Columnistas

El inesperado boom energético de los Estados Unidos
Autor: Rafael Bravo
5 de Abril de 2013


El renacimiento del sector energético en los Estados Unidos es una realidad que nadie anticipaba hace una década.


El renacimiento del sector energético en los Estados Unidos es una realidad que nadie anticipaba hace una década. Hay que remontarse a comienzos de los setenta cuando la producción de petróleo y gas alcanzo sus máximos niveles, para luego comenzar su descenso por el cierre de miles de pozos. Entonces el país rápidamente pasa a depender de suministros extranjeros para mantener a flote la economía. Asimismo, por muchos años ha habido una transferencia de riqueza de incalculables proporciones hacia el Medio Oriente que ha puesto en evidencia amenazas a la seguridad nacional y una dependencia de países abiertamente en conflicto con los Estados Unidos.


Las políticas de la Opep y la economía de producción son variables que han jugado un papel importante en el boom reciente. El aumento de los precios del barril de crudo han dado lugar a novedosas tecnologías de extracción que en el pasado no tenían sentido en un mercado de oferta con bajos precios. El sistema de perforación horizontal si bien no es nuevo, sí lo es su aplicación, que combinado con ‘’ fracking’’ ha permitido la recuperación de cuantiosos volúmenes de petróleo crudo y amplias reservas de gas natural.  El ‘’fracking’’ es un método consistente en la utilización de agua a alta presión que rompe las formaciones rocosas y estimula el movimiento de hidrocarburos. 


A partir del 2006 la producción de crudo, gas natural y bio-combustibles ha crecido alrededor de 3 millones de barriles por día, casi el equivalente a la suma de lo que producen Iran, Irak y Venezuela juntos. Tan solo en el año anterior, se extrajeron 6.4 millones de barriles, la cifra más alta de las 2 últimas décadas y se espera que llegue a 7.3 millones en el 2013. La autosuficiencia energética que antes se consideraba un sueño, será posible para finales de la década.


Desde el punto de vista económico, las perspectivas son muy halagadoras. De acuerdo con las proyecciones del IHS Global Insight, de aquí al 2035 se vislumbran inversiones  del orden de los 5 billones de dólares ( trillones en inglés ) en la industria de petróleo y gas, que a su vez se traducirán en más de 3.5 millones de nuevos empleos. Este multiplicador económico va a impactar a vastos sectores, desde empresas de construcción, firmas de ingeniería, proveedores de equipos hasta bancos que sirven de soporte a los proyectos.


Pero no todo es color de rosa. Por un lado, el uso de tecnologías no convencionales comienza a crear inquietudes entre los ambientalistas que cuestionan los efectos en el futuro suministro de fuentes de agua potable, una eventual contaminación de las mismas, mayor actividad sísmica y la descarga al medio ambiente de gas metano derivada del sistema de fractura hidráulica o fracking. Por otra parte, la industria enfrenta una escasez de mano de obra especializada a medida que la generación de ingenieros de geología y petróleos se aproxima al retiro.


Finalmente, desde el punto de vista geopolítico si bien los Estados Unidos podrían alcanzar a equilibrar su balanza comercial en corto tiempo gracias a las menores importaciones de crudo, al interior de los países miembros del cartel petrolero no se descarta la posibilidad de una lucha por el poder que llevaría a una guerra de precios y turbulencias en una región tan explosiva como lo es el Medio Oriente. Venezuela en particular podría verse afectada en un mediano plazo teniendo en cuenta que un gran volumen de sus exportaciones tienen como destino Norteamérica.