Columnistas

El pos-conflicto
Autor: Bernardo Trujillo Calle
16 de Marzo de 2013


Asunto crucial será el del pos-conflicto que, por los datos que se conocen, es cuestión de pocos meses.


Asunto crucial será el del pos-conflicto que, por los datos que se conocen, es cuestión de pocos meses. Eso es lo que piensa y quiere el país, el sensato, no el guerrero que arma batallas imaginarias desde su escritorio y las promueve por los medios a su alcance desinformando cada vez que tiene oportunidad. No es cierto que el país esté partido en dos, así la polarización que se han encargado de fomentar los adversarios más caracterizados del gobierno se enfurecen por animar paros, protestas y hasta vandalismo. Por ahí se habla ya de un próximo rebote de los arroceros, y conjurado que sea a costa de inmensos desembolsos, vendrá el de los paneleros o ganaderos o paperos. Se nos está programando desde los vivaques por fuerzas agitadoras que tienen en la mira sacar provecho del desorden, como lo dijo el ministro del Interior.


Y es que la proximidad de la fecha en que se espera firmar el acuerdo de La Habana causa desazón en la extrema derecha, al punto de hacerla explotar y redoblar sus arengas, pronosticando catástrofes que no van a ocurrir. Porque los hechos políticos recientes en Venezuela con motivo de la muerte de Chávez, antes que dañar las relaciones recompuestas, las va a consolidar y esto significa que las Farc no tendrán refugio seguro allí. Si el presidente Maduro es como se dice un pupilo de Fidel Castro, bien sabido es que desde hace bastantes años éste ha manifestado su repudio por la terquedad del Secretariado, incapaz de dar fin a su fracasada revolución armada. Los vientos del desarme seguirán tomando fuerza y debemos estar preparados para atender el pos-conflicto que es un hecho cercano.


Uno de los puntos del preacuerdo que va camino de firmarse, garantiza la participación política de la guerrilla: congresistas, diputados, concejales, alcaldes, gobernadores. Es precisamente lo que va a discutirse a continuación del problema de la tierra que está concluyendo y debemos estar dispuestos a recibirlos sin replantearnos por fuera de la mesa las razones ya analizadas y resueltas.  La democracia se expresa en las urnas, lo dicen nuestras leyes y si fuésemos los colombianos los primeros en ensayar esta solución, lo pensaríamos dos veces.  Es parte del costo de la paz, de todas maneras infinitamente menor que el de la guerra, y refrendado además por el mundo civilizado.  Hacer de francotirador desde fuera, sin asumir las consecuencias, es cómoda posición que habría que mirarla a la luz de la patología. La monstruosidad que prefiere el exterminio del adversario es enfermedad por fortuna no contagiosa que padecen contadas personas.


Pregúntesele al ciudadano que pasa si prefiere la paz o la guerra y al instante recibirá la condigna respuesta. La política de tierra arrasada de pueblos bárbaros o gobernantes enfermos como Hitler ha sido condenada por la humanidad. La “solución final” decretada por el nazismo al pueblo judío ya fue juzgada y condenada sin reservas. No se entiende entonces cómo hay seres humanos que pretendan resucitar la monstruosidad de ese tipo de luchas y menos contra su propio pueblo. Si las Farc hablan hoy de paz y el gobierno quiere firmarla, a qué viene tratar de interferirla. Lo que las Fuerzas Armadas están haciendo mientras no haya un retiro de la mesa, es lo correcto. Al fuego con el fuego y cuando cesen los actos terroristas y se firme el acuerdo, enfundar las armas y celebrar el buen suceso.  Que el pos-conflicto no vaya a sorprendernos sin haber pensado cómo vamos a sortear esta segunda etapa de suyo difícil, no sea que pase lo del paramilitarismo convertido en una plaga inmanejable después de habérseles ofrecido el oro y el moro por entregar la décima parte de sus fusiles.


P.S.: 1. Aplausos para el alcalde Aníbal Gaviria por traer el Gaula a la ciudad. Es un tatequieto al crimen. Pero, ojo con la Avenida Primero de Mayo que está siendo invadida. Sálvela.


2. El Presidente haría bien en quitarse el sambenito de San Andrés. Quien la hizo, que la pague. Publique las actas de la Comisión de Relaciones Exteriores.  Decídase.


3. Nicolás Maduro es el “mejor nuevo amigo” de Santos. Ha jurado poner su empeño en conseguir la paz para Colombia al lado del Presidente.