Columnistas

Los Tarahumaras
Autor: Rodrigo Zuluaga
24 de Abril de 2013


Antonín Artaud es recordado como un intelectual rebelde y contestatario, dio mucho que hablar en su tiempo, en las cinco primeras décadas del siglo pasado.


Antonín Artaud es recordado como un intelectual rebelde y contestatario, dio mucho que hablar en su tiempo, en las cinco primeras décadas del siglo pasado. Fue poeta, escritor, teorizador dramático y actor, planteó en sus tesis un teatro total,además un teatro sin palabras, se enfrentó a la sociedad francesa y dijo muy temprano que la cultura occidental era decadente y destinada a desaparecer, por eso en 1936 se desplazó a México para buscar en las montañas del norte a los Tarahumaras, una sociedad indígena  que él llamó primigenia y fundadora, este grupo humano aún hoy vive en la Sierra Madre Occidental con sus ritos milenarios en un asentamiento en el estado de Chihuahua.


El Teatro Tierra dirigido por el incansable Juan Carlos Moyano resolvió, con el fin de celebrar sus 25 años de labores teatrales, realizar un montaje que rememora de forma alegórica la odisea americana del poeta francés. Lo hace con un grupo de  actores incesantes, colectivo de soñadores y aventureros, que él llama obreros del teatro, porque trabajan en el oficio mañana tarde y noche. La obra resultante se llama: La montaña de los signos.


La obra es un homenaje artístico,  no solo al poeta que se lo merece, sino al pueblo Tarahumara, un pueblo pobre, el más pobre,  pero mítico como todos los pueblos fundacionales, como los Tayronas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Esta pieza teatral muy musical por cierto, de principio a fin sabe a piedra, a viento a frío. Muestra la angustia de un pueblo mítico aún hoy asediado por narcotraficantes, buscadores de oro y delincuentes de todos los pelambresque se meten en sus territorios. Mientras ellos sobreviven en viviendas sencillas, con sus labores elementales, siguen siendo la evidencia que dejaron comunidades de asiáticos que ingresaron a América por el Estrecho de Bering. Siguen con sus ritos, con sus chamanes, con sus bailadores, con sus matachines,con sus calaveras y con su peyote –según ellos- con el que se transportan a otras vidas por los siete caminos anchos y misteriosos  llenos de piedras lacerantes, pesadas, que lava el agua y el viento en lo más alto de las montañas.


El director de la obra, Juan Carlos Moyano es un luchador del teatro. Desde 1975 anda recorriendo el país, yendo y viniendo por Latinoamérica, en zancos o a pie junto pero siempre difundiendo la idea que el teatro es un lenguaje indispensable para decir las cosas que no se pueden decir por otros medios.


Esa pieza teatral rememora también lo que significó en su momento el choque entre Europa y América, el sufrimiento y las consecuencias.  Fue posible verlael sábado pasado gracias al Teatro Pablo Tobón Uribe, pues con su nueva administración ha institucionalizado programas y está ofreciendo una variedad de productos culturales  necesarios para la ciudad por la congragación, el convivio teatral y la posibilidad de disfrutar en un lugar cómodo lo mejor de la cultura local y universal.