Columnistas

Habemus Victimam
Autor: Rodrigo Pareja
27 de Marzo de 2013


Por la figura del Papa, cualquiera que haya sido, siempre se ha experimentado una sensaci髇 de reverencia y sumisi髇 por parte de los cat髄icos, especialmente si pertenecen a Latinoam閞ica, donde habitan la mayor韆 de quienes siguen este credo.

 


Por la figura del Papa, cualquiera que haya sido, siempre se ha experimentado una sensación de reverencia y sumisión por parte de los católicos, especialmente si pertenecen a Latinoamérica, donde habitan la mayoría de quienes siguen este credo.


Era de esperarse que igual ocurriera a partir del pasado 13 de marzo cuando sus colegas cardenales reunidos en Roma eligieron al arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio como sucesor del dimitente pontífice, Benedicto XVI, en un cónclave que para decepción de muchos resultó expedito y sin traumatismos.


Pero más se demoró en disiparse el humo blanco de la tradicional fumata expelida por el fogaril de la capilla Sixtina, que la aparición en gavilla de una serie de personajes que comenzaron a hurgar en la vida pasada del nuevo Papa con el fin de encontrar todas sus posibles fallas y –como ser humano– todos sus defectos.


Desde América siempre se miró la figura del llamado sucesor de Pedro en la tierra con suma veneración y respeto, algo que en el presente caso parece haberse trocado por el placer de haber encontrado a alguien importante en quien practicar las aficiones detectivescas que muchos ejercen para beneplácito de la galería. 


No se trata de defender a ultranza todas las actuaciones de alguien llamado ahora, por fuerza de las circunstancias, a ser un personaje de primer orden en el acontecer diario y a figurar, un día sí y otro también, en las primeras planas de los periódicos y en todos los medios de comunicación.


Queda la sensación de que en esta ocasión, más que celebrar el acontecimiento histórico de que un rebaño de más de mil millones de católicos en el mundo tengan a un latinoamericano como su pastor, sean más trascendentes los lobos prestos al ataque de la manada. 


¿Qué significa, si no, el enrostrarle al nuevo Pontífice una supuesta posición blanda frente a las distintas dictaduras que padeció Argentina en los años setenta y ochenta, cuando su condición era apenas la de un simple sacerdote jesuita que ejerció algún tiempo como el Provincial de esa comunidad?


¿Tenía entonces Jorge Mario Bergoglio la importancia y la significación que ostenta desde el 13 de marzo? ¿O pretenderán los lobos de turno que el ahora Vicario de Cristo –como en las películas de ciencia ficción– regrese al pasado y haga caer sobre los dictadores de entonces toda su influencia e importancia actuales?


Francisco I -como debe designársele según algunos eruditos– solo fue ungido Arzobispo de Buenos Aires en 1992, cuando para entonces ya los regímenes dictatoriales habían pasado a mejor recuerdo y la democracia estaba instalada nuevamente en su nación.


Da la impresión de que la humildad y sencillez hasta ahora demostradas por el nuevo Papa, tan bien recibidas por la inmensa mayoría de católicos que no estaban acostumbrados a estas posturas, algunos las hayan convertido más bien – no en algo de admirar y aplaudir – sino en un acicate para sus reparos y críticas al cordero propicio que el destino les deparó.


En esta América Latina a lo largo de la historia, se tenía la sensación de que al frente de la iglesia estaba un extraño e inalcanzable Pontífice de otras lejanas latitudes, y ahora que se tiene a un prelado cercano, sin complicaciones ni estiramientos y llamado a darle un revolcón importante al conglomerado, lo primero que se le ocurre a muchos es tratar de descalificarlo y ponerlo en entredicho.


Un profesor dio a sus alumnos una hoja al revés, les pidió voltearla y redactar unas palabras sobre lo que vieran en ella. Al hacerlo, los alumnos solo encontraron un puntico negro en la mitad y sobre ese signo hicieron su tarea.


El maestro los recriminó y les dijo que por mirar el punto negro habían ignorado la página en blanco. ¿Estarían los aludidos en esa aula?