Columnistas

Reflexiones sobre la vejez
Autor: Delf韓 Acevedo Restrepo
16 de Marzo de 2013


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Luis Asdrúbal Arcila Montoya es una de las figuras más destacadas en el mundo académico, diplomático y administrativo que engalanan al país. Bachiller de nuestro glorioso e inolvidable Liceo Antioqueño. Abogado de la Universidad Nacional de Colombia, con estudios de especialización en diversas ciudades europeas y latinoamericanas y un doctorado en desarrollo económico y social de la Sorbona de París. 


En Colombia se desempeñó como Gerente General del Minuto de Dios, Asesor del Departamento Administrativo Nacional de Estadística y Subdirector de la Escuela Superior de Administración Pública, correspondiéndole en ambas entidades el diseño e implementación de sus programas descentralizados y la creación de las Unidades Regionales en las principales ciudades del país.


En el campo internacional se desempeñó como Director de los programas de Posgrado en la Escuela Interamericana de Administración Pública de la Fundación Getulio Vargas en Río de Janeiro, Brasil y por más de 20 años como Asesor Internacional de las Naciones Unidas para la OPS/ OMS, cumpliendo tareas específicas en el área de desarrollo de sistemas en salud, en distintos países como el mismo Brasil, República Dominicana, Ecuador, El Salvador y México.


Actuó como profesor y conferencista en las distintas universidades de esos países, complementando su tarea docente con la publicación de investigaciones y trabajos técnicos en 4 idiomas. Después de tan fecunda y reconocida labor, alcanzó su merecida jubilación y regresó al país, no propiamente a rumiar nostalgias, sino que ya, libre de compromisos oficiales o afugias económicas, se dedica a entregar los logros y experiencias de la madurez, siguiendo el pensamiento de André Maurois cuando anota que “El arte de envejecer es el arte de aparecer a las generaciones que siguen como un apoyo y no como un obstáculo, como un confidente y no como un rival”. 


El doctor Luis Asdrúbal Arcila continúa ahora consagrando las horas que quiere restarle a su envidiable reposo, a la producción de libros de indiscutible valor como “Realidad”, publicado con motivo del bicentenario de Sonsón, su pueblo natal, donde se recoge una buena parte de su historia, sus instituciones y sus gentes; “Huellas de Realidad”, con perfiles y comentarios de sus valores más representativos como Gabriel Poveda Ramos, Pablo Jaramillo, Gabriel Tisnés Jiménez, Francisco Luis Jiménez y Delio Botero Goldsworthy; “Un Sentimiento Ecuestre” donde se pregunta: “¿Que habrá más bello que la silueta de un caballo, el animal más hermoso de la creación cuando se distiende como una estampa en el horizonte, recortando la montaña sobre un crepúsculo variopinto con telón de fondo?”. A estos textos acogidos por el público lector con especial entusiasmo, nos hemos referido ya en esta misma columna.


Nos entrega ahora su cuarto libro “¡Viejo! ¿Quién?”. Un esquema para reflexionar dirigido a personas mayores donde advierte que en las arrugas de la frente está escrita la historia de la vida. Impreso en la Editorial Piloto S.A. y que en sus 198 páginas, llenas de ideas y sentencias, nos hace pensar en el momento cuando, despejando dudas, la vida nos sorprende con aquella sentencia implacable, aunque evidente y difícil de aceptar: ¡Te estás volviendo viejo! Es cuando la imaginación y los sueños van siendo reemplazados por recuerdos y nostalgias y hasta se va perdiendo el llamado nombre propio.


El envejecimiento, según la OMS es un conjunto de cambios sucedidos por la acción del tiempo en el ámbito orgánico y psicosocial de los seres humanos. “Se inicia desde la concepción y abarca todo el ciclo vital humano. A diferencia de la vejez que es una etapa de ese ciclo vital asignado a partir de los 60 años”. 


En su recorrido por sus páginas, Arcila Montoya se detiene en los distintos autores que han abocado el tema de la vejez, desde Sócrates en su tratado De Senectute, pasando por Lewis Wopest, Bob Kennedy, Anatole France, hasta llegar a José Saramago, quien al referirse al tema responde: “Tengo los años que necesito para vivir libre de miedo. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos. ¿…Que cuántos años tengo? 


¡Eso a quién le importa! ¡Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento!”