Columnistas

Hay teflones que sí se rompen
Autor: Rodrigo Pareja
23 de Abril de 2013


Colombia, un país poco serio y profundo en su discurrir, está acostumbrado a vivir con gran folclorismo alrededor de frases ocasionales o mediáticas


Colombia, un país poco serio y profundo en su discurrir, está acostumbrado a vivir con gran folclorismo alrededor de frases ocasionales o mediáticas, o a poner de moda por algún tiempo palabras o términos que alguien en un momento de inspiración -no siempre con acierto– pone en circulación.


Pasó, por ejemplo, con el vocablo teflón, utilizado por muchos para describir la especie de coraza que contra las críticas y cuestionamientos que se le hacían, muchos de ellos con sobrada razón, parecía tener el expresidente Álvaro Uribe.


Roy J. Plunkett, un operario de la empresa Du Pont, no podía pensar hace 75 años, cuando por pura casualidad lo descubrió, que el teflón por él puesto al servicio de la humanidad iba a convertirse también en égida -eso sí, por algún tiempo– del entrenador de fútbol, Hernán “Bolillo” Gómez.


Porque eso fue por muchísimo tiempo lo que sostuvo a Gómez, “el mejor entrenador del mundo” según algunos despistados comentaristas deportivos antioqueños, pese a los magros resultados que cada semana ofrecía con la tradicional escuadra roja de Medellín.


Quienes mantienen una especie de escandaloso concubinato con la “rosca paisa” y detestan todo lo que no pertenezca a ese cerrado círculo de –según ellos- súper sabios futboleros, durante muchos meses arroparon con teflón al “bolillo” Gómez, a quien nunca atribuyeron, como correspondía, la responsabilidad del estruendoso fracaso.


Siempre fueron, de acuerdo con su sesgada opinión favorable en todos los casos al “mejor técnico del mundo”, los jugadores que no se pararon como el entrenador quería; o los árbitros que no querían al DIM; o el jugador que no salió por la izquierda sino por la derecha; o las pretensiones de algunos que querían eliminarlo definitivamente de la élite futbolera, o equis o ye, pero nunca el sabio Gómez.


En su inmensa sabiduría o en su verborrea diaria, de acuerdo a como cada quien lo entienda, estos comentaristas comprometidos y entregados a quien tienen casi como un semi Dios inigualable del entrenamiento futbolero, nunca mostraron la acerbidad que sí utilizaban contra el otro técnico local, pese a que este empataba o ganaba y ofrecía mejores resultados.


Vale hacer notar que quien esto escribe no siente ni frío ni calor con la actuación de los equipos locales o nacionales, y que le da igual si ganan, pierden o empatan, y que consecuente con esa indiferencia tiene más de 21 años de no acudir al Atanasio Girardot, donde el último gol que vió fue el que anotó el “Bendito” Fajardo al América de Cali en el año 1991.


El teflón mantenido por los comentaristas antioqueños sobre el “bolillo” por fin se rompió ante el descalabro de su gestión, situación que llevó a la dirigencia del cuadro rojo de Antioquia a solicitarle un paso al costado, petición que el endiosado técnico gambeteó a cambio de una posible y millonaria indemnización.


Situación altanera y materialista que no se compadece con ese amor acendrado, inextinguible y eterno que juraba tener por el equipo de la capital antioqueña, el cual a la hora de la verdad -- cuando más se necesitaba gallardía -- dejó de ser verdadero amor y se convirtió en un simple calentón pasajero. 


Su séquito de incondicionales ya está en plan de conseguirle puesto nuevamente al “bolillo” para que con su verso táctico y de estrategias inútiles, mandadas a recoger en esta época donde la televisión mundial muestra el verdadero fútbol, recale en cualquier otro ingenuo equipo que se atreva a contratarlo. 


De todo lo anterior quedan la esperanza y la comprobación de que el teflón, por duradero que parezca, sí puede romperse, algo que ojalá ocurra más temprano o que tarde con otro que, aunque raspado, muestra todavía signos de aguante.