Columnistas

Santos, Maduro de corazón
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
31 de Marzo de 2013


El 14 de abril habrá elecciones presidenciales en Venezuela. Por supuesto, Nicolás Maduro es el candidato por el Psuv, a pesar de que violó dos veces, de manera flagrante y cínica ,la Constitución venezolana


El 14 de abril habrá elecciones presidenciales en Venezuela. Por supuesto, Nicolás Maduro es el candidato por el Psuv, a pesar de que violó dos veces, de manera flagrante y cínica ,la Constitución venezolana (que Chávez creía que había hecho a su imagen y semejanza hasta cuando lo sorprendió la irreformable muerte, que no cede ante los sátrapas), pues, desacató el artículo 233,  cuando asumió la Presidencia, que le correspondía mientras se citaba a nuevas elecciones, a Diosdado Cabello, presidente la Asamblea Nacional, y pisoteó el artículo 229, que dice “No podrá ser elegido Presidente o elegida Presidenta de la República quien esté en ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva […], en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección”.


Su campaña electoral parece un sainete si no fuera tan dramática para nuestro hermano pueblo y para nosotros. La idea de Maduro es que Chávez reencarnó en él (lo que constituye un retroceso según la teoría de la reencarnación), su voz es la de Chávez, el titiritero y ventrílocuo  que desde el cielo le comunica desde la consiga de que debe repetir su sagrado nombre un promedio de cuatrocientas veces diarias, hasta el hecho divino, de que a Jesucristo, de tú a tú, como debe ser, lo convenció de que nombrara un papa latinoamericano.


Maduro tiene todas las probabilidades de ganar porque la dictadura venezolana ha impedido por todos los medios la expresión de la oposición, que ha sido amenazada por la sombra de los militares chavistas, las jaurías paramilitares que creó Chávez; ha sido ignorada en los medios de comunicación, acorralada por las “autoridades” judiciales, por el poder electoral y  arrollada por los “jueces” constitucionales; ahora resiste valientemente con la candidatura de Henrique Capriles que critica el modelo clientelar y corrupto, y que pide explicación a lo que millones se preguntan en silencio: las inconsistencias oficiales sobre la fecha de la muerte de Chávez, que encubren la manipulación sin límite a la que ha sido sometido el pueblo venezolano para lograr que un balbuceante y casi analfabeta Maduro llegue a la presidencia.


A los colombianos que amamos la democracia, las declaraciones de Maduro sobre su “compromiso absoluto” por la paz de nuestro país y su anuncio de que una vez electo, “hará todo y más allá” para que el sueño de Chávez se haga realidad, nos puso los pelos de punta. Porque el mayor sueño de Chávez era convertir a Colombia en una república bolivariana, que marche bajos los parámetros del “socialismo del siglo XXI”, es decir, tiranía monopartidista, eliminación de los poderes de control del Estado o su captación, supresión de las libertades de opinión y expresión, eliminación del pluralismo, expropiación de los medios de producción privados y colectivización forzada que lleva a la destrucción del aparato productivo, conversión del Estado en una máquina clientelista que impulsa a vivir sin trabajar a cambio de un apoyo incondicional, etc.


Chávez, iba en camino de conquistar su sueño ante la lotería que le entregó Santos. Renunciando al mandato popular que lo eligió, Santos imploró a Chávez para que “convenciera” a las Farc de su sincero deseo de paz. Que las trataría como iguales, altas Partes, que dicen. Y le aseguró que para su gobierno no era un inconveniente que la retaguardia estratégica de las Farc tuviese el apoyo del gobierno venezolano, que aloja un buen número de sus guerrilleros  en su territorio.


No importó que estuvieran derrotadas militarmente ni que no tuviesen representación alguna. Les cedió, por ahora, la iniciativa en asuntos tan importantes como la política de tierras, convirtiéndolas en “voceras” de los campesinos, que sólo han recibido de ellas su terror y, como resultado las Farc quieren 59 caguanes y el 40% del territorio colombiano; y las convirtió en víctimas, merecedoras de amnistías e indultos, intentando pasar por delitos políticos los crímenes de lesa humanidad para que no paguen sus crímenes y, en cambio, puedan participar en política con una buena tajada en el congreso sin tener que ganarse un voto. Quieren, por supuesto “reestructurar” el ejército, sacar las fuerzas de seguridad del campo, todo ello sin deponer las armas.


Chávez fue coartífice de todo esto, junto con Santos, que lo calificó su “nuevo mejor amigo”, y de quien llegó a decir que era factor de estabilidad en la región. “Tuvimos una confianza que ayudó mucho a sentar a las Farc a negociar allá en Cuba y buscar la paz para Colombia” dijo. (www.presidencia.gov.co).


Muerto Chávez, necesitaba asegurarse que el sucesor fuese incondicional de la negociación. Y ese hombre era Maduro. “Voy a decirle al Vicepresidente Maduro, él lo sabe, que quiero continuar con ese diálogo, inclusive enriquecerlo y volverlo más productivo y más eficaz”. Ya está tranquilo porque Maduro será su soporte. Pero las Farc y Cuba lo están más porque ese personaje es completamente controlable. Pero los demócratas venezolanos, en cambio, afrontan solos su lucha por la libertad. Bueno, solos no, porque la mayoría del pueblo colombiano los apoya.