Editorial

audeamus, habemus Papam!
15 de Marzo de 2013


Poderoso mensaje de unidad, renovaci髇 y apuesta definitiva por los humildes env韆 al mundo la Iglesia Cat髄ica con la elecci髇 del cardenal Jorge Mario Bergoglio como nuevo timonel de la Barca de Pedro.

 


Poderoso mensaje de unidad, renovación y apuesta definitiva por los humildes envía al mundo la Iglesia Católica con la elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como nuevo timonel de la Barca de Pedro en remplazo del muy querido Papa emérito, Benedicto XVI. La frase “¡Alegrémonos, tenemos Papa!”, nunca había sido tan literalmente cierta para los católicos de América Latina y el Caribe, el llamado “continente de la esperanza”, adalid de la nueva evangelización impulsada desde el gran Concilio Vaticano II y donde vive hoy cerca del 40 por ciento de los 1.200 millones de fieles en el mundo. 


El propio cardenal Bergoglio aludió con humor al hecho inédito de que el Papa electo sea de un continente distinto a Europa, de donde provinieron todos los pontífices, en su inmensa mayoría de Italia. Él mismo no es extraño a ese origen, pues es hijo de una pareja de modestos emigrantes italianos, Mario, un antiguo frenero del ferrocarril de Buenos Aires y Regina, ama de casa. En su primer mensaje ‘urbi et orbi’ desde el balcón de la basílica de San Pedro, poco después de que se produjera la anhelada fumarola blanca en lo alto de la Capilla Sixtina, saludó a la multitud, diciendo: “Queridos hermanos y hermanas... tal parece que los cardenales me vinieron a buscar al fin del mundo”. 


Arzobispo de Buenos Aires desde 1998 y erigido cardenal primado de la Argentina por Juan Pablo II desde el 2001, Bergoglio ha sido un miembro de bajo perfil del Colegio Cardenalicio, pese a pertenecer a órganos tan importantes de la Santa Sede, como las Congregaciones para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos; para el Clero; para los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica; y al Pontificio Consejo para la Familia y la Pontificia Comisión para América Latina. 


Vaticanistas, colaboradores cercanos y biógrafos coinciden en describir al nuevo Papa como una persona austera, conciliadora y reacia a la figuración mediática. Ese perfil se acopla perfectamente a su decisión de llamarse Francisco, a secas, al parecer -porque no lo ha dicho- para dar el mensaje de que la Iglesia debe renovarse teniendo como inspiradora la humildad, virtud llevada a su culmen por el Santo de Asís, quien inspiró un movimiento en la Edad Media contra la tendencia de la jerarquía católica a involucrarse en las pujas de poder de las monarquías europeas. 


Por otra parte, quienes esperaban un pontífice tolerante o liberalizante en materia de dogma debieron quedar defraudados. Empezando por los propios argentinos de la línea política en el poder, pues el cardenal Bergoglio fue crítico tenaz de la llamada “Ley de Matrimonio entre Personas del mismo sexo”, a la que no dudó en calificar de “movida del Diablo”. En el terreno dogmático la Iglesia jamás hará concesiones para alcanzar mayor audiencia ni para congraciarse con movimientos seculares que claramente atentan contra la organización y la estabilidad de la sociedad humana. Nos referimos concretamente a la protección de la vida desde su concepción y al afianzamiento de la familia como unidad básica del ordenamiento social. Es decir, que en temas como el aborto, la regulación artificial de la natalidad, el divorcio, el celibato sacerdotal o el acceso de la mujer al sacerdocio, con el papa Francisco la Iglesia seguirá firme en su ortodoxia, fiel al legado de Juan Pablo II y Benedicto XVI.  


Sin embargo, en materias no propiamente doctrinales, Francisco podría impulsar cambios interesantes al interior de la Iglesia y en su relación con los creyentes. Por ejemplo, según cuenta Sergio Rubín, uno de sus biógrafos, en artículo del diario Clarín, el año pasado, en una conferencia en la Pontificia Universidad Católica Argentina, el cardenal Bergoglio sorprendió a la audiencia con esta reprimenda a ciertos sacerdotes, a los que llamó “hipócritas y fariseos”, por negar el bautizo a hijos de madres solteras. Para el nuevo Papa, ese es un proceder “antievangélico y doctrinalmente desacertado”, que se contradice con la prédica católica contra el aborto, pues “muchas de esas mujeres tuvieron la valentía y el acto de amor de traer esos hijos al mundo y nosotros no podemos ser tan necios”. ¡Habemus Papam!