Columnistas

“Los pecados de la Iglesia en Colombia”
Autor: Alejandro Garcia Gomez
16 de Abril de 2013


“Art. 13...El Gobierno impedirá que en el desempeño de asignaturas [...] en todos los ramos de la instrucción [en escuelas y universidades], se propaguen ideas contrarias al dogma católico y al respeto y veneración debidos a la Iglesia.


“Art. 13...El Gobierno impedirá que en el desempeño de asignaturas [...] en todos los ramos de la instrucción [en escuelas y universidades], se propaguen ideas contrarias al dogma católico y al respeto y veneración debidos a la Iglesia. Art. 14. En el caso de [que] la enseñanza de la religión y la moral, a pesar de las órdenes y prevenciones del Gobierno, no sea conforme a la doctrina católica, el respectivo Ordinario diocesano [obispo, cura u otro] podrá retirar a los Profesores o Maestros la facultad de enseñar tales materias”, decía –entre muchas particularidades- el texto del Concordato entre la Santa Sede y el gobierno de Rafael Núñez, ratificado por su congreso el 24.II.88, a casi dos años de su Constitución “regeneracionista” (04.VIII.86). 


Finalizado el real dominio español en América, el clero realista -enemigo de las ideas y acciones independentistas- buscó acomodarse a la nueva sombra del gran árbol de los nuevos gobiernos para defender sus intereses; la Nueva Granada no fue la excepción. Y los del clero no eran precisamente los espirituales ni sólo contra los diabólicos masones y los librepensadores que habían comenzado la construcción de la República. Eran más materiales: ganado, propiedades inmuebles, haciendas con sus peonadas, etc., casi todo recibido como regalo de personas antes de morir y agrandados con su producción. Además, exención de impuestos estatales. Todo lo que el rey español le había concedido al clero colonial a cambio de la prebenda del derecho de propiedad concedida al soberano por el papa desde la llegada de sus huestes, después de 1492. 


“Con el estilo libre [y ameno, digo yo] del relato pero fiel a los hechos históricos”, analizar esta serie de encuentros y desencuentros entre los sucesivos gobiernos de la Nueva Granada, la Gran Colombia, los Estados Unidos de Colombia y la República de Colombia en el siglo XIX, es el propósito que se trazó el escritor nariñense Álvaro Ponce Muriel en su crónica “Los pecados de la Iglesia en Colombia” (Ed. Random House Mondadori, serie Debate, Bogotá, 2011). Su objetivo: “contribuir a que sectores más amplios de la sociedad encuentren en estas experiencias del pasado un motivo más para descartar esa mezcla tan explosiva de religión y política…” (APM, pg. 11), como la que hoy tenemos liderada por el actual Procurador y su círculo, digo. 


Y es que la historiografía de Colombia sí que ha sido rica en estas mezclas explosivas. Desde la “pre” Independencia con el engaño a los Comuneros de Galán por Mons. Antonio Caballero y Góngora. En la Independencia, todos los clérigos fogosamente realistas - como el Obispo Salvador Jiménez de Enciso- se volvieron obsecuentes con Bolívar y defensores de la nueva causa cuando vieron que su rey era causa perdida (Jiménez lo intuyó luego de Bomboná), a tal punto que este obispo intervino en Popayán para que Agualongo –que estaba en capilla-  desistiera de sus ideas y se pasase al republicanismo jurando la nueva constitución, cosa que no consiguió. Bolívar, luego Santander y los que vinieron al comienzo, con olfato político, consintieron en conceder prebendas al clero católico, teniendo en cuenta la unanimidad religiosa de la población y en espera del reconocimiento como nueva república en el panorama internacional. Con los años se fue cambiando el espectro y empezaron a aparecer personajes y gobernantes mucho más radicales en sus posiciones. Se destaca por encima de todos al caucano Tomás Cipriano Mosquera, quizá el verdadero artífice del Estado con visión moderna aunque lleno de los escollos del Romanticismo llevado a la política, tanto que el escritor Víctor Hugo –uno de los máximos exponentes del Romanticismo francés- se sorprendió de la constitución mosquerista de 1863. Sobre Mosquera llovieron rayos y centellas. 


Otro libro contra la Iglesia, dirán. Es a favor de la verdad libre; aclaraciones para debatir sobre las “equivocaciones” del alto clero católico colombiano, digo yo. 12.IV.13