Columnistas

Los manejos de la bonanza cafetera
Autor: Jaime Tobon Villegas
26 de Marzo de 2013


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En estos días se ha hablado demasiado de la crisis cafetera y se ha llegado hasta el famoso paro con implicación en el transporte y actividades económicas del país, con sistemas de palos y encapuchados, lo que dio origen a que en la protesta cafetera se involucraran fuerzas del desorden y posiblemente de las Farc.


No he sido cafetero ni profundizo en la materia. Pero tuve vinculación con la Federación Nacional, cuando desempeñé en Bogotá varias actividades entre ellas en el Ministerio de Hacienda, Fenalco, Cámara Colombiana de la Construcción, Universidad Libre y oficina particular de asesorías legales y económicas, con distinguidos profesionales durante casi tres décadas de mi estancia en la capital. Y me siento obligado a poner un granito de arena en este conflicto por la amistad y conocimiento que me transmitieron los entonces directores de la Federación, don Manuel Mejía, doctores Jorge Restrepo Hoyos, Arturo Gómez Jaramillo, Leonidas  Londoño y Londoño, Lord Parga Cortés, Alfonso Palacio Rodas, Antonio Álvarez Restrepo, Hernán Jaramillo Ocampo;  y de la Asociación de Exportadores, Arcesio Londoño Palacio y Gilberto Arango Londoño. Lo anterior me obliga a expresar unos sencillos comentarios sobre este fenómeno.


El Fondo Nacional del Café, creado en 1940 y suspendido en 1989, y en este período según comentario del doctor Óscar Tulio Lizcano en El Colombiano (del domingo 17 de marzo) hizo al Gobierno esta pregunta: “... ¿Qué se hicieron los 20 billones de dólares que entraron al Fondo Nacional del Café producto de los altos precios del grano hace algunos años?”. Apreciaciones importantes hacen los doctores Rafael Isaza González y Andrés Espinosa Fenwarth, tanto en El Colombiano como en Portafolio, donde después de muchas cifras el doctor Espinosa Fenwarth aconseja:  “La Federación debería eliminar su costosa y anacrónica burocracia internacional, y diversificar la siembra sostenible de cafés suaves y especiales con granos robusta para café instantáneo, con menores costos y menores ingresos que le permita impulsar el consumo y abastecer el mercado nacional e internacional con variedades y precios de café diferenciados”. 


Cuando la bonanza cafetera de los años 74 y 75, el Gobierno de López Michelsen redujo el impuesto ad valorem, pero el impuesto de retención subió al 68 % en los años 85 y 86, lo que permitió valiosos excedentes que se emplearon de apoyo al sector público. Y en el acuerdo con el Gobierno para 1987, los excedentes transferidos a la Tesorería Nacional sin contraprestación, para programas en las zonas cafeteras, con lo cual se reduciría así el déficit fiscal. Y hubo presiones para hacer otras obras que se habían programado.  Y con este acuerdo se dispuso que con los excedentes que habría de recibir el Fondo Nacional de Café se harían préstamos al Fondo de Garantías de Instituciones Financieras para cancelar deudas con el Banco de la República, originadas en la crisis financiera y que se usarían para cancelar deudas con el exterior y que los plazos no fueran muy largos. (Ver La pasión de gobernar, La Administración Betancur. Capítulo “El Acuerdo Cafetero de enero del 86”, páginas 171 y siguientes). Según este texto, los excedentes de la bonanza fueron utilizados en empresas del gremio. Banco Cafetero, el Banco de Caldas y Aces. Y en el XIV Congreso Cafetero celebrado en Ibagué en diciembre de 1944, se autorizó la creación de la Marina Mercante Nacional (Flota Mercante Grancolombiana), y el Banco Cafetero. En la Flota se invirtieron 20 millones de dólares y su firma se llevó a cabo el 8 de junio del 46 en la Quinta de Bolívar y fue nombrado gerente el doctor Álvaro Díaz. 


De todas estas informaciones aparece clara la deuda del Estado con el Fondo Nacional de Café, pero lo anterior no obsta para que la política con los gremios del sector agropecuario deba ser distinta.  La política de los subsidios arruinaría el fisco nacional. Por tanto, gremios como cafetero, arrocero, palmero, bananero, ganadero, floricultor y los demás, deben montar un sistema de reingeniería para que su productividad, rentabilidad, nuevas tácticas de manejo de la tierra, las semillas, fertilizantes, etc., provoquen nuevos sistemas de producción como ocurre en los demás continentes del mundo. A los gobiernos solo les corresponde señalar políticas generales y por conducto de la banca oficial y privada, ofrecer créditos oportunos, suficientes y económicos, y posiblemente la asistencia técnica en el manejo de las plantaciones. Todo negocio debe tener las proyecciones necesarias de procesos de montaje, maquinarias, capital de trabajo, mano de obra, costos, y rentabilidad. De esos análisis depende el éxito de la empresa propuesta para evitar que después el Gobierno tenga que salir a responder por una mala proyección o por otros fenómenos externos como el caso de las monedas extranjeras, crisis generalizadas o alguna hecatombe social o económica.