Columnistas

Indolencia mata confianza
Autor: Luis Fernando M鷑era L髉ez
29 de Abril de 2013


Las instituciones que prestan servicio p鷅lico (todas lo prestan de alguna manera) deben generar confianza en la comunidad. Y los profesionales que en ellas trabajan deben aportar a ese prop髎itomediante su idoneidad profesional y su rigor 閠ico.

 


Las instituciones que prestan servicio público (todas lo prestan de alguna manera) deben generar confianza en la comunidad. Y los profesionales que en ellas trabajan deben aportar a ese propósitomediante su idoneidad profesional y su rigor ético.


Miremos los casos siguientes.


En una clínica privada de Medellín ingresó un hombre con sangrado gastrointestinal severo. Allí le practicaron una endoscopia que mostró evidencias de la hemorragia, pero, por un error de procedimiento en ese examen, se generó un diagnóstico impreciso y equivocado. Le practicaron también exámenes de sangre, que mostraron niveles de hemoglobina y de glóbulos rojos muy por debajo de lo normal, lo cual confirmaba el cuadro del sangrado y mostraba la condición crítica del paciente. Después de dos días de hospitalización y de practicarle una transfusión de cuatro litros de sangre pero sin realizar un control posterior de su evolución, lo dieron de alta. La hemorragia continuaba. Errores graves de procedimiento de la clínica y de los médicos tratantes. Dos días después fue trasladado a otro hospital para una cirugía de urgencia para reparar la rotura de várices sangrantes en el estómago que no se detectaron a tiempo.


En otra clínica privada dela misma ciudad ingresó un muchacho con una herida de bala. Se comprobó que el proyectil había perforado un pulmón, golpeado la columna vertebral y rozado el hígado. Fue sometido a dos cirugías para reparar estas lesiones específicas, pero no se le practicaron más chequeos. Ni siquiera uno que evidentemente era necesario:verificar si la bala, que vino desde el pulmón y afectó el hígado, había atravesado el diafragma. Se le dio de alta de la clínica. Efectivamente, el paciente teníael diafragma perforado y por ahí su bilis ya estaba afectando el pulmón. Tuvo que ser hospitalizado nuevamente y sometido a una cirugía de urgencia.


Sin duda hay numerosos contraejemplos que muestran condiciones de buen servicio en esas dos instituciones y en todas las demás. Pero casos como estos dos que señalo son tan graves que ameritan un llamado de atención acerca de la calidad de los procedimientos y de los controles que se aplican en todas ellas.


En una de las grandes empresas de servicios públicos de Medellín, el cargo de subdirector de gestión laboral lo ejerce un hombre que es directo beneficiario de las prerrogativas de la convención colectiva, a pesar de que interviene desde hace años en las negociaciones de los mismos pactos colectivos con el sindicato. Su cargo debería clasificarse de manejo y confianza. Además, ha sido tolerante con casos de prostitución dentro de la entidad y con el nombramiento de funcionarios que carecen del título académico requerido para cargos profesionales.


En otra empresa de servicio público de la misma ciudad, la persona recientemente encargada del cargo de dirección de gestión humana ha sido cuestionada públicamente por sus compañeros de trabajo por desórdenes morales en su vida personal.


No pretendo calificar la conducta personal de estos funcionarios, sino señalar indolencia de las instituciones en la consideración de las calidades de personas llamadas a orientar y a controlar la gestión humana, principal factor de éxito de todas las empresas. En esas personas su imagen,su credibilidad y su ejemplo deberían ser su principal instrumento de trabajo.


Estos cuatro casos concretos nos hablan de la crisis de confianza que se genera cuando no se cumplen procedimientos rigurosos en los procesos de la entidad. O, peor todavía, cuando el criterio de ética profesional o responsabilidad social empresarial se vuelven discursos vacíos, que se plasman en los carteles de las salas de espera pero no se interiorizan en la organización y en su gente.