aposentado en un butaco color mostaza y en un domingo en primera página? En primer lugar, porque es una imagen con alta sensibilidad dado que su trasfondo es el de una persona con una muestra humilde; en segundo término, porque se toma la foto en Valledupar en el apogeo del Festival de la Leyenda Vallenata, con el periódico de la zona en la mano, lo que despierta sentimientos congraciados con la región; un tercer aspecto, el de darse un baño de pueblo, porque recuerda que la presidencia está regalando viviendas a los más desprotegidos (son 100.000 en la promesa y ya lleva 2.015).


Historias mediáticas de piyamas, pocas. Recuerdo la del otrora presidente de Honduras, Manuel Zelaya, hace unos 4 años cuando un comando de las FF.AA. lo levantó de la cama y lo condujo a San José de Costa Rica. Estaba empiyamado, pero sin pose para la foto. Y otra novela fue cuando el presidente Correa del Ecuador, dijo que los cadáveres de los guerrilleros de las Farc los habían encontrado en piyama. Sin la asesoría de J.J. Rendón, Santos encontró una coyuntural estrategia reeleccionista para sumar votos. Vargas Lleras no quedó en la foto: es que donde manda capitán no manda marinero.