Columnistas

Las vallas de Pachito
Autor: Iván Guzmán López
30 de Abril de 2013


Pachito Santos, que anda de tumbo en tumbo desde que la política tocó a su puerta y lo metió en el cuento de la insulsa y mal resucitada vicepresidencia, continúa metiendo las de caminar.


Pachito Santos, que anda de tumbo en tumbo desde que la política tocó a su puerta y lo metió en el cuento de la insulsa y mal resucitada  vicepresidencia, continúa metiendo las de caminar. La radio, antes su medio natural, ahora le resulta extraña, casi hostil, si recordamos que fue forzado a dejar el programa Noticias de la Mañana, que se transmitía por RCN radio, de 6 a.m. a 10 a.m., pues “el rating del programa estaba por el piso, con Caracol triplicándolo con creces en su audiencia. Cuando la baja del rating comenzó a golpear el P y G de la emisora, Pacho entró en contradicción con Fernando Molina, el presidente de RCN Radio, que sentía que el programa de la mañana estaba afectando comercialmente a la emisora. No solo tenía un rating muy malo, que se traducía en poca pauta, sino que tenía un impacto negativo sobre el resto de la programación de la cadena”. 


Ya antes (no obstante que su primo, el presidente Juan Manuel Santos, había reiterado públicamente que su gobierno es auténticamente democrático y que las marchas no serían reprimidas, porque, además, estas fueron reconocidas como un derecho en la Constitución de 1991), en su Blog de Internet, se había pronunciado torpemente, proponiendo utilizar descargas eléctricas (es decir, una especie de tábano empleado en el pasado por nuestros abuelos para provocar el desplazamiento en manada del ganado), contra los estudiantes que en las calles hacían parte del movimiento universitario masivamente movilizado en la búsqueda de frenar la reforma a la educación superior. Semejante propuesta fue rechazada por los medios, la comunidad universitaria y la sociedad en general. Posteriormente, Pachito se retractó públicamente de su monumental oso y ofreció excusas a todos los estamentos implicados, así como a la opinión en general.


Ahora, tal vez acosado por los fantasmas de las figuraciones políticas pretéritas y presentes de su ilustre apellido; la evocación de las mieles (muy medidas, por cierto) del poder que ostentó en la “vice” durante la era Uribe, o la ansiedad de una hipotética  presidencia futura (para lo cual no ahorra diatriba alguna contra su primo, el Presidente), le dio por montar unas vallas proselitistas en  Medellín, Montería, Valledupar e Ibagué, inicialmente. Después, aconsejado quién sabe si por su almohada, sus ganas desbordadas de poder o sus perversos asesores, qué sé yo, aparecerán en 15 ciudades más, según su anuncio.


Las gigantescas vallas muestran de un modo sugerente, del lado izquierdo (¿?) a Pablo Escobar, mirando hacia el costado izquierdo; del derecho (¿?), a Iván Márquez, el jefe negociador de las farc en La Habana, mirando en la misma dirección. En la mitad, un letrero escrito en color azul, que dice: “Adivine quién ha matado más policías”.


A la polémica que suscitó las citadas vallas, Pachito negó que se trate del inicio tempranero de su campaña, pero defendió su proceder ante el Consejo Nacional Electoral, argumentando que “el proselitismo está permitido, la libertad de expresión está permitida y la oposición democrática está permitida”.


No obstante, es claro que las vallas buscan polarizar a la opinión pública y a la población en general, entre quienes quieren y defienden el proceso de paz que lidera el presidente Juan Manuel Santos, y aquellos que lo ven como una entrega del Estado. Lo cierto es que, como opina Javier Restrepo, director de estudios de opinión de Ipsos-Napoleón Franco, “el mensaje apela a exacerbar los odios y los temores. No es propositivo. Es peligroso”.


La madrugadora campaña de Pachito, que debería estar signada por señales de paz y reconciliación, ya está polarizando y renovando odios. Prueba de ello son los ataques que están recibiendo (sin posibilidad de defensa), Pablo Escobar e Iván Márquez, inicialmente a “tomatazos”, en Medellín, la más innovadora. “Amanecerá y veremos, dijo el ciego”…


Puntada final: dicen los expertos que la reforma a la salud, que prometía acabar con la intermediación saqueadora de las EPS, no es más que “lo mismo, con las mismas y los mismos”; sólo que con siglas distintas. Ante tanta bellaquería, no queda más que lamentarse: ¡ay, país, mi país!