Editorial

Obama teje confianzas
25 de Marzo de 2013


Barack Obama mostró a los pueblos hebreo y árabe que él y Estados Unidos están listos para ser el mediador confiable que puede consolidar el proceso de paz de Israel y Palestina y desactivar las amenazas que se ciernen sobre el Medio Oriente.

 


Tras cuatro días de agenda con el Gobierno, universitarios y líderes israelíes; el Gobierno y sectores financieros palestinos, y el rey Abdulá II de Jordania, el presidente Barack Obama mostró a los pueblos hebreo y árabe que él y Estados Unidos están listos para ser el mediador confiable que puede consolidar el proceso de paz de Israel y Palestina y desactivar las amenazas que se ciernen sobre el Medio Oriente, en especial la guerra civil orquestada por Basar al Assad en Siria y la alocada carrera nuclear de Mahmud Ahmadineyad, el tirano de Irán. 


Estados Unidos puede tender la mano por igual a Israel y al mundo árabe gracias a que el gobierno Bush gastó su prestigio en el derrocamiento por intervención directa de tiranos como Saddam Husein y los talibanes de Afganistán, actuaciones que abrieron las puertas a los demócratas musulmanes para lograr la Primavera Árabe, en la que tuvieron inocultable apoyo del presidente Obama. Aunque persisten lunares como Ahmadineyad y Al Assad, hoy el mundo árabe es otro. También es cierto que durante su primer gobierno Obama se cuidó de reforzar el Ejército israelí, directamente amenazado por los juegos nucleares de Irán.


La que el mundo espera que sea una nueva etapa en la historia del conflicto árabe-israelí y la recuperación de la estabilidad política en el Medio Oriente, con mandatos renovados tras la Primavera Árabe, no pasará en unos días o meses ni por arte de birlibirloque. Ello se logrará si los demócratas de esa parte del mundo asumen su responsabilidad con decisión y voluntad de paz. La esperanza suma hechos como el protagonizado por Israel y Turquía al reanudar relaciones diplomáticas, rotas en 2010. El escepticismo abreva en las actuaciones de Basar al Assad, los atentados terroristas como el que ayer sacudió a Altos del Golán en la frontera sirio-israelí, y las declaraciones contra el contrario que se repiten entre radicales judíos y árabes.


Las reuniones del presidente Obama con el presidente Shimon Peres y el ministro Benjamín Netanyahu, sus visitas a sitios simbólicos de gran importancia para los israelitas, y sus diplomáticos llamados a aceptar el derecho de los palestinos a la autodeterminación, dieron pie a que el gobernante se hiciera nuevamente confiable para la opinión pública israelí, que lo tildaba de desequilibrado, sobre todo después de que en su primera intervención ante los árabes, en la Universidad de El Cairo, manifestara sus abiertas simpatías por este pueblo, acto comprensible para el interés de tejer nuevas relaciones con ellos. 


El primer resultado tangible de esta visita, además de apaciguar una región donde siempre hay varias mechas a punto de arder, muestra a Israel haciendo concesiones, como aceptar su responsabilidad directa en el ataque armado a un barco humanitario turco, hecho del que había sido sobreseído, y asumir una indemnización que no consideraba justa,  en pro de lograr metas superiores, como es la de recuperar una alianza que lo fortalece en la región y le permite apoyar a los refugiados sirios. 


Esta reconciliación y el anuncio de mayores recursos estadounidenses para que Jordania siga apoyando a los refugiados sirios, tienden una mano a la oposición de Siria, en momentos en que está siendo arrasada por un tirano que todavía algunos países, como Rusia, toleran. El capítulo de Siria parece apenas comenzar, para dolor de un pueblo sometido a la barbarie de un gobierno criminal.


Con el gesto, que obviamente ha sido rechazado por sectores radicales, Israel ha dado señales favorables a la posibilidad de volver a la mesa con el gobierno de Mahmud Abbas, que por obligación o pragmatismo cometió el “pecado” de negociar un apaciguamiento con Hamas y, en consecuencia, tomó distancia del proceso de paz con Israel. Para que sea posible el paso, el presidente Obama tuvo el acierto de sacar de la agenda los temas sobre asentamientos ilegales, con lo que permite que los países se sienten a definir unas bases sobre las cuales iniciar encuentros que en su momento tendrán que respaldar y refrendar naciones con poder suficiente para ser mediadores cuando las diferencias parezcan tornarse irreconciliables. En el mundo de hoy, ese poder es casi excluyente de Estados Unidos. La paz posible en el Medio Oriente empieza a mostrar sus caminos.