Columnistas

Rey peatón
Autor: Carlos Cadena Gaitán
11 de Marzo de 2013


Todos los días, en algún momento del día, usted usa el modo de transporte urbano más humano que existe: la caminata.


Todos los días, en algún momento del día, usted usa el modo de transporte urbano más humano que existe: la caminata.


Los viajes a pie han sido siempre la base de la movilidad humana.  Aún hoy, cuando equivocadamente seguimos pensando que el ‘desarrollo’ se refiere a ciudades atestadas de autopistas y rellenas de vehículos contaminantes, los peatones continuamos batallando por que se nos reconozca. Para muchos, esas batallas se han intensificado desde los años sesenta, gracias al libro de Jane Jacobs “La vida y muerte de las grandes ciudades americanas” (1961), donde se ataca frontalmente el modelo estadounidense de ciudades construidas para el carro, y se hacen críticas directas a personajes ‘intocables’, como Le Corbusier y Robert Moses.


Uno de los genios detrás del modelo Barcelona, Toni Puig, lo deja muy claro: “Las ciudades que no se pueden caminar no son ciudades, son campamentos para el consumo”. Y es que en efecto la manera como construimos nuestras ciudades, predetermina muchas de las actividades humanas que allí se desarrollan. Si cada barrio tiene un parque de calidad, con una combinación de áreas verdes y entretenimiento, si es fácil de acceder a pie, y seguro (de día y de noche), entonces terminaremos por ver mucha interacción humana positiva allí. Si por el contrario, los lugares de esparcimiento solo son accesibles en carro, y promueven el consumo masivo como fin último, entonces no es extraño ver grandes moles de centros comerciales en las afueras de las ciudades.


Recientemente me preguntaban si yo pensaba que Medellín es una ciudad amigable con los peatones; mi respuesta fue un no rotundo. Cada mes en Medellín mueren entre doce y quince peatones y más de 50 son heridos, la gran mayoría son mayores de 50 años. En el 2010, por ejemplo, murieron 174 peatones, que corresponden al 60 % del total de muertos en accidentes de tráfico para ese año. Aún así, muchos seguimos caminando y luchando por el peatón. De hecho, cada día, en el Valle de Aburrá, un 26 % de los viajes se hacen a pie, con una duración promedio de 33 minutos por viaje. ¿Se habría imaginado que eso todavía pasa en esta ciudad que parece arrodillarse ante el carro?


Como en muchas ciudades de Latinoamérica, nosotros también tuvimos un tiempo durante el cual ‘la cuadra’ era el centro fundamental de la vida urbana. Si no me cree, haga este simple ejercicio: pregúntele a su mamá sobre su forma de hacer mercado cuando tenía 25 años. Con toda seguridad, implicaba una combinación ganadora para cualquier ciudad humana: caminar, comprar productos frescos desde los productores locales, e interactuar con otros humanos.


Es urgente volver a coronar al peatón como el rey del espacio público en la ciudad. Para mí, sería muy innovador volver a elevar al caminante urbano al nivel de la figura urbana emblemática de la París del siglo XIX, su flâneur. Para empezar, quizá sería positivo empezar a ver a nuestros líderes políticos movilizándose a pie, en bicicleta, o en transporte colectivo hacia sus trabajos. Es que hay que aceptarlo, entender la movilidad de una ciudad desde el asiento trasero de una camioneta 4x4 es muy complicado.


Hace dos semanas vi que unos jóvenes, cansados del irrespeto de los conductores por el peatón, pintaron -con sus propias manos- un paso peatonal al frente de San Lucas Plaza. Curiosamente, en vez de una cebra ordinaria, pintaron una serie de caminantes, con su respectiva corona de rey. ¡Bien por esos jóvenes que en vez de sentarse a criticar, deciden actuar! No cabe duda que lograron recordarles a los que por allí pasan que el peatón también existe, que el peatón es usted; que el peatón debe ser el verdadero rey en cualquier ciudad innovadora.