Editorial

Centro para la vida
5 de Abril de 2013


Es necesario que se fije como meta que sus medidas trasciendan el período de gobierno, pues una de las mayores frustraciones de la ciudad ha sido la de variabilidad en las políticas de intervención del Centro.

 


Con intervenciones en la Plaza de Cisneros, las carreras Bolívar y Carabobo, la Avenida Oriental y el bazar de los Puentes, la Alcaldía de Medellín avanza en la construcción del programa bandera “Centro para la vida” y el diseño del plan estratégico para vincular a los ciudadanos que aspiran a que el Centro se reconozca como territorio para el respeto de los derechos humanos, la tolerancia con la diversidad, la vigencia de la Constitución y la Ley y el disfrute pleno de la ciudad por sus distintos habitantes.


Para alcanzar su ambicioso objetivo, la Administración Municipal propone la intervención integral de sus vicealcaldías en los campos de Seguridad, Convivencia, Legalidad y Movilidad, mediante las cuales se busca atender a la población vulnerable, enfrentar la delincuencia y generar confianzas, para atender la problemática asociada a la explotación sexual de menores de edad y mujeres, el microtráfico, los grupos armados ilegales en funciones de para-vigilancia, la apropiación indebida del espacio público y los ataques a la vida y la integridad de las personas. El programa incluye intervenciones en ornato y mantenimiento de la ciudad y sus edificaciones.


Se busca de esta manera garantizar que el Centro adquiera una plena condición de territorio, en el que los espacios públicos favorezcan la creciente presencia de ciudadanos en el disfrute de la calle, los parques y los eventos urbanos. También es necesario que se fije como meta que sus medidas trasciendan el período de gobierno, pues una de las mayores frustraciones de la ciudad ha sido la de variabilidad en las políticas de intervención del Centro, lo que ha dejado, como más visible consecuencia, su fragilidad frente a las intenciones de sectores débiles.


En este mes de abril, que en años anteriores fue el de celebraciones para el Centro, se van a presentar las acciones previstas para este año, también se van a divulgar los resultados de los planes pilotos en sitios como la Plaza de Cisneros, centro histórico de la ciudad al que no se le puede cambiar su nombre por el artificioso de “plaza de las luces”, que apenas recoge una pequeña parte de la estructura donde han tenido lugar los principales hitos de la historia política de Medellín, desde las manifestaciones partidistas del siglo XX hasta las movilizaciones ciudadanas por la paz de la década pasada, y donde se han puesto en evidencia los principales cambios físicos de la ciudad.


La decisión de intervenir en el Centro es osada e inicialmente será ingrata, aunque su planteamiento permite esperar que en el mediano plazo se consolide un espacio de convivencia allí donde han crecido problemas de distinta índole, pues si hace treinta años las preocupaciones se generaban por los problemas de construcción del Metro, hace veinte aparecieron por la ocupación desordenada del espacio público por venteros informales que le peleaban a la falta de oportunidades con pequeños e improductivos negocios, y hoy son resultado de la violencia, la delincuencia y el comercio ilegal de personas y bienes, problemas que demandan de la convergencia de las autoridades administrativas, la Fuerza Pública y la Fiscalía, de manera que al enfrentarlos se garantice la eliminación de los focos puntuales de comercio ilegal, el control a las redes que los impulsan y la judicialización de los delincuentes que impulsan estos negocios criminales. La actuación conjunta con el Gobierno Nacional podría generar un modelo de acción integral contra estas formas de delincuencia, que garantice su erradicación de la vida de las ciudades.


Acompañaremos a la Administración Municipal en sus esfuerzos por la recuperación del Centro como territorio donde es posible el encuentro de todos, donde caben la pluralidad de actividades, la diversidad cultural y las más diversas formas de vincularse a la ciudad y realizar su potencial para el encuentro y la realización plena de la ciudadanía en el otro. También, como es nuestro deber, estaremos vigilantes al cumplimiento de las metas fijadas y a las actuaciones de los funcionarios que asumen la inmensa responsabilidad de convertir en esperanzadora realidad lo que hoy es dolorosa frustración de esta ciudad.