Columnistas

Tiempos de ingeniería y de política
Autor: José Hilario López A.
13 de Marzo de 2013


Los tiempos de la ingeniería y de la política no coinciden cuando ésta última obedece a afanes electorales.


Los tiempos de la ingeniería y de la política  no  coinciden cuando ésta última obedece a afanes electorales. Y es que las obras de ingeniería exigen cumplir unas etapas de maduración, diseño, programación y ejecución que trascienden los mandatos de los gobernantes y, por tanto, no se acomodan a sus inmediatistas ambiciones.


Ante esta situación muchos mandatarios optan por proyectos fantasiosos o no realizables ni en el corto ni en el mediano plazo, pero sí útiles para posar de visionarios ante un electorado no muy familiarizado con la viabilidad y oportunidad de sus propuestas.


La reconstrucción del Ferrocarril de Antioquia, la explotación de los inexistentes carbones de Urabá, la orden de iniciar el Túnel de Oriente sin haber actualizado los estudios ambientales ni completado las investigaciones hidrogeológicas, los cambios en el diseño de la Doble Calzada a Las Palmas para ajustarlos a una obra inaugurable por una administración, son apenas ejemplos de nuestra tragicómica política regional.  Esto para no entrar en los sobrecostos de las concesiones viales contratadas por el desaparecido Instituto Nacional de Concesiones, que le cuestan al país 1,5 billones de pesos, en casos con reajustes hasta de 8 veces en su valor inicial, y ampliaciones de plazos que exceden en más del doble el término pactado para su ejecución.


El ferrocarril que a través de Antioquia conectaba los valles del Cauca y del Magdalena es una de las promesas que renace en cada campaña electoral.  Ese viejo tren, que permitió el desarrollo de nuestra región, desapareció cuando era ya impotente para competir con el transporte por carretera en los terrenos de montaña.  Hoy sólo se justifica la extensión de la red desde La Felisa hasta un centro de transferencia del modo carretero al férreo en Bolombolo, para un transporte en vagones del carbón de la cuenca del Sinifaná y de contenedores hasta y desde Buenaventura. Insistir en tener ferrocarril hasta Medellín es hacerle eco a uno de los repetidos estribillos de políticos en campaña electoral.


Las Autopistas de la Prosperidad requieren un serio debate para establecer prioridades en el tiempo, ya que como dice el sabio proverbio “lo mejor es enemigo de lo bueno”.  Pretender la construcción simultánea de los tres proyectos, así sea con un gran componente de inversión pública, es un craso desconocimiento de las bases que soportan las decisiones de los inversionistas en materia de rentabilidad. Es obvio que en una licitación las ofertas de los contratistas se concentrarán en el proyecto más rentable, dejando por fuera aquellas vías de poco tráfico y de mayor costo. Fórmulas como obligar a los futuros concesionarios triunfantes en un proyecto rentable a ejecutar además tramos en otros no rentables es una ilusión de la mayor ingenuidad, que me niego a creer pueda ser avalada por un serio estructurador de proyectos.


Nuestros gobernantes locales y la ciudadanía, inversionistas en este megaproyecto de las autopistas, deben ser conscientes de la oportunidad y viabilidad económica y financiera de cada de sus componentes y exigirle definiciones claras al Gobierno Nacional.