Editorial

Los d髄ares que nos llegan
6 de Abril de 2013


A鷑 falta en la promoci髇 de las ventajas del pa韘 para sectores que pueden aprovechar la infraestructura, las condiciones de competitividad y el talento de los colombianos en su desarrollo.


El Gobierno Nacional celebra las últimas noticias sobre el crecimiento de la Inversión Extranjera Directa en 2012, que llegó a US$15.823 millones, con aumento en 16 % frente a la de 2011, cuando sumó 13.234 millones de dólares. Estos guarismos confirman la recuperación del ritmo de inversiones hacia Colombia, que habían decaído levemente en 2009, y permiten tener expectativas por comportamientos semejantes en 2013. A pesar de ese aumento y de que la IED sigue creciendo sostenidamente, con excepción del año 2009, Colombia está muy lejos de los principales receptores en el mundo, que están encabezados por Estados Unidos, con ingresos por US$210.700 millones, en 2011, y de Latinoamérica, donde la cabeza es Brasil, que captó US$60.660 millones en el mismo año.


El crecimiento de la IED en un año en el que Europa tuvo que volver la mirada sobre sí misma para protegerse de la crisis de varias de sus economías y el hecho de que buena parte de esa inversión provenga de Chile, Perú y Estados Unidos, además de Panamá, revela las bondades de la decisión de los distintos gobiernos de fortalecer las relaciones económicas con países complementarios del continente americano y ratifica la orientación de consolidar la Alianza Pacífico, en la perspectiva de generar un bloque económico que consolide las relaciones con el Foro de Cooperación Asia-Pacífico.


Como han destacado los ministros de Comercio y Hacienda, el crecimiento sostenido en el tiempo de la inversión extranjera muestra que se ha consolidado la confianza de los inversionistas en la estabilidad económica de un país en el que los gobiernos respetan los derechos de los empresarios garantizándoles un marco institucional estable y en el que se mantienen condiciones macroeconómicas y jurídicas sin variaciones que afecten sus proyecciones en el mediano plazo, aunque falta más estabilidad en el largo plazo. Aunque los señores ministros tienen razones para celebrar, también deberían evaluar las acciones del Gobierno Nacional y de muchos de los departamentales y municipales, para atraer la inversión extranjera y ofrecerle garantías para su permanencia en el país.


Como viene sucediendo desde el año 2008, la mayor parte (54 %) de la inversión recibida en el año 2012 fue en los sectores de minería y petróleo, que por supuesto mejoran su capacidad y tecnología gracias a compañías sólidas y experimentadas que nos ayudarán a desarrollar un modelo de explotación sostenible social y ambientalmente. El Gobierno debe reconocer, sin embargo, que las mineras llegan atraídas por la riqueza de nuestro subsuelo. Asimismo, la más baja actividad en otros sectores, así se haya crecido en manufactura, demuestra que aún falta en la promoción de las ventajas del país para sectores que pueden aprovechar la infraestructura, las condiciones de competitividad y el talento de los colombianos en su desarrollo. 


Cualquier análisis sobre las características y virtudes, o no, de la IED en Colombia se dificulta por la precariedad de la información ofrecida por un gobierno que no cuantifica el valor de la desinversión, que en 2012 fue alta por las ventas de varias empresas europeas a nuevos inversionistas, muchos de ellos chilenos y de empresas colombianas que encontraron socios internacionales a los cuales venderles parte importante de sus propiedades.  Además de generar falsas expectativas sobre la existencia de IED, estas operaciones son un factor desestabilizador de la política monetaria, en tanto presionan la revaluación, principal dolor de cabeza en ese campo.


A propósito de revaluación, la noticia sobre la autorización del Congreso al Gobierno para que adquiera nueva deuda por diez mil millones de dólares, recibida con alborozo por el ministro Cárdenas Santa María, representa un golpe a la lucha por la estabilidad cambiaria y manifiesta una contradicción, que no esperábamos, en el funcionario autor de la frase de que “la revaluación es la madre de todos los males” del sector productivo. Así los recursos se contraten en cinco o seis años, su llegada a la economía nacional implica una presión sobre la política monetaria que se podría evitar con manejos más coherentes de la política de endeudamiento, inversión y gasto fiscal. Pero este será tema de un nuevo comentario sobre tan delicado asunto.