Editorial

縐na pretensi髇 personal?
23 de Abril de 2013


Hemos sostenido entonces que la reelecci髇 inmediata para gobernantes con per韔dos de cuatro a駉s,cortos para un gobierno productivo,suficientes para un mal gobierno,es una figura que permite tener gobiernos de ocho a駉s con una evaluaci髇 intermedia

 


Ante los alcaldes reunidos en el Congreso Nacional de Municipios, el presidente Juan Manuel Santos presentó su propuesta de ampliar el período de los funcionarios elegidos  por el pueblo o por el Congreso a seis años, eliminando la reelección del presidente de la República y prohibiendo la de funcionarios como alcaldes, gobernadores, procurador o fiscal. El mandatario logró dos efectos con esta bomba noticiosa: ganar adeptos entre quienes históricamente se opusieron a la reelección y con quienes serían los primeros beneficiarios de esta reforma constitucional, y ocultar o retirar la atención de los medios sobre los abucheos que debieron enfrentar los ministros del Interior y de Vivienda durante el encuentro, debido a que los gobernantes locales les reclamaban cumplir compromisos en materia de vivienda, regalías y transferencias.


Desde el año de 1994, EL MUNDO abrió el debate sobre la reelección de los funcionarios de elección popular, encabezados por el presidente de la República, pero también para los gobernadores y alcaldes. Teníamos, y las mantenemos, razones jurídicas para promover que en el país se consagrara esa institución esencial de la democracia, pues ella es estímulo a los gobernantes para hacer su trabajo con esmero y garantía a los ciudadanos de que pueden realizar una evaluación parcial, que puede volverse final, de la gestión de los mandatarios que se someten a esta especie de refrendación a su nombre y su obra de gobierno. Es claro que si el gobernante hace su trabajo cumpliendo lo prometido, obtendrá, mediante su reelección, respaldo del pueblo para culminar la tarea, pero si falla en su labor, el pueblo tendrá la oportunidad de cesarlo en sus funciones optando por otro candidato.


Hemos sostenido, entonces, que la reelección inmediata para gobernantes con períodos de cuatro años, cortos para un gobierno productivo, suficientes para un mal gobierno, es una figura que permite tener gobiernos de ocho años con una evaluación intermedia por parte de los gobernados. Nuestro criterio sobre la institucionalidad de la figura de la reelección inspiró que, aunque pensábamos que el doctor Uribe realizaba un gobierno histórico, reclamáramos de la Corte Constitucional declarar inexequible la convocatoria a un referendo para permitir una nueva reelección del presidente.  Por eso mismo, cuando en el 2011 comenzaron a escucharse unas voces propugnando por la reelección del presidente Santos, que no cumplía un año de mandato, y otras proponiendo eliminar la figura, lamentábamos que “en Colombia los esfuerzos por mejorar las instituciones y ponerlas a la altura de las más avanzadas en el mundo, choque con cierta visión cortoplacista y de coyuntura, al vaivén de intereses politiqueros”. 


La reelección, por una sola vez, es una valiosa oportunidad de autoexamen por parte del mandatario y de evaluación por los electores. Eliminarla, como lo propone el presidente Santos, es regresar a estadios en los que la ciudadanía, después de elegir a un candidato, no le quedaba más que esperar a que cumpliera su término en caso de incumplir sus promesas, o lamentar que cumpliéndolas a cabalidad, no pudiese continuar consolidándolas.  Eliminar la reelección y ampliar el período presidencial a seis años, es acentuar el retroceso imponiendo una automática y más larga “cláusula de permanencia” del gobernante en el poder, sin la posibilidad de que sus gobernados puedan efectivamente manifestar si se sienten o no satisfechos con su gestión.


El presidente Santos ha aclarado que su propuesta significaría que de presentarse a la reelección, estaría dispuesto a dejar la Presidencia dos años después y de ahí en adelante llamar a nuevas elecciones presidenciales para períodos de 6 años sin reelección. En ese orden de ideas, queremos pensar que la propuesta del doctor Santos recoge el inexplicable resquemor del Polo Democrático Alternativo y algunos liberales condescendientes con esa tendencia política contra la reelección, y que no se trata, como ya se insinúa en medios periodísticos y entre dirigentes públicos, de una pretensión protagónica de ganar el tiempo necesario para firmar un acuerdo de paz con las Farc, que es hoy por hoy su obsesión.


En respeto a nuestra tradición sobre la institución de la reelección, nos declaramos amargamente sorprendidos con la improvisada salida del presidente de la República en materia constitucional tan delicada como es la arquitectura del poder. Dadas las implicaciones institucionales de los hechos que comentamos, reconocemos que habremos de volver sobre este tema en muy próximas oportunidades.