Columnistas

El relevo en la UPB
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
1 de Abril de 2013


Monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, bolivariano de cepa, como que es hijo de empleado de la UPB y allí cursó sus estudios desde la primaria hasta el pregrado, fue un infatigable trabajador durante los nueve años de su Rectoría.


Monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, bolivariano de cepa, como que es hijo de empleado de la UPB y allí cursó sus estudios desde la primaria hasta el pregrado, fue un infatigable trabajador durante los nueve años de su Rectoría. En este período la Universidad Pontificia Bolivariana creció en metros cuadrados, en  dimensión académica y en proyección social. Luego de la aciaga crisis económica que la golpeó a comienzos del siglo, cuando tantas conjeturas nublaron su horizonte, monseñor Rodríguez continuó con el cinturón apretado hasta lograr la estabilidad económica necesaria para encauzar el crecimiento moderado que hoy le permite situarse entre las principales universidades del país, con acreditación institucional de alta calidad desde 2006 y cubrimiento nacional gracias a la unidad de gestión con las seccionales de Bucaramanga, Montería y Palmira, su sede de Bogotá y los programas en los departamentos de Cauca, Putumayo y Quindío.


Sin estridencias y siempre con el reconocimiento de los méritos de sus antecesores, Monseñor Rodríguez presidió tres períodos rectorales marcados por la generosidad y la apertura, la libertad dentro de la disciplina y la solidaridad. Durante estos años no solo aumentaron los programas ofrecidos sino que se amplió la base social de la Universidad abriendo sus puertas y brindando apoyo a los estudiantes de bajos recursos que así lo requirieron y esparciendo la semilla bolivariana a través de las distintas Fundaciones de la Universidad. 


La transformación de la Universidad pasa por el crecimiento en obras de infraestructura como el Centro de Producción Audiovisual, el nuevo bloque de posgrados, El Polideportivo, el edificio de parqueaderos próximo a entregarse, la amplia y cómoda zona de estudios, la remodelación del Aula Magna y de las canchas de fútbol y tenis, además de las obras de paisajismo interior y exterior, con el parque que pronto se entregará a la comunidad para unir la Universidad con la carrera 70, y se consolida en materia académica ya que entre los años 2004 y 2012 la UPB puso en marcha once programas nuevos de pregrado, para ofrecer ahora un total de 45. Así mismo, hoy cuenta con 8 doctorados y 25 maestrías.


La Universidad es un árbol frondoso al que muchos disfrutan tirándole piedras. No han faltado los momentos de zozobra y de angustia, que han recibido la solución debida, porque la Universidad no es semillero de pleitos sino fuente de soluciones. Monseñor Rodríguez se va con la satisfacción y la serenidad de quien ha cumplido con su deber, dejando la casa mejor de cómo la recibió.


El testimonio lo recibe el próximo 23 de abril, el nuevo rector, Padre Julio Jairo Ceballos Sepúlveda, un sacerdote que conoce la Universidad y conoce la ciudad. Las ejecutorias del padre Julio Jairo en la Universidad Pontificia Bolivariana le otorgan suficientes credenciales para desarrollar su misión gerencial, académica, pastoral, deportiva y cultural, pues todo eso y mucho más debe hacer un Rector universitario hoy. El trabajo en los barrios, la educación y la pastoral social hacen parte de la trayectoria que acredita el nuevo Rector para continuar el rumbo de la Universidad hacia las grandes ligas de la calidad académica y la internacionalización. Su paso por la Escuela de Ciencias Sociales, el Colegio, el Instituto del Matrimonio y la Familia y la Vicerrectoría Pastoral, además de la cátedra y los estudios doctorales, le permiten un conocimiento directo de la dinámica universitaria que otorga confianza a sus futuras decisiones. Su calidad humana, su sencillez y su accesibilidad a todas las personas le confieren el carácter de interlocutor directo de los estamentos universitarios. 


La Universidad Pontificia Bolivariana es mi “alma mater”. Allí hice mis estudios de pregrado y especialización, conocí los profesores y los amigos con quienes comparto angustias y alegrías y con quienes, pese a que se ha hecho tarde, todavía pretendemos que la sociedad puede cambiar, no por nosotros, sino por quienes vienen detrás, que merecen un mejor país del que tenemos. En la UPB imparto desde hace catorce años cursos sobre los temas que más me gustan: Derecho-Comunicación-Ciudadanía. De la Universidad salí temporalmente a prestar un servicio público al Municipio de Medellín por el que solo he recibido persecuciones desde entonces y a la Universidad volví luego de un breve paso por el servicio exterior.


Hago esta larga advertencia para justificar ante EL MUNDO y ante los lectores, esta pública expresión de gratitud con su rector saliente y para desearle los mayores éxitos al nuevo rector, que también serán de la sociedad, que tiene en la Universidad el soporte moral de su destino y la garantía del desarrollo con sentido humanista.