Columnistas

Torre Empleo
Autor: Alberto Maya Restrepo
8 de Abril de 2013


Mi artículo anterior sobre lo que sucede al pensar en más pistas para el aeropuerto Eldorado, de Bogotá, podría complementarse con este comentario:


Mi artículo anterior sobre lo que sucede al pensar en más pistas para el aeropuerto Eldorado, de Bogotá, podría complementarse con este comentario: si resolvieran hacer allí, a un costo de 10.000 millones de pesos adicionales, la torre de control en forma de poporo, como se ha propuesto por parte de alguien, no me extrañaría porque en dicha suma cabría una comisión especial para que se pudieran educar amplia y generosamente los hijos de algún funcionario público con capacidad de decisión en esa absurda situación. Es que hay que ver lo que mueve en dineros la Aerocivil y las posibilidades variadas que se presentan para incrementar costos y hacer chambonadas al mejor estilo de aquel Presidente que decía que “estaba chamboniando”. Hasta de la construcción de una torre de control que, de hecho, puede tener un estilo característico que la diferencie de otras, se pegan para aumentar costos a sabiendas de que en cada rubro de un presupuesto aumentado hay posibilidades de sumar mordidas. ¿Quién vigila? O será como, por ejemplo, en el caso de InterBolsa en el que el Presidente de la Bolsa de Colombia dijo que “todos sabían” que habían movimientos exagerados con repos de Fabricato. Luego, si conocía del hecho, y estaba en condiciones de juzgar si aquello era riesgoso, ¿por qué guardó silencio frente a esa burbuja y nada advirtió al público? Se cruzan sutiles linderos para entrar a terrenos de la complicidad.


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Como parte de unos trámites en las oficinas de una entidad financiera en Medellín, hubo que enviar unos documentos para obtener la aprobación del abogado. Eso está bien. Lo que me llamó la atención de ese caso que conocí fue que el tal abogado es de Bogotá y vía Internet se le remitió lo pertinente. Siendo una oficina en Medellín ¿por qué el abogado que tiene que ver con lo de acá está en Bogotá? ¿Es que aquí no hay abogados por montones para contratar y gestionar esos asuntos? ¿Qué de más tienen los bogotanos, o es que prefieren a los que dicen “ala” y hablan “chirriado”? Conclusión: para atender, al menos, lo de Antioquia, hay que dar trabajo a profesionales de Antioquia, y no alimentar al ya asfixiante centralismo del altiplano. Enemigos del empleo antioqueño no pueden ser los mismos de Antioquia.


A propósito de empleo en Medellín, hay varios españoles ocupados en posiciones “sencillas”, de esas que un administrador, o contador, o similar, puede desempeñar aun recién salido de la escuela o facultad. Si Medellín no exhibe pleno empleo, sobre todo en ese segmento de quienes apenas han terminado sus estudios, ¿por qué se deja que españoles o, en general, extranjeros vengan a quitar oportunidades laborales a los de acá? Si no son empleos que requieren de raras especialidades o de un cúmulo de experiencias escasas en el medio, ¿no habrá que llamar la atención a empleadores que así contratan y a las autoridades que otorgan visas o licencias de trabajo? Otra vez: los enemigos del empleo antioqueño no pueden ser los mismos antioqueños. La caridad empieza por casa, aparte de que, si miramos niveles de corrupción, han de leerse los informes de Transparencia Internacional en los apartes en que se refieren a España.


También, hay que contar con que Colombia ha de prepararse para una muy posible llegada de venezolanos hambrientos al país, ya que la situación económica del vecino es mala y sin un horizonte despejado, pues un régimen como el chavista subsiste si hay dinero, pero solo vivir del petróleo (el 95% de las exportaciones de Venezuela) no es suficiente y la falta de industrias (el régimen acabó con las que habían en muchos sectores), las continuas y disfrazadas devaluaciones del bolívar, la muy alta inflación, en fin, pesan y el panorama es oscuro en lo económico, que luego saltará a lo social. Han acostumbrado en Venezuela a sus “laboriosos” ciudadanos a vivir de subsidios a cambio de ir a las manifestaciones chavistas. ¿Cuánto podrán subsistir?