Editorial

Los acuerdos colombo-ecuatorianos
23 de Marzo de 2013


Por sus t閞minos, condiciones y expectativas, vemos en el acuerdo suscrito y en los anunciados, la reedici髇 de la exitosa experiencia de cooperaci髇 binacional realizada, no sin contratiempos, durante los gobiernos Noboa y Guti閞rez, en Ecuador


En reunión realizada en Bogotá esta semana, los gobiernos de Colombia y Ecuador suscribieron un acuerdo para el control aéreo de la frontera binacional y anunciaron que preparan otros dirigidos a combatir los crímenes y grupos criminales que son responsables del tráfico ilegal de narcóticos, armas y personas en la frontera de 585 kilómetros, la mayor parte de ellos zonas selváticas que sirven como paraguas a los delincuentes que generan inseguridad en la región norte de Sudamérica y en Panamá.


Por sus términos, condiciones y expectativas, vemos en el acuerdo suscrito y en los anunciados, la reedición de la exitosa experiencia de cooperación binacional realizada, no sin contratiempos, durante los gobiernos Noboa y Gutiérrez, en Ecuador, y Pastrana y el primero de Uribe en Colombia, y que alcanzó a ser ejemplo para otros acuerdos con Brasil y Perú, firmados para blindar a esos países frente a la presencia de un enemigo que llevaba consigo males como el narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de armas, el secuestro y la extorsión. Nacionales de los países vecinos donde hay tolerancia con las Farc bien conocen de los males que les trae esa alcahuetería.


En los primeros años de la década pasada era más difícil hacer control en la zona de frontera, pues las Farc gozaban del poder adquirido y los recursos acumulados en el fallido proceso de paz del gobierno Pastrana. No obstante esa situación, la cooperación de las Fuerzas Armadas de ambos países había logrado limitar el uso de los ríos Mira y San Miguel y sus alrededores para sus actividades ilegales. Tras el “golpe civil” que derrocó al presidente Lucio Gutiérrez, la seguridad fronteriza se fue al traste, como quedó demostrado en los hechos de marzo de 2008 y como sigue ocurriendo aún, según el reconocimiento que el Gobierno ecuatoriano hace sobre la presencia de ilegales en esa frontera.


No deja de ser paradójico que los dos protagonistas que más duramente chocaron en la crisis de las relaciones binacionales tras la muerte de alias Raúl Reyes en su campamento de Sucumbíos, los presidentes Santos -entonces ministro de Defensa colombiano- y Correa -que entonces ya había cumplido un poco más de un año en su posición- sean los responsables de guiar el acuerdo que sus ministros de Defensa suscribieron con gran entusiasmo y con la esperanza de su utilidad, pues consideran que “muchos de los ilícitos y en particular el narcotráfico se realiza por aire y la idea es que tengamos un control mucho más eficaz de nuestros espacios aéreos”.


La renovación de la confianza de Colombia en el presidente Correa y en su determinación de coadyuvar la lucha contra los principales agentes criminales en esa frontera, o sea las Farc, muestra la generosa disposición del presidente Santos a crear condiciones para mejorar el diálogo con los países vecinos. Confiamos en que esta actitud consiga que, como anunciaba el ministro Pinzón, se realice la idea de “potenciar y optimizar el intercambio de información y las operaciones coordinadas tanto por vía fluvial, como por vía terrestre y por vía aérea”.


En cuanto al presidente Correa comprendemos que ha decidido dar por fin vuelta a una página de la historia reciente que él insistía en mantener abierta con el propósito de entorpecer todo intento de acercamiento de Colombia con los gobiernos vecinos y de demeritar sus acciones en procura de la unidad regional. El libro de la historia queda abierto para registrar los avances que se registren en acciones como la anunciada por la ministra Espinoza acerca de que “se están reuniendo equipos de fuerzas armadas de Ecuador y de Colombia para mirar los pasos fronterizos que evidentemente tenemos que potenciar y optimizar los niveles de control, pero asimismo poner en funcionamiento nuestros centros de atención fronteriza en los casos regulares, eso quiere decir, en el paso de Rumichaca y en el paso del río San Miguel”.


Como es mejor tarde que nunca, saludamos a los gobiernos que han decidido retomar el diálogo fructífero en torno a la seguridad fronteriza y actuar para garantizar a los dos países, pero especialmente a las sufridas comunidades de los departamentos de Nariño y Putumayo, y de la provincia de Sucumbíos, la garantía de que sus Fuerzas Armadas trabajan en procura de crear para ellos las mínimas condiciones de seguridad.