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 Dios rogando y con el mazo dando!
Autor: Rafael Bravo
15 de Marzo de 2013


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Hay políticos que aceptan con decoro las derrotas. También aquellos que desafían la realidad pues siguen convencidos de un futuro inexistente. Para quienes padecen de mala memoria, vale la pena recordar que el dúo Mitt Romney-Paul Ryan fue la fórmula del partido republicano en las pasadas elecciones. Romney acaba de cumplir 66 años esta semana y disfruta sin prisa de los millones que pudo acumular como empresario e inversionista. Salvo el mea culpa expresado en una entrevista sobre su desafortunada afirmación según la cual el 47 % de los norteamericanos dependían de las ayudas estatales, lo que le costó la presidencia, poco se ha vuelto a saber de sus intenciones en el mundo político. Afortunadamente, la costumbre en los Estados Unidos es que quien sale derrotado en las elecciones para presidente pasa a uso de buen retiro.


Paul Ryan fue seleccionado como candidato a la vicepresidencia por su colectividad, como la joven figura que ha sido capaz de desafiar el statu quo imperante en Washington ante el riesgo que representa el creciente déficit fiscal. Al fin y al cabo es el presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes y fueron sus ideas y su proyecto de presupuesto la columna vertebral de la candidatura republicana. No cabe duda que el electorado se pronunció en contra del plan de gobierno presentado por la dupla Romney-Ryan. Pero eso no parece ser importante para alguien que tiene aspiraciones futuras.


El congresista Ryan, a nombre de su partido, ha puesto a consideración del Congreso un proyecto de presupuesto que pretende equilibrar las finanzas públicas en 10 años mediante un recorte drástico al gasto, desmontando la Ley de Salud y proponiendo una estructura impositiva en solo 2 categorías del 10 y 25 por ciento. A simple vista ello suena muy atractivo, si no fuera porque serían los más pobres, los ancianos y la clase media quienes recibirían con mayor impacto una guillotina implacable que caería sobre los hombros de los grupos más vulnerables, mientras se protegería a los de arriba. 


Ryan obstinadamente ha intentado aplicar, a través de su propia versión presupuestal, la misma medicina durante varios años, solo que esta vez los ahorros son ilusorios. Se olvida que el déficit, aunque sigue siendo inviable en el largo plazo, muestra una tendencia a la baja por los recortes acordados en el 2011 y que ascienden a 900 mil millones dólares. En diciembre pasado los republicanos aceptaron aumentar los impuestos a las familias con ingresos superiores a 450 mil dólares y lo más reciente fue el “secuestro”, consistente en recortes mandatorios a partir del 1º de marzo que se traducen en una reducción adicional por un monto de US$ 1.2 billones en la próxima década.


Esta novedosa visión de reingeniería social es posible gracias a que el faltante se elimina cortando la ayuda estatal a los pobres, los enfermos y a la población de la tercera edad. Estos últimos ya no tendrían garantizada la salud en el programa Medicare, sino que en adelante tendrían un monto fijo que no iría de la mano con la inflación. Ryan resuelve el problema de la inequidad de la misma forma que el bombero apaga el incendio arrojando gasolina.