Columnistas

Dos conciertos conmemorativos
Autor: Olga Elena Mattei
16 de Abril de 2013


El Coro Polif髇ico y la Orquesta Filarm髇ica de Medell韓, fundada esta hace treinta a駉s por el em閞ito maestro Alberto Correa, presentaron, para los d韆s santos, en la modern韘ima capilla de la UPB, y en iglesias y salas de otros municipios)


El Coro Polifónico y la Orquesta Filarmónica  de Medellín, fundada esta hace treinta años por el emérito maestro Alberto Correa, presentaron, para los días santos, en la modernísima capilla de la UPB, y en iglesias y salas de otros municipios) un magnífico concierto coral con el Exúltate Jubílate de Mozart y el Requiem de Cherubini. 


No comentaré detalles del motete Exultate porque a causa de los festejos de aniversario se me juntaron dos columnas con dos conciertos y no hay espacio para comentarlo todo; solo diré que la soprano Ana María Burbano lució su extraordinaria voz, con un timbre bellísimo, mezcla de metal y cristal, con gran potencia aún en las notas más altas; sus aleluyas, con el ritmo vivace mozartiano; y sus gorgeos, escalas y trinos, perfectos.


Siguió el Réquiem de Cherubini, reconocido desde su época como una de las más formidables partituras para coral y orquesta. Obra complejísima, con cambios de compás, y hasta del número de voces: Siendo básicamente para coro a 4 voces, en el Dies Irae notamos que se convierten en seis!  Hermosas melodías con un lamento prologando, que aunque no cantábile, si muy lírico: un cántico, no una canción. Los chelos y el armonio, pautan el ánimo oscuro y amargo, acompañados en el Kyrie por solo dos notas de los timbales. El maestro pide fuerza en el coro y en la orquesta. Esa fuerza que viene del espíritu. La fuerza que es el alma del ser humano y de sus expresiones, en  especial, de la música, y que nos lleva a reflejar e interpretar emociones y sucesos desde nuestra perspectiva espiritual…. Se muestran las fuerzas tremendas del arcano; cobres y maderas refuerzan el clamor conjunto. Y luego un pasaje más sereno y con algunos rayos de luz en los trinos de los violines. 


El Maestro dirige como si la obra fuera escrita por él, y hubiera laborado toda su vida para alcanzar este momento, desde el 16 de abril de 1983, día de la fundación de la Orquesta, cuando ofrecieron este mismo programa.


Una semana después el día 10, tras ceremonia de condecoraciones (del Municipio de Medellín, la Gobernación de Antioquia y el Congreso de la República) y de sencillas pero elocuentes palabras del Maestro Correa, la Orquesta nos entregó su preciosa interpretación de la famosa obertura de las Bodas de Fígaro de Mozart. Como expliqué, por razones de espacios y turnos en la página  editorial me estoy viendo obligada a condensar en una sola columna dos conciertos. Por este motivo no comentaré en detalle el Concierto para chelo de Haydn. Sí diré que me disgustó la ejecución del chelista: el volumen de su voz me pareció débil y aunque la ejecución de los arpegios y los trinos y de las dobles y triples cuerdas de sus solos y de sus cadenzas mostraron habilidad, y algunos pasajes se escucharon a veces con mayor energía,  tocó toda la mitad del primer movimiento en un tempo distinto del de la Orquesta; y además se permitió cometer algunos portamentos que no se estilan en una obra como ésta, por su carácter y su época. 


Comentaré la tercera sinfonía de Beethoven (Eróica) con la cual se coronó la festiva noche. La Orquesta abre con un maravilloso fraseo, cada sección lleva la emisión controlada y progresiva de un crescendo expresivo, y todo el conjunto el vigor necesario. Nada de los portamentos del chelo que me tenían alerta: stacatos cortantes, o temas con notas bien definidas. Surgen melodías, como brillantes reflejos; los tuttis de acordes repetitivos llegan al máximo con exactitud y solidez y los cantábiles de los vientos contestan reiteradamente. Dúos y tríos de metales claman y las cuerdas en pizicatto acentúan y puntúan. Otros dúos y diálogos entre primeros y segundos violines, luego entre el concertino y los cornos. Estos logran frases brillantes rematadas con suaves diminuendos hasta  pianísimos extremos difíciles de lograr: a manera de un eco que se aleja,. En seguida uno de esos tuttis con los cuales Beethoven rompe con la humanidad y con las tradiciones musicales. En toda la obra el lucimiento magistral del Director resulta fascinante. El Maestro amarra la intervención de cada instrumento con su sola mirada. Segundos antes de dar cada entrada, mira oportunamente a la percusionista (Sandra Gómez, quien ejecuta con gran exactitud), o a la sección de las violas o al fagot solista, etc. El Maestro logra varias veces una limpia economía de gestos, pero sin perder un detalle ni ahorrarse esfuerzos físicos cuando los ritmos cavalcantes y los tuttis. 


Luego del Concierto, la Orquesta ofreció un opíparo coctel, al cual fue invitado todo el público. No quiero dejar de comentar que en el escenario, antes de sus propias condecoraciones, el homenajeado tuvo el inacostumbrado gesto de condecorar él mismo a varios músicos colegas que lo acompañaron en la fundación. Hermoso gesto que se le ocurre solamente a personas como el Maestro Alberto Correa.