Columnistas

Perros mordedores
Autor: Anibal Vallejo Rend髇
9 de Abril de 2013


En las relaciones humanas a trav閟 de las leyes se busca la consolidaci髇 de la justicia y estas ayudan a refrenar los instintos primarios de las personas para lograr precisamente que se imparta justicia en lugar de obtener venganza.


En las relaciones humanas a través de las leyes se busca la consolidación de la justicia y estas ayudan a refrenar los instintos primarios de las personas para lograr precisamente que se imparta justicia en lugar de obtener venganza. Cuando de animales se trata, en este caso de los domésticos, el menor rasguño o un mordisco inoportuno hacen clamar por la eutanasia sin que medie reflexión alguna sobre las causas o las formas de evitar que estas situaciones se presenten. El reciente artículo de la columnista vecina en el periódico EL MUNDO (1º de abril de 2013), Mariluz Uribe de Holguín, Dos para llorar, tres parar reír…convoca a pensar en ese fantasma denominado animales mordedores. Que tristemente ha llevado a la muerte a miles de perros, sobre todo aquellos que no tienen dueño. Con $20 el Inspector de Permanencia conminaba en 1957 a un señor Pablo de Jesús “para que en lo sucesivo se abstenga de dar perjuicio con un perro lobo el cual deja en la vía pública mordiendo a las personas y a otros animales, según informes de este despacho”. El despacho era la Sociedad Protectora de Animales que ejercía un estricto control que la llevaba incluso a buscar en remotos lugares a los perros mordedores. Algunos eran encontrados. Pero otros… “esta oficina hizo todo lo que estaba a nuestro alcance para dar con el paradero del verdadero perro que mordió al menor, todo fue inútil, pues ni averiguando de puerta en puerta en el sector fue posible obtener información satisfactoria. Se llegó al caso de que en una casa el menor reconoció a un perro como el que lo mordió, pero la señorita que lo tenía dijo que ese no era el animal que únicamente era muy parecido y manifestó que precisamente a la hora de ocurrir el suceso, ella estaba viendo entrar a los ciclistas de la doble a La Pintada y el perro había quedado encerrado en la casa. Parece pues, que el animal era callejero y no de ese sector…”


Se lograba identificar dueños y lugares de residencia en registros con nombres extraños, compartidos entre propietarios, mordidos y animales: Eloín Guayales, Dioselina Infantivo, Felizardo Barrera, Lucinia de Luna, Angel Mayane, Abacu Vásquez, Sua Sua Melquicedec. Los que parece agujaron a los perros Porpispo, Cafir, Darcel, Marvy, Fifí, Boliche, Rinamar, La Parrana, Tarrao, Trosky, para que mordieran en lugares como la esquina El Pecado, en Barrios Unidos, Hoyo de Doña Rafaela, Rancholargo, esquina del Desarenadero, el Alto del Caballo, el Callejón del Manjurrio. El reporte al Jefe de Epidemiología correspondiente al año 1962 se refiere a 512 perros vacunados contra la hidrofobia, 229 quejas recibidas por mordeduras de perros, 5 quejas por mordeduras de perros desconocidos, 324 citas y visitas efectuadas a residencias de propietarios de perros causantes de mordeduras y otros perjuicios, 242 perros puestos en observación en poder de sus dueños pero con las instrucciones del caso, 7 cabezas cortadas a perros muertos sospechosos y enviadas para laboratorio, 8 perros enviados directamente para ser observados en el Coso, con cero resultados positivos, ningún perro ni otro animal sacrificado por hidrofobia. 


No desvirtuamos la importancia que puede revestir el ser víctima de una mordedura, ni de subestimar lo traumático que puede resultar para una persona el hecho de ser atacado por un animal. Hay que asignarle al problema la magnitud real que le corresponde en cuanto a su incidencia en la población general. Pero en otra columna será.