Columnistas

Serpa, un hombre limpio
Autor: Bernardo Trujillo Calle
20 de Abril de 2013


Se ha dicho desde el mismo día del asesinato del doctor Álvaro Gómez Hurtado que allí hubo un crimen de Estado. La versión nunca se ha probado y por eso sigue la investigación con el fin de esclarecerlo.


Se ha dicho desde el mismo día del asesinato del doctor Álvaro Gómez Hurtado que allí hubo un crimen de Estado.  La versión nunca se ha probado y por eso sigue la investigación con el fin de esclarecerlo.  El doctor Álvaro Gómez fue un hombre sobresaliente en los asuntos de la política nacional y aún quienes nunca participamos de su recia posición ultramontana, el país lo trató con respeto.  Él tuvo amigos en todos los partidos que le reconocieron su talento, su buen trato social y su fijación mental por llegar a la Presidencia.  La herencia de su padre Laureano Gómez, presidente conservador de exaltadas actuaciones como congresista, escritor político, jefe indiscutible de su colectividad y también como persona de mundo ex oficio, marcó de manera indeleble el destino de su primogénito.


Cuando el director único del liberalismo doctor Jorge Eliécer Gaitán recibió las banderas de su partido ofrecidas por los jefes liberales que habían sido derrotados por el doctor Ospina Pérez a consecuencia de la división que se propició desde el periódico El Siglo, creciendo la imagen del sacrificado líder de la izquierda frente a la de Gabriel Turbay, impecable estadista y hombre de singulares virtudes ciudadanas, fue evidente que el país entraría por el tortuoso sendero de una violencia que ya había dado sus primeras señales en varios lugares del país.  Con todo, el doctor Gaitán ganó ampliamente las elecciones de Congreso y fue allí donde rubricó su trágica muerte.


Se dijo entonces que había sido un crimen de Estado por la circunstancia y momento en que se produjo, pero las iniciales pistas que habían orientado la investigación en los días iniciales, se fueron desviando hasta perderse en una farragosa y enredada trama a la cual llevaron el proceso los verdaderos interesados en que la verdad nunca se supiera.  Se habló de conspiración de destacados personajes del gobierno, del comunismo, hasta del propio liberalismo.  Lo cierto es que han pasado 65 años y el magnicidio sigue siendo un misterio.  Lo mismo sucedió con Galán cuando era una realidad que llegaría a la Presidencia.  Lo mataron en una conjura aún no totalmente esclarecida.


¿Por qué la familia del doctor Álvaro Gómez se ha empeñado en hallar en Horacio Serpa un coautor del magnicidio, abandonando las primeras pistas que parecían  bien encaminadas?  Qué interés político o económico (?) los ha llevado a escribir libros, contratar a un dudoso sujeto gringo para “reorientar” la investigación a fuerza de testimonios falsos de mafiosos y narcos condenados?  Se quiere manchar el nombre de un político liberal insospechable cuyo recorrido por los altos cargos de la administración y la política han pasado a las páginas de la historia reciente como ejemplo de virtud ciudadana, sin una mancha en su hoja de vida?  Qué otras inconfesables razones subyacen en este odio cerval de la familia Gómez contra un hombre de bien, alguien a quien no le ha mortificado que le pidan exhibir su declaración de renta tan exigua de bienes materiales como lo era cuando asumió los altos cargos que desempeñó?


He leído una copia del memorial que el doctor Serpa le ha enviado al señor Fiscal General en el cual se le pide, entre otras cosas pertinentes, que ordene investigar  la abundante lista de testigos delincuentes con el fin de “establecer la naturaleza, razón, calidad, objetivos y explicaciones de los testimonios” que se están recibiendo o van a recibirse casi clandestinamente en el exterior.  Hay motivos serios para creer que están siendo orientados por un tal Edward Hacerosky, oscuro personaje al servicio de la familia Gómez.   Se sabe que hay un cartel de testigos falsos, el propio gobierno lo ha denunciado, y no se puede dejar que semejantes sujetos vayan a tener peso en una investigación de esta naturaleza.  La familia Gómez, lo he dicho antes, persiguió al ex magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia doctor Luis Eduardo Mejía Jiménez, esclarecido abogado antioqueño, porque no condenó al político caldéense Silvio Villegas, acusado de calumnia.  También son antecedentes dignos de examinarse.  Serpa es un hombre pulcro en medio de tanta suciedad.