Nacional

Las Farc acusan a Uribe y Pastrana de ser "venenosos como alacranes"
3 de Abril de 2013


El jefe de la delegación de las Farc en los diálogos de paz con el Gobierno rechazó las críticas de los ex presidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe y los calificó de "venenosos".



EFE


El jefe de la delegación de las Farc en los diálogos de paz con el Gobierno, "Iván Márquez", acusó hoy a los ex presidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe de ser "venenosos como alacranes".


"Colombia es un país con ex presidentes venenosos como alacranes, que aunque no pudieron ganar la guerra, tampoco permiten hacer la paz", sostiene el también número dos de las Farc, en un artículo divulgado en el blog de la delegación guerrillera en las conversaciones de paz.


“Iván Márquez" critica "las diatribas incendiaras" del ex presidente Uribe y considera que éste "no quiere verse como (Efraín) Ríos Montt (ex presidente guatemalteco) respondiendo ante los tribunales, lo cual es humano y comprensible".


"Pero no se pueden ahogar crímenes de lesa humanidad bajo el estruendo de sonoridades bélicas", añadió.


En el caso del ex mandatario Pastrana, considera que está "disparando con escopeta de regadera contra el proceso de paz en La Habana".


El guerrillero dijo que Pastrana es "tan sulfurado" como Uribe, que "suelta ráfagas y después piensa. O tal vez no. Por lo menos deja en claro que el proceso de paz del Caguán no buscaba la paz, sino tiempo para la reingeniería del ejército y los ajustes del Plan Colombia, es decir, la guerra".


El jefe negociador de las Farc llega a la conclusión de que "Dios los crea y el diablo los junta. Pastrana y Uribe quieren una Colombia aprisionada eternamente en la oscura noche de la violencia".


Asimismo señaló que la política "no puede reducirse a la práctica de sacarse los trapos al sol, ni a disparar contra la reconciliación".


"Necesitamos reunir voluntades para edificar la paz con justicia social, democracia y soberanía", subrayó.


Asimismo llamó a resolver el conflicto que vive su país "sin el plomo de las palabras, sin injerencias extranjeras, y si las hay, que sean para ayudarnos a alcanzar la paz, no para incendiar el país o imponerle trabas jurídicas a la posibilidad de acabar con la guerra".