Editorial

Crecer y generar empleo
31 de Marzo de 2013


El giro que proponen los expertos econ髆icos de BID implica renovar el fomento al sector privado para atender prioritariamente a sectores con capacidad de generar trabajos decentes e impactar positivamente el crecimiento econ髆ico.

 


En el Informe Macroeconómico de 2013, que será discutido con los gobiernos en seminario convocado para el 9 de abril, el BID pone en evidencia dificultades nacientes para las economías latinoamericanas, que asisten a una desaceleración, todavía tímida, de su ritmo de crecimiento y al aumento la informalidad laboral. Al culminar su reciente Asamblea General, los gobernadores solicitaron que para su próximo encuentro se les presente una propuesta de modificación a las políticas de apoyo al sector privado, para buscar unas más eficientes en su impacto en el desarrollo. Estos conceptos de la máxima autoridad económica continental coinciden con los informes nacionales de países como Colombia en los que se hacen evidentes la desaceleración del crecimiento, sobre todo de los sectores exportador e industrial, y el decrecimiento del empleo industrial.


Para el BID, los síntomas de reducción en el ritmo de crecimiento evidentes en las economías nacionales de Latinoamérica no están asociados, como han pretendido afirmarlo algunos gobiernos, con la crisis europea –cuyos efectos el Banco considera fueron bien enfrentados- sino con la revaluación de las monedas nacionales, que impacta directamente en los exportadores y los industriales; en el gasto de los gobiernos, y en equivocadas políticas de crédito al sector privado, que se han dirigido a la promoción de la informalidad que crece alrededor de microempresas que no generan valor agregado ni son producto de acciones de innovación.


Para no redundar en nuestra preocupación por la tolerancia de las autoridades monetarias con la revaluación, recogemos la reflexión de los expertos del BID: “Suponiendo que las presiones inflacionarias se mantengan bajo control, una combinación preferible de políticas podría ser una política fiscal más estricta y una política monetaria más flexible”. Nos queda la esperanza de que los miembros de la Junta del Banco de la República reconozcan el peso de otra voz experta que alerta sobre las consecuencias de mantener su ortodoxia monetarista cuando las amenazas de hiperinflación se han desvanecido y los nubarrones que se ciernen son los de la desaceleración.


Otra novedad que registramos con gran interés es la que propone un viraje en las políticas de incentivos al sector privado señalando que el empleo formal ha de ser el objetivo. Indican los expertos que “las medidas para combatir la informalidad y para estimular la formalización de las empresas pueden llevar al establecimiento de firmas más grandes y eficientes, con una menor tasa de rotación de empleados, mejor capacitación de los trabajadores y más acceso al crédito”. Entendemos estas palabras como una invitación a redefinir las inversiones públicas en fomento y crédito empresarial y un tácito reconocimiento a la inoperancia de políticas impulsadas por el BID durante las últimas tres décadas, en virtud de las cuales se promovieron microempresas y se dedicaron cuantiosas sumas a costosos microcréditos que ni siquiera lograron que los dueños de las unidades productivas accedieran a empleos decentes, o sea con estabilidad, horarios justos, cobertura en seguridad social e ingresos suficientes para atender sus necesidades.


Dada la necesidad de una fuerte reflexión en torno a la política de apoyo empresarial, convendría que el propio BID promoviera investigaciones académicas que permitieran un diagnóstico cierto del impacto, frente a su costo, del microcrédito en la generación de empleo y que determinara acciones en procura de dignificar el trabajo de los latinoamericanos que se encuentran en la pirámide de la informalidad. Sus conclusiones deben contribuir a reorientar la formación y concepciones de los latinoamericanos sobre el trabajo, el empleo y los riesgos del autoempleo.


El giro que proponen los expertos económicos de BID implica renovar el fomento al sector privado para atender prioritariamente a sectores con capacidad de generar trabajos decentes e impactar positivamente el crecimiento económico. También impone modificar los ideologismos de los economistas en la dirección de las economías latinoamericanas, con resultados dudosos en materia de impulso al desarrollo, al fortalecimiento de un sector privado competitivo y de crecimiento para el bienestar general.