Columnistas

La humildad
Autor: Pedro Juan González Carvajal
9 de Abril de 2013


Mucho se ha utilizado este término en las últimas semanas. Parece que lo hubiéramos sacado del baúl de los recuerdos y que por alguna circunstancia extraña se salió de allí o alguien lo sacó.

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Mucho se ha utilizado este término en las últimas semanas. Parece que lo hubiéramos sacado del baúl de los recuerdos y que por alguna circunstancia extraña se salió de allí o alguien lo sacó.


Dice el diccionario que la humildad es la virtud que resulta del sentimiento de nuestra bajeza. Practicar la humildad. Acción humilde. Bajeza de nacimiento. Sumisión, rendimiento, sencillez, docilidad, recato, acatamiento, mansedumbre, ductilidad, suavidad, fidelidad, manejabilidad, dulzura, benignidad, dependencia, disciplina, flexibilidad, sujeción, respeto, reserva, timidez, pobreza, indigencia, desamparo.  Y que humilde es aquel que se rebaja voluntariamente. Que da muestra de humildad. Que es sencillo y que actúa con modestia.


En un mundo farandulero es muy difícil que las vanidades humanas y las institucionales (manejadas por humanos) no sean parte del aderezo de las acciones cotidianas, compitiendo cabeza a cabeza con quienes tienen responsabilidades u objetivos semejantes.


Contrario a la humildad es la brillantez, el boato, la ostentación, el lujo, fausto, derroche, pompa, esplendor, riqueza, fastuosidad, suntuosidad, postín, gala, magnificencia, grandeza, oropel, opulencia.


Difícilmente una organización humana, social, política, económica, religiosa, militar, tecnológica, deportiva, entre muchas varias, en medio del desarrollo de los ritos y celebraciones que le son propios, puede alejarse en términos de mercadeo y de aproximación a sus seguidores, de emplear parte de estos menesteres poco humildes pero que sirven de mecanismo de atracción para aproximar a los súbditos o a los distintos tipos de clientes.


La parafernalia alrededor de la posesión, del matrimonio  y de la muerte de los distintos tipos de líderes en el mundo, es cosa común, así como cuando se habla de importantes aniversarios, grandes  sucesos, o acontecimientos de singular significancia.


Otra cosa es el carácter de representación que debe ser ejercido por quien acepta un cargo para el cual fue electo y el sello personal que  le quiera dar a su tipo de manejo, el cual, con el ejemplo, puede dar o no, interesantes resultados.


El poder de convencimiento del político, la voz de mando del militar, la postura  conciliadora del sacerdote, la claridad del empresario, son, entre otras, algunas de las características que le son propias a distintos tipos de dirigentes.


Un  referente clásico en los temas administrativos, es que las personas pasan, pero las organizaciones quedan.  De ser así, las posturas del director de turno, en caso de encarnar los intereses organizacionales, deben quedar enraizadas en lo más  profundo de las cimientes de las organizaciones para que éstas no sean flor de un día y que se convierta en realidad aquello de que cada alcalde manda en su año.  


El cambio de estructuras y posturas de organizaciones centenarias y más aún milenarias, no se logra de la noche a la mañana y deben ser realizadas con mucho tacto y tino, pues la carga de experiencia histórica y la carga emocional de sus miembros, es algo que debe ser tratado con sumo cuidado.


Amanecerá y veremos, como dice el aforismo.


Recordemos a Pablo Alzugaray cuando dice: “Las ideas son como los árboles, frágiles y vulnerables cuando están naciendo y casi invencibles cuando han madurado”.  





Comentarios
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Mizomba
2013/04/09 08:23:20 pm
Humildad? Mmmm, de ello no saben políticos ni gobernante, militares ni académicos de alta iglesia, bonitos y poderosos.