Editorial

Aliados
15 de Abril de 2013


A favor de la consolidaci髇 de la alianza natural entre las dos naciones, se presenta hoy un panorama continental que demanda del Gobierno del presidente Obama construir mejores relaciones con sus verdaderos amigos.


El Departamento de Estado acaba de emitir un comunicado para “las decenas de miles” de estadounidenses que cada año viajan a nuestro país para informarles que “la seguridad en Colombia ha mejorado significativamente en los últimos años, en los destinos turísticos y de negocios, como Bogotá y Cartagena, pero la violencia conexa con el narcotráfico sigue afectando algunas zonas rurales y algunas partes de grandes ciudades”. El documento reconoce un creciente aumento de la seguridad en el país desde el año 2002. En forma casi simultánea el Gobierno de Barack Obama anunció la reducción de US$61 millones para el Plan Colombia, a fin de destinar esos recursos a otros países centroamericanos a donde se han trasladado el narcotráfico y sus secuelas de violencia.


Entre tanto, el Congreso de Estados Unidos acaba de emitir un revelador pronunciamiento de respaldo a Colombia, a través del representante Edward Royce, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, quien ha ofrecido “apoyo total a la aplicación de Colombia para convertirse en miembro de la Ocde”, arguyendo que el país “ha demostrado que es un aliado confiable y valioso en organizaciones internacionales”. Royce, republicano originario de California, llegó a la Comisión de Relaciones de la Cámara estadounidense en 1993 y fue electo su presidente para la legislatura que corre.


Al concluir los años noventa, una alianza en la que confluyeron conspiradores de la oligarquía bogotana y las montañas de Colombia para aliarse con estadounidenses aristocráticos y autocráticos, intentaba cercar nuestras instituciones democráticas valiéndose de los garrotes de las certificaciones en la lucha antidrogas, caídas por decisión de la Cumbre de las Américas, y en defensa de los derechos humanos. Las entregas de certificaciones condicionadas no doblegaron el interés de Colombia por fortalecer su alianza con Estados Unidos ni sus empeños en la derrota de los criminales que han unido narcotráfico, terrorismo y violaciones a los derechos humanos para tratar de fundar sus imperios criminales.


Llegar al estado de confianza que sustenta el estado de aliados que están forjando Estados Unidos y Colombia no ha sido un recorrido fácil para nuestro país. Se necesitó del martirio de los colombianos en el fracasado proceso de paz del Caguán para obtener el reconocimiento, tardío, del Gobierno estadounidense a la condición narcoterrorista de las Farc, fundamento del apoyo al Plan Colombia, concebido por el gobierno Clinton, ejecutado y mejorado en los dos gobiernos de George W. Bush y conservado, en el marco del previsto proceso de reducción de destinaciones presupuestales, en los gobiernos de Obama. Colombia, por su parte, ha mantenido, y confiamos en que lo seguirá haciendo con igual firmeza, una política coherente de lucha contra el narcoterrorismo y la defensa de la democracia, que ha afianzado sus instituciones y consolidado la confianza en su economía.


A favor de la consolidación de la alianza natural entre las dos naciones, se presenta hoy un panorama continental que demanda del Gobierno del presidente Obama construir mejores relaciones con sus verdaderos amigos que, por demás, son los países miembros de la Alianza del Pacífico -Chile, Perú, Colombia, México y los candidatos, Panamá y Costa Rica-. Estas naciones, complementarias en sus economías e identificadas en la defensa de los valores de la libertad y la democracia, necesitan el apoyo del Imperio para contrarestar los riesgos que representan los gobiernos latinoamericanos extremistas con sus actuaciones dentro y fuera de sus fronteras.


Con estos nuevos pronunciamientos del Gobierno y el Congreso de Estados Unidos se confirma, como dijimos en editorial del 11 de enero de 2010 tras fructífera reunión en Colombia entre el presidente Uribe y delegados del presidente Obama, que “si Colombia ha sido miembro leal de la alianza, incluso llegando hasta a aceptar sacrificios para mantenerla vigente, lo mínimo a que puede aspirar es contar con la reciprocidad del primer beneficiario de sus esfuerzos”. Ahora que empezamos a recoger frutos, nuestra tarea es proteger y fortalecer una alianza que todavía necesita de conexiones que la hagan plenamente efectiva y productiva para todos.