Columnistas

El general y el laberinto
Autor: Henry Horacio Chaves P.
27 de Marzo de 2013


La orden presidencial de trasladar su despacho a Medellín, ponía al general José Roberto León Riaño, en una de esas situaciones susceptibles de “palo porque boga, palo porque no”.


La orden presidencial de trasladar su despacho a Medellín, ponía al general José Roberto León Riaño, en una de esas situaciones susceptibles de “palo porque boga, palo porque no”. Lo iban a cuestionar si no reportaba golpes contundentes y hacía presencia mediática; pero si lo hacía (como ocurrió a sólo horas de estar aquí) la pregunta obligada era por qué tuvo que venir él para que pudieran ser capturados Carlos Pesebre, Pablo Ledher, alias Cien, Raúl o cualquiera de los otros.


Entre las respuestas más recurrentes siempre estuvo de telón de fondo la sospecha sobre la transparencia de muchos agentes del Estado.  Habitantes de las comunas 8, 13 y 16 dicen con frecuencia que los agentes “saben dónde son las balaceras y no hacen lo suficiente para controlarlas”, o “patrullan pero no controlan” o “están en la nómina de los combos”. León dijo  que “Pesebre” pagaba a militares protección e información privilegiada, como pagaba por mantener salvoconductos vigentes para sus armas o para no tener antecedentes ni ordenes de captura.


El general reveló que en una reunión privada con el exalcalde Alonso Salazar le pidió detalles sobre cómo opera la “nómina paralela” de la institución y concluyó que los conocimientos de Salazar sobre seguridad se deberían aprovechar más. Dijo que no está dispuesto a tolerar corrupción ni hechos que generen sospecha o debiliten la credibilidad de la institución. Por eso, dijo, se ha aplicado prueba de polígrafo para superar dudas sobre la honestidad de muchos policías. Pero sólo unas horas después tuvo que reportar la captura de cuatro agentes en el Chocó, que cayeron junto con otros integrantes de una Bacrim.


Tuvo que dar la cara y mantener la moral de los miles de hombres que se juegan la vida por la seguridad de los demás, aunque tienen que trabajar al lado de los que se dejan comprar o hacen lo menos posible. Seguro él también pensará como mucha gente en Medellín ¿Cómo hacer para que cuando él no esté, el hampa no campee entre nosotros, con salvoconductos y sin orden de captura, o con circular de Interpol pero resguardados en la casa de un policía como el tal Cien?


Está claro que el crimen organizado no nació ayer ni acabará con la muerte o la captura de los jefes del momento. No ocurrió siquiera con los legendarios delincuentes y no pasará con los capos del momento ni sus estafetas que se pelean el control. Pero también es verdad que esas redes no se pueden dejar obrar como Pedro por su casa, ni el Estado puede hacerse el de la vista gorda con sus enfrentamientos para ir a recoger los cadáveres y esperar a ver quién gana. En medio, está la población, los deportistas y los niños, las mujeres, la ciudad. La misma que demanda un comandante de policía comprometido y con liderazgo, que no le huya a los medios y sus preguntas incómodas, que sea capaz de mantener la moral que deja el general León, pero también de dar la cara en los momentos difíciles. Alguien que ayude a pensar cómo salimos de este laberinto.