Editorial

En la encrucijada
16 de Abril de 2013


Si el voto que eligiera fuera el libre, hoy Venezuela no tendr韆 que temer la victoria de la aplanadora chavista, estar韆 celebrando el triunfo de la libertad representada en la Concertaci髇 Democr醫ica.

 


Con la fuerza que le dan los millones de votos libres que el domingo avalaron su candidatura presidencial y la campaña por la libertad de la Coordinadora Democrática, Henrique Capriles ratificó su decisión de desconocer la supuesta victoria electoral de Nicolás Maduro, hasta que no se produzca el reconteo de los votos del domingo. Lo que a la medianoche del día de elecciones era apenas una voz, fue creciendo hasta ser clamor que unió al consejero electoral Vicente Díaz, a la OEA y a los gobiernos de Estados Unidos, España y Francia. Al contrario de lo que hicieron democracias ejemplares, nuestra Cancillería volvió a desconocer la voluntad de los colombianos para sumarse a un gobierno que clama por respetar unos resultados electorales que no están en firme.


Al arrogante poder chavista de poco le valió la solicitud para un acto que llenaría de legitimidad los resultados del domingo. Sin importar las críticas, la presidente del CNE, Tibisay Lucena, proclamó la elección del señor Maduro como presidente de Venezuela e instó al candidato Capriles a acudir a “los mecanismos institucionales” para presentar el reclamo contra las elecciones, actuación imposible cuando los poderes públicos han sido tomados por el chavismo. La rosca pretende seguir acorralando la libertad amparada en la impunidad que hasta ahora se lo ha permitido. 


La provocación de la señora Lucena es la última de una serie de actos ilegítimos e ilegales contra la transparencia del voto, la libertad del elector y el respeto a las urnas protagonizados por el régimen chavista durante las tres semanas del proceso electoral que concluyó tristemente el día de elecciones. La avisada oposición ha de haber documentado episodios como el ilegal acompañamiento de funcionarios a electores sanos, el apagón de internet por casi media hora, los impedimentos para los observadores ingresar a los sitios de conteo y los hostigamientos a los opositores. Tales irregularidades solo encuentran explicación en el miedo de los detentadores del poder a perder sus privilegios y ser descubiertos en actos de corrupción y tolerancia con el terrorismo.


Así como dejan un poder ilegítimo, las elecciones venezolanas entregan un ganador: el creciente voto libre que estuvo cerca de imponerse sobre la maquinaria y clientela del chavismo. En efecto, los 7’298.491 electores de Henrique Capriles son de ciudadanos libres que optaron por la democracia. Y es preciso recordar que en la coalición confluyen la izquierda y el centro democráticos que se niegan a admitir las orientaciones de La Habana para su país. Frente a quienes superaron toda clase de obstáculos, que resistieron los insultos y presiones del Gobierno están los 7’573.747 electores de Nicolás Maduro, 685.000 menos que los de Chávez en octubre de 2012. Este grupo suma a convencidos de la causa socialista, también a los funcionarios públicos y sus familias, los beneficiarios de las “misiones” (subsidios), grupos que al sumarse representan más de la mitad de los electores de Maduro. Si el voto que eligiera fuera el libre, hoy Venezuela no tendría que temer la victoria de la aplanadora chavista, estaría celebrando el triunfo de la libertad representada en la Concertación Democrática.


Aunque la de Venezuela hoy no es la única ni la última oportunidad en que unas elecciones dejan resultados similares a un empate, sí se diferencia de otras democracias donde el poder no se sostiene en la profundización de la artificiosa lucha de clases que conduce a maximalismos que solo admiten victorias absolutas y derrotas contundentes. En esas democracias, es posible el acuerdo de quienes estaban en orillas opuestas durante las contiendas electorales.  En el caso de Venezuela, donde el odio de clases se ha utilizado como herramienta de proselitismo, no queda espacio para el reconocimiento del adversario y la búsqueda, pasadas las elecciones, del trabajo conjunto en torno a intereses comunes. Hoy,  la Coordinadora Democrática tiene la responsabilidad de mantener el respaldo de los países e instituciones que han sido solidarios en la petición por el reconteo y el de los ciudadanos que confiaron en ella. Sus actuaciones marcarán el camino de salida de Venezuela de la encrucijada a la que la llevaron los personeros del odio, prohijado por los dinosaurios cubanos y fortalecidos por el mesiánico coronel Chávez. Y para tomar tal liderazgo se requieren valentía y talento. Que la Divina Providencia los guíe con bien.