Columnistas

Bacrim-menores: propuestas para debatir (1)
Autor: Alejandro Garcia Gomez
27 de Marzo de 2013


El problema de la degradación del conflicto urbano con la manipulación de menores por las bandas neonarcoparamilitares en la guerra, ni es sólo de las grandes ciudades ni sólo de fuerza ni sólo de sus actuales alcaldes


El problema de la degradación del conflicto urbano con la manipulación de menores por las bandas neonarcoparamilitares en la guerra, ni es sólo de las grandes ciudades ni sólo de fuerza ni sólo de sus actuales alcaldes (aunque también es claro que ellos tienen hoy la responsabilidad gubernativa que la buscaron del pueblo y que este se las concedió). Es de todos y si no le ponemos el patriotismo necesario, la borrasca nos arrastrará no sólo a quienes hoy vivimos aquí sino a quienes vienen detrás.


En otro artículo hablé sobre la formación histórica y social de los sectores marginados que conforman las barriadas populares colombianas, geografías laberínticas donde se reproducen la desesperanza, la miseria, la frustración y el rencor. Miremos a quienes ya están asentados ahí. Muchos de esos hogares están conformados por madres cabezas de familia que han llegado a la maternidad aún púberes o adolescentes, reproduciendo la tragedia de sus madres que la repetirán en sus hijas. Los padres, han fallecido muy jóvenes por causas violentas y, así vivan, se han desentendido de sus deberes y se han convertido en cadáveres vivos para sus hijos y compañeras. Repiten la historia también.


Debido a esto, las madres con hijos pequeños, que pueden o no ser del mismo padre, deben salir a trabajar en algún rebusque y generalmente los dejan solos. En medio de esa soledad, los niños empiezan a crecer entre las necesidades, el hambre y la angustia. Los amigos empiezan a llenar ese vacío y en esos amigos de la misma edad, o algo mayor, se empieza a depositar la confianza y el afecto debidos a los padres, que son quienes deberían comenzar a formar su conciencia, que es la que tendrá la sociedad. Ojo: la conciencia de los padres es la conciencia de la sociedad. Muchas veces, según mis estudiantes, son amigos que han conseguido por alguna afinidad en la feroz utopía de alguna de las barras de un equipo de fútbol profesional. Esta relación entre barras violentas y la delincuencia organizada es algo que no ha sido encarado aún. Una Fifa intocable, ningún gobierno mundial osa meterse con ella. Los gobiernos nuestros no han cuestionado ni a la dirigencia nacional ni su negocio deportivo y, cuando se han presentado serios problemas –laborales, de orden público, de prestaciones o de otra índole-, prefieren mirar a otro lado.


Esos amiguitos, niños aún o ya adolescentes, también han crecido entre el resentimiento del hambre, de la angustia y de la soledad y si algo tienen para enseñar es resentimiento y rencor. Algunos ya son pequeños delincuentes. Los mayorcitos, han aprendido algún vicio que, supuestamente, les calma la desesperanza; vicio que les ha llegado a ellos de la misma manera como lo reproducen con otros amiguitos. Para alimentarlo han tenido que aceptar negocios riesgosos (transporte de armas, de drogas –“carritos” les dicen-, ejercer de “campaneros” cuando le da por aparecerse a las autoridades en sus barrios, etc.) transitando por esas calles, laberintos de escaleras, terrazas, recodos y miseria, geografías convertidas en rencor y amor al mismo tiempo, en su querencia. A estas calles, su territorio, han aprendido a reconocerlas como propias, a defenderlas y defenderse en ellas, son su universo que les refuerza su auto percepción de marginalidad que los ata para siempre a traficantes y delincuentes, ligados a  combos o bandas más grandes a las que más tarde van a servir como carne reemplazable de combate, sicariato y muerte, cuando no a milicias guerrilleras. Esta laberíntica geografía de miseria de esas calles empieza a tener una respuesta gubernativa positiva, quizá tardía.


Si el niño tiene la fortuna de poseer familia con satisfacción mediana de necesidades, los traficantes y delincuentes se las ingenian para convertirlo en consumidor y potencial carne de choque o en miliciano, apto para la cruenta muerte indiferente. 


En la siguiente entrega plantearé mis propuestas de solución, para el debate. 22.III.13.