Columnistas

Vivir en la idiocia
Autor: Dario Ruiz Gómez
29 de Abril de 2013


Incautos, creen que un escritor es importante porque lo dice la publicidad y el marketing lo señala como “un éxito editorial”.


Incautos, creen que un escritor es importante porque lo dice la publicidad y el marketing lo señala como “un éxito editorial”. Ha desaparecido por lo tanto el lector autónomo que sabía identificar un texto por su calidad narrativa o conceptual, por llevarnos a la reflexión. Los premios de novela terminaron por descubrir que para las políticas editoriales lo importante a tener en cuenta por el jurado no era la calidad de un texto sino una historia banal que diera paso a grandes ventas. Hoy, por lo tanto, ante la crisis definitiva de esta política del marketing es necesario aclarar que  lo que entró en crisis no es la literatura sino la basura comercial que se hizo pasar como tal, fabricando autores, falseando la crítica. De este proceso de cretinización cultural, tal como la definió Lyotard, ya la verdadera crítica ha dado cuenta mostrando sus consecuencias lamentables en el orden de la cultura y mostrando los desastres producidos por esta manipulación publicitaria.


Varios columnistas españoles han traído a flote la palabra idiocia para describir el lastimoso panorama de la actual vida política en España o sea de aquellos políticos que ante la ciudadanía han perdido la legitimidad que esta les otorgó en las urnas y que han precipitado a la sociedad hacia el abismo de pobreza y miseria que hoy vive. Pero este escenario ha servido para desnudar lo que supone la oligofrenización de la política cuando se la convierte  por parte de inescrupulosos, en un ejercicio de amiguismo, en carrera desenfrenada hacia el lucro personal. Pero, sobre todo, lo que supone la degradación del lenguaje político ante los ciudadanos a los cuales prometieron representar. Idiota se llamó en Grecia al egoísta que, apartándose de los asuntos públicos, se dedicaba a obtener beneficios personales. Señalar a un gobierno como un gobierno de idiotas es recordar que quienes lo presiden olvidaron la ética,  para convertir la política en una broma. La idiocia se refiere, también, a la ausencia de facultades psíquicas e intelectuales,  lo que llevaría inevitablemente, a prevenir sobre el peligro que supone la inteligencia en tiempos como los presentes, y,  a indicar que  para enriquecerse no es necesario contar con ninguna facultad psíquica, tal como lo estamos viendo en Colombia.


Lo peor es cuando la idiocia alcanza a la Universidad, ocupada por oportunistas académicos dominados por una visión pragmática del conocimiento que anula el pensar, que repudia la duda y la aparición necesaria del pensante moral. Ya que el drama de España es que, unos y otros, gobierno y oposición, son cómplices y parte de este desastre en el cual la  corrupción responde a la vigencia  del egoísmo por parte de quienes olvidaron que la misión de la política debe responder a los intereses comunes y no a los fines personales de cada político tal como se está viendo en esta vergonzosa exhibición de atrocidades. Un repertorio de gestos, el uso de una retórica tienen credibilidad cuando los avala la verdad y la responsabilidad del lenguaje; de manera que cuando el ciudadano se pregunta ¿porqué dicen tantas idioteces los políticos? es porque no sólo ha desaparecido la credibilidad en los discursos  de ciertos políticos sino porque el sentido común indica que ni siquiera están diciendo una mentira.


Desde ese suelo constituido por el lenguaje del ciudadano  que permanece ajeno a las manipulaciones de los llamados medios de comunicación, o sea,   el lenguaje de aquel que sufre y acusa los atropellos, la injusticia de estos poderes, viviendo la vida desde la vida misma , se construye permanentemente a través del humor,  la respuesta  a estos idiotas desvaríos, a estas retóricas desgastadas.