Columnistas

El papel de los vicealcaldes.
Autor: Alvaro T. L髉ez
30 de Abril de 2013


Las cr韙icas contra el se駉r alcalde por la reforma administrativa del Municipio, son injustificadas.


Las críticas contra el señor alcalde por la reforma administrativa del Municipio, son injustificadas. No puede ser entendida la creación de las llamadas vicealcaldías, como medidas del funcionario para desconectarse de las acciones de las carteras locales, pues si algo lo ha caracterizado es su enorme sentido de la responsabilidad y su gran capacidad de trabajo. La intención del doctor Gaviria, sin atender si los resultados han sido los proyectados, ha sido la de imprimirle a su administración un sello de eficaz celeridad de los procesos y de modernización de la gestión municipal en favor de la gente. Nadie que lo conozca puede pensar que su idea fue la de crear una especie de alcaldías suburbicarias, pues de ninguna manera se trata de nuevas divisiones territoriales.


Las vicealcaldías no existen en la nomenclatura colombiana. Al no existir, se pierde la posibilidad de funcionarios al mando. Lo que intentó la reforma administrativa local, fue la introducción de mecanismos modernos de administración como la gestión por procesos y la estructuración de indicadores que permitan la medición de las políticas y acciones de los alcaldes. Para entender el planteamiento hay que partir de que la jurisdicción administrativa en los municipios está radicada de manera exclusiva y excluyente en los alcaldes. Los que llamamos casi coloquialmente vicealcaldes, entonces, no tienen autoridad sobre parte de la ciudad. Son meros sintonizadores de políticas, con la misión de hacer conversar los distintos procesos, sin ser responsables por ellos. 


En Colombia, cada cargo público tiene funciones que surgen con la creación misma del empleo. Se puede decir que un empleo en el sector oficial es un conjunto de funciones que señalan responsabilidades y deberes del titular. Si la reforma no le quitó ni reformó las funciones de las secretarias y direcciones, no puede uno de los llamados vicealcaldes, sin incurrir en extralimitación de funciones, interferir el funcionamiento de las dependencias. Mucho menos es posible cuando se trata de entidades con autonomía administrativa, como en el caso de empresas industriales y comerciales del estado o establecimientos públicos. Es mandato constitucional, muy claro por cierto, que los funcionarios públicos son responsables por infringir la Constitución y las leyes, y por omisión o extralimitación de sus funciones.


Y del otro lado, hay otro tanto. Tampoco puede un funcionario municipal dejar de hacer, invocando la existencia de una autoridad, distinta de la del Alcalde, creada para otros menesteres. Responderá tanto el que omite, como el que se excede. En este panorama, tampoco es válida la crítica por la formación de  los ciudadanos designados como vicealcaldes, pues no son ellos los que tienen que ser expertos, sino los que realmente ejecutan desde las dependencias. A lo mejor la confusión se presenta desde la rimbombancia de la denominación, aunque desde  la hermenéutica las cosas son los que son, no lo que los nombres equivocadamente puedan indicar.