Columnistas

Los p韈aros m醩 doctorados
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
15 de Marzo de 2013


En el panorama global de las noticias recientes hay tres hechos que se refieren a defectos estructurales en los procesos educativos universitarios


En el panorama global de las noticias recientes hay tres hechos que se refieren a defectos estructurales en los procesos educativos universitarios; tocan específicamente a los segmentos “más educados” del mundo contemporáneo (“más”, nos dice el diccionario: adverbio comparativo que denota idea de exceso o superioridad) en las naciones “más desarrolladas”: Alemania y los Estados Unidos. Destacamos los tres hechos que nos darán pie a una breve consideración de carácter educativo.


1. El ministro de Defensa de Alemania renuncia; con pesar, la señora canciller Ángela Merkel acepta la salida del brillante funcionario. La Universidad de Bayreuth le retira el título de doctor en derecho por haber incurrido en plagio en su tesis doctoral.


2. La ministra de Educación e Investigación Científica de Alemania renuncia; también con pesar, la Sra. Merkel acepta la salida de esta otra funcionaria. Una universidad en Düsserldorf le retira el título de doctor por iguales razones, plagio.   


3. Se detecta un caso masivo de copia en un examen entre estudiantes de la Universidad de Harvard, en la materia “Introducción al Congreso”. Las autoridades académicas de la institución buscan modos y sanciones para enfrentar esta situación, pues algunos consideran que está en juego el prestigio del centro educativo, uno de los de “más” alto nivel del mundo: los que allí estudian sí suelen ser, en serio, los más educados. Se demuestra que 125 estudiantes de la materia señalada incurren en plagio.  Se levanta una breve polémica sobre el tema de la “integridad” como valor propuesto por ése centro educativo: tan rápido como se ha levantado la polémica se ha apagado, pues  poco más han dicho los medios con posterioridad a los titulares iniciales, que se referían al curso académico del 2012.


¿Qué sucede? Tal vez esto guarde relación con la aparente facilidad con que alguien trepa posiciones a partir de conseguir títulos universitarios, tanto en los pre-grados como en los niveles de magísteres y doctores. Es conocida la importancia que tienen los avances en escalafón, las   publicaciones técnicas, los productos intelectuales y las aplicaciones tecnológicas, denominadas por algunos ‘innovación’ aunque en muchas ocasiones -especialmente en países que no pueden competir en tecnologías de punta- no son sino repeticiones o aplicaciones concretas de desarrollos ya establecidos con anterioridad en otras latitudes.


En el fondo quizás estemos ante expresiones sintomáticas de la náusea a que conducen dos de los principios operativos que parecen estar al orden del día en la sociedad de inicios del siglo XXI: el principio maquiavélico de que el fin justifica los medios. Se obtienen méritos y avances académicos a como dé lugar, atropellando lo que sea, comenzando por el amor a la verdad que debería ser el espíritu y motor de la vida universitaria. En segundo lugar, el pragmatismo utilitarista (de origen anglicano en su concepción teórica) expresado en el dogma: lo bueno es lo útil. Puesto en marcha el fundamentalismo de la relativización de los valores, todo pareciera conducir al éxito de las carreras de quienes en el fondo no han sido sino los actuales -habilidosos y escurridizos- seguidores de la manía tramposa de los pícaros de siempre. Pícaro, nos dice el querido diccionario de la Academia: “tipo de persona descarada, traviesa, bufona y de mal vivir”. Hoy los seguimos teniendo, como en el siglo de oro español, pero doctorados, y entre los más educados.